martes, 15 de abril de 2014

"Una dama en París"


El amor que nunca envejece


No hay duda que "Una dama en París" es una película de amor. Amor con mayúsculas. Aunque en todo el film de Raag haya sólo un beso entre esa mujer enamorada y ese hombre, que tiene la categoría de ex-amante. Claro la dama en cuestión es nada menos que Frida (Jéanne Moreau) y el señor es Stephane (Patrick Pineau).



Ella, una octogenaria algo desprejuiciada para la época; él, un cincuentón agradecido. Y la tercera en discordia, que también puede ser la dama del título, es Anne ( Laine Magi, impecable). Entre los tres también hay una química de amor y odio, que atraviesa la historia y la hace más atrapante, simplemente por lo sutil de ese cruce.

Anne y Frida tienen en común su procedencia, y es que ambas son estonianas. Por ese motivo Stephane le pedirá a Anne que viaje desde Estonia hacia París para cuidar a Frida. Y le advierte: "Ella dice lo que piensa, no se deje intimidar".

En el primer encuentro se sacan chispas, Frida la desprecia, la denigra. Y Anne dudará entre irse a su casa, a compartir lo poco que le dan sus hijos y afrontar los recuerdos de su madre fallecida, o quedarse ahí, en la belleza parisina, y afrontar otra nueva realidad.

El director quiso hablar de amor, pero también de sexo,
de deseo, de que la vejez no tiene por qué ponerle arrugas a los sentimientos,
y hasta de la inmigración en Francia.

Y eso lo demuestra desde el derrotero de tres personajes
que tienen otro común denominador:
la soledad.



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Recuerda... no depende la venta de la calidad de tu obra. No escribas pensando en la ganancia. El verdadero Arte nunca fue apreciado en su propia época.

En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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