lunes, 19 de diciembre de 2011

"Canción de Navidad", de Charles Dickens




Charles Dickens escribió esta obra en 1843.
Empapa el libro todo una ternura que lo convierte en algo más que una alegoría,
una lección de moral o una parábola,
 le da la tersura sencilla del cuento infantil.




Sólo una cosa puede salvar a esa caricatura tétrica del puritanismo,
del acumulador implacable y fanático,
a ese prototipo del avaro insensible que es Scrooge:
la vuelta a la niñez.
También él fue niño.




También él, como todos los seres humanos,
tiene en su interior un niño asustado,
que puede revivir gracias a los duendecillos de la Navidad.




El protagonista piensa que es sólo una máquina regida por las leyes mecánicas
y por los imperativos absolutos de la razón.
Pero los espíritus van derribando las murallas de la razón práctica.
Y lo hacen no sólo mostrando al propio Scrooge su destino final inevitable,
el futuro real del que no salva el oro,
la muerte, 
sino mostrándole también un presente inmediato
en que la vida sigue siendo niña.





Egoísmo...
que brota en los pantanos,
que crece cual matas de la selva.
Abre senderos en la piel antigua,
espía por la savia de los troncos
y vigila
con el recelo ardiente de una fiera.
Es sombra que ya vive en el ramaje...
La mirada que espera en la penumbra,
agita el corazón de la madera.
El anciano se oculta en la tiniebla,
dibuja con sus brazos la frontera.

Egoísmo...
implacable que brota en los instintos,
máscara gótica oculta en un cielo
que espera el vigor de la arboleda.

Una lección moral lo espera...
el niño vive en la cara del abuelo.

Luján 2011





Las almas buenas y sencillas cantan y ríen,
lloran y bailan,
comen y beben,
y se quieren despreocupadamente,
como las aves del cielo 
y las flores del campo,
en una ingenuidad gozosa y solidaria.




La perfección de Dickens no reside en la solidez práctica
de un aparato ideológico, 
sino en ese humor tierno, burlón y melancólico,
triste,  festivo y taciturno,
pero bondadoso siempre,
del que mana constante, inagotable...

LA LUZ DEL CORAZÓN.

martes, 15 de noviembre de 2011

"La ciudad de las damas", de Cristina de Pizán

de Cristina de Pizán




Dido


A este volumen se lo considera
uno de los primeros textos en reivindicación de las mujeres.
Fue escrito durante la Edad Media
por Cristina de Pizán,



María Magdalena


quien se propuso demostrar la falsedad de los juicios 
con que los hombres descalificaban al sexo opuesto.
Así, la autora construye una genealogía de damas
a las cuales toma como ejemplos de las virtudes femeninas:
Safo, Dido, María Magdalena, entre otras
y las reúne en una ciudad imaginaria poblada
de mujeres de méritos de todos los estados y condiciones.



Safo





Mujer...
que hablas con los ojos,
que ya existes en los otros,
tu fuerte debilidad
es vencida omnipotencia.

Lloras como niña endeble
y hablas con sabiduría,
tú renuncias a la espera
ante el frío de palabras.

Equilibrio de tus plantas,
madre de los animales,
tu gemela soledad
es albor de tus cantares.

¿Quién te enseñó
el camino de los poetas
cuando dormías pequeña 
en el ocaso de los alfabetos?

Te has quedado detenida
a la sombra de las huertas
con tiempo para rumores
de tus lágrimas inciertas.

Tu pluma de pergamino
destierra las injusticias
y entre tus rimas dormita...
todo el resto de la vida.

Trovadora misteriosa
inmersa por los recodos
del gran arte bien nacido...
ya buscas la salvación.

Eres arcángel con lirios,
humildad de las violetas,
la primavera con alas
abrazada de estribillos.

Mujer...
que sientes
que nada has logrado...
Lo dijo él:
¡Mujer,
amor personificado!.

Luján 2005



Poema Publicado en "Septiembre" de mi autoría.

viernes, 16 de septiembre de 2011

"Cien años de soledad", de Gabriel G. Márquez



Obra de Enrique Astrada

Gabriel García Márquez es el autor de la más celebrada novela hispanoamericana 
"Cien años de soledad".
que la crítica ha juzgado como
"Una de las novelas más hermosas dadas a conocer en lo que va del siglo
en lengua castellana".




Gabriel G. Márquez nació en el pueblito colombiano de Aracataca (1928).
Cerca de allí había un finca de bananos, llamada Macondo.
Estos lugares y la infancia pasada con sus abuelos ejercieron una
perdurable influencia sobre la imaginación infantil del artista.




Macondo.



Macondo es un lugar mágico que si bien se apoya en datos reales,
se transforma en ideal por la fantasía del autor.
La psicología de los personajes es en todos los casos profunda y excepcional:
fatalismo, locura, codicia, sexualidad extrema, obsesiones,
apariciones, furia destructiva, capricho, misticismo, arbitrariedad,
injusticia, incesto, crimen, virginidad, soledad, son características
determinantes de los personajes.
Cada uno de ellos es casi un ser mitológico que representa siempre
una virtud o vicio extremo de la humanidad.




Homenaje a Macondo
Obra de Oliverio Corrales.




Obra de Alexander Averin



 Todo este mundo de fantasías
 despertó en mí un sinfin de sensaciones insospechadas.
Mi mundo interior se convirtió en un paraíso de sueños.
Mi realidad fueron estas secuencias
y me sentí tan dichosa hasta no necesitar más nada.
Me alegré con la sabiduría de sus páginas viviendo esos sueños,
siendo feliz y llorando al mismo tiempo.
A través de este Universo de palabras
pude ponerle alas a mi pasión,
aquella de crear  historias parecidas
sintiendo el mismo amor y la misma devoción
de quien puso su mano para escribir 
esta maravillosa y única novela.

Luján 1987.



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Recuerda... no depende la venta de la calidad de tu obra. No escribas pensando en la ganancia. El verdadero Arte nunca fue apreciado en su propia época.