lunes, 24 de agosto de 2015

Un té de novela




Hoy para recrear el té de los martes traje un fragmento de mi novela publicada
"El silencioso grito de Manuela"
como una manera de recordar mis 15 años
de Taller de Literatura,
cuando nos reuníamos a hablar de los grandes escritores y maestros:
Jorge L. Borges, Cortázar, García Márquez...
Gracias Susana (profesora y amiga)
por  los lindos momentos que pasamos y por todo lo que nos enseñaste.
Fue la época más feliz de mi vida.





I




En la comunidad autónoma de Aragón, al norte de España, junto a los Pirineos, en la provincia de Huesca, se hallaba Barbastro, la capital de la comarca de Somontano, en una ciudad que guardaba tesoros en medio de las montañas. Cada calle pedregosa mostraba la tortuosa vida de los habitantes, entre anticuarios y artistas, que estaban dispuestos a fingir y a esconder sus retorcidas ideas.

En la iglesia de San Francisco, templo original del siglo XVI, se casaron en el año 1960, Manuela y Julián Costa Río en una ceremonia sobria y sin la presencia de demasiados familiares porque a ella no le interesaban los escenarios ni el glamour de los atuendos y menos la hipocresía que demostraban algunos que decían ser sus amigos. Podían concurrir a la boda viñadores, vendedores de madera, toneleros, posaderos y gente de alta sociedad; Manuela no los veía porque su preocupación no eran los intereses terrenales.

El edificio reproducía los portales propios de su folclore en los muros utilizando ladrillos rojos y en las galerías arquillos de medio punto que culminaban con un vértice o esquina original de la arquitectura histórica. Era una visión especial de siglos marcados por el genio y la sabiduría de grandes cultores del arte. La luz llegaba a una especie de antro donde los novios se entregaban a la gloria del campanario.

Manuela era una mujer sumisa y agradable, demasiado dadivosa y consagrada a los rezos como resultado de su estructurada educación religiosa. Julián se dedicaba al comercio de automóviles en un negocio que tenía ubicado frente al palacio de Argensola. Él era ambicioso y le gustaba demostrar más de lo que poseía pero puertas adentro porque envolvía con un velo su casa de picaporte herrumbrado para ocultar sus finos muebles, los trajes caros que nunca usaba y las joyas que le regalaba a Manuela. Ella no sabía ni quería lucirlas pero las admiraba acariciándolas dentro de la caja de música de su madre. Daba la imagen de una mujer poco elegante y tímida ocupada en reparar sus medias y remendar el guardarropa.

Los esposos eligieron la Costa del Sol para ir de luna de miel por sus características mediterráneas. La región se dividía en dos sectores: el occidental, desde Málaga hasta Estepona y el oriental, que se hallaba entre Málaga y Nerja. Existían kilómetros de playas y de vegetación exótica cerca de puerto Banús, de Marbella, de la Benlamádena o Torremolinos.

Justamente en ese año la Costa del Sol se había transformado en zona turística, con los mejores campos de golf de toda España.
Manuela y Julián recorrieron los “Pueblos Blancos” que se asentaban en las montañas o sobre las colinas con su típica arquitectura morisca.


Continuará
Hasta mañana




Feliz té de los martes para todos!!!



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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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