jueves, 23 de febrero de 2012

"Donde el corazón te lleve", de Susanna Tamaro



Al deambular en la soledad de su casa,
mientras afuera arrecia el viento
y el otoño apaga los colores del jardín,
una anciana,
impulsada por la certeza de no tener
mucho tiempo de vida,
decide escribir una larga carta
a su joven nieta lejana.
A su modo, es una carta de amor,
una tentativa de recomponer una relación desgarrada
por las incomprensiones e impaciencias.


Tras una vida de silencio, la abuela toma la pluma y el papel
y realiza un gesto valiente: abre su corazón.
Y de todos los acontecimientos de su vida:
una infancia regida por la hipocresía y las apariencias,
el matrimonio con un hombre tedioso y previsible,
su único y efímero amor verdadero, 
la relación conflictiva con su hija
de cuya muerte trágica 
se siente responsable, 
no esconde nada,
aún a costa de ser dura y despiadada,
sobre todo consigo misma.


Hablar abiertamente de los sentimientos devuelve a las cosas
su verdadero nombre. 
Sin falsa moralidad, 
esta mujer que ha visto pasar ante sí casi un siglo de historia,
que ha presenciado un vuelco total en las costumbres y valores,
quiere recordar a su nieta
que no hay peores enemigos que los escondidos en el propio corazón.


Y que el único viaje
que merece realizarse es hacia el centro
de nosotros mismos,
en busca de aquella voz primordial
que cada uno custodia en la profundidad de su ser.


Susanna Tamaro nació en Trieste, Italia,
en 1957.
Este libro ha sido traducido a 15 idiomas
y ha sido objeto de una versión cinematográfica
interpretada por Virna Lisi y dirigida por Cristina Comencini.

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA SOLEDAD ES UN ESPEJO

-

La soledad es un espejo
que te mira con tus ojos;
tomó tu rostro
su cuerpo de fantasma.
Por todas partes tú,
siempre tú, sin espalda,
en los mil espejos
de su carcajada.
Inútil gritar
en su trampa de silencio,
prisión invisible
de cosas reflejadas.
Toma tu voz
su voz metálica,
los pensamientos, las palabras,
y se aleja con tu cuerpo
dejando en el espejo tu fantasma.

Alejandro Roemmers


miércoles, 1 de febrero de 2012

SOLUCIÓN

-

Le hizo notar que estaba gorda. Enfurecida tomó una botella, vio el temor reflejado en el otro. Nada le importó. Un primer golpe, luego un segundo y muchos más. Pateó las astillas y escupió satisfecha sobre los restos del espejo que acababa de destrozar.

Gabriel Keilis.


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Recuerda... no depende la venta de la calidad de tu obra. No escribas pensando en la ganancia. El verdadero Arte nunca fue apreciado en su propia época.