lunes, 10 de septiembre de 2012

Té con el maestro



El 11 de septiembre
se celebra en Argentina
el día del maestro,
por eso hoy vamos a tomar el té con todos los maestros.


La tacita y la tetera son de Johnson Bros
Rose Chinz England 1883.


Las flores del centro
se llaman "lágrimas de la virgen"
(Allassa blanca)


Me encantan las teteras rosadas
con flores 
y ésta se parece mucho a la del casamiento de mi madre.


No puedo dejar de recordar 
el antiguo té de la tarde de mi familia,
 acostumbraban beberlo a las 17 horas
acompañado de masitas dulces.
Es una costumbre que aún conservo.


El día del maestro es una festividad en la que se recuerda
a los maestros, catedráticos y profesores.


En el caso de América 
La Conferencia Interamericana de Educación
(Panamá, 1943)
recomendó celebrar el Día Panamericano del Maestro
el 11 de septiembre
(fallecimiento del educador y presidente argentino,
Domingo Faustino Sarmiento)



Por ello este té lo vamos a acompañar con un mate.
La yerbera es muy antigua
del año 1900,
perteneció a mi bisabuela Melanie.


El mate es una infusión preparada con hojas de yerba mate,
planta originaria de las cuencas del río Paraná, Paraguay
y el curso superior del Uruguay. 
Estas plantas secadas, cortadas y molidas forman la yerba mate,
la cual tiene sabor amargo debido a los taninos de las hojas.


Por eso hay quien le pone azúcar, miel o edulcorantes.

El mate era consumido desde la época precolombina entre los pueblos originarios
guaraníes y por influencia lo hacían también los grupos
que realizaban su comercio con los guaraníes,
como los querandíes, lo pampas antiguos,
los tobas, etc.

Fue adoptado por los colonizadores españoles y quedó como parte
del acervo cultural en Argentina, Paraguay y Uruguay,
pero también en el sur de Brasil,
en la Patagonia Chilena, y en el sur de Chile.



Este poema está dedicado a mi primera maestra
que fue mi madre,
quien me enseñó a escribir, a leer...
mi segunda maestra se llamó Delia


a Nydia

Me enseñaste las primeras letras,
me vestiste de encajes,
muñeca de seda.
Labraste las horas
en tu nido de invierno,
con tus tejidos de noche
me miraste el cuaderno.
Aprendí a leer despacio...
Tus códigos
fueron mi senda de vida;
con ejemplos 
educaste mis alas
volando de tu mano querida.
Siempre
cuidaste de mí como niña pequeña,
aun cuando la niña eras tú
angustiada y desierta.
Me enseñaste a amar
la vida, mi vida...
con azul de poema
y lluvia en los techos
derramando una estrella.

Luján 2011


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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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