domingo, 23 de septiembre de 2012

La casa de Cristóbal Colón



EL PUERTO DE LOS SUEÑOS


Hay que atreverse a recorrer los mares, surcar los cielos,
atravesar las tierras más allá de la tinta y el papel.
Hay que tener coraje y osadía y, lo más importante,
hay que tener un sueño.
Eso es lo que querían las maestras
que sus alumnos aprendieran cuando les contaban
que hubo un marino que convenció a su reina
para que le costeara un viaje que revelara su verdad:
que si se partía de un punto
y se navegaba siempre en dirección Occidente
se llegaría a Oriente.


Ese marino se llamó Colón y nació en Génova,
en una casa humilde,
en una familia más humilde aún,
y así y todo llegó hasta los pies del trono
y pudo dar vueltas a un huevo
que por un instante fue un mundo y una revelación y la gran aventura.
De pie frente a la pequeña casa en ruinas
que presume de ser el lugar donde nació el gran navegante,
aunque nadie puede acreditarlo a ciencia cierta,
es inevitable sentir la excitación de la aventura.


Está en  la plaza Dante Alighieri, con las banderas de Italia y de Génova,
con la cruz de San Jorge roja y blanca,
flameando orgullosas en el frente.

Cuenta la leyenda que ese pequeño edificio de paredes descascaradas
y de ladrillos desnudos Colón vivió allí de niño junto a su padre.
Sin embargo,
la verdad es que la construcción original fue derrumbada
después de sufrir daños durante los bombardeos franceses en 1684
y lo que hoy se visita es un remedo levantado en el siglo XVIII.


La silueta del barco
que evoca las historias de corsarios que alimentaron la imaginación
de generaciones,
no deja que se olvide cómo y por qué Génova
se convirtió en lo que es hoy, una leyenda de
artistas, locos y soñadores.
También de viejos lobos de mar,
como Colón,
que seguramente tantas veces miró el horizonte
de ese mismo muelle,
con la esperanza de alguna vez probarles al mundo
y a sí mismo que no estaba equivocado.
Y lo hizo.

Ricardo Luque

Réplica de las tres Carabelas

Cristóbal Colón

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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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