martes, 15 de diciembre de 2015

Papisa Juana






El Papa León IV la tomó como secretaria
y al morir
ésta se hizo nombrar su seguidora.
Tuvo dos embarazos y murió apedreada.



Es bueno recordar que las mujeres no pueden alcanzar el papado, sin embargo, una leyenda habla de la existencia de la papisa Juana. El período de su papado corresponde a Benedicto III, aunque no se puede precisar con exactitud.

Ella siempre apareció como leyenda, aunque se afirma que Juana nació en el 822 en Ingelheim (Alemania). La pequeña creció en un clima religioso; algunos historiadores dicen que su padre era un monje llegado del país de los Anglos (actual Inglaterra) para evangelizar a los sajones (pueblo germánico).

A Juana se le permitió estudiar, condición que las mujeres tenían prohibida en esos años. Y la única posibilidad segura que había era la carrera eclesiástica. Por eso ingresó como copista bajo el nombre de Johannes Anglicus. Ese ingreso le permitió (siempre escondiendo su sexo) viajar de monasterio en monasterio y contactarse con gente importante.

En 848 obtuvo un puesto docente en Roma. Allí continuó escondiendo su condición y fue bien recibida por la Curia. Debido a su cultura fue presentada al Papa León IV quien la tomó como secretaria. Sin embargo, a pesar de su encubierta mutación de identidad, continuó siendo y sintiendo como mujer debajo de los hábitos. Comenzó una relación clandestina con el embajador Lamberto de Sajonia y quedó embarazada dos años después de asumir el papado. Durante una procesión tuvo contracciones y dio a luz frente a una muchedumbre sorprendida e indignada que la atacó hasta dejarla morir. Eso según la versión de Jean de Mailly, domínico del convento de Metz.

Mailly asegura que Juana no figura en el listado de Papas dado que fue una mujer disfrazada que por inteligencia y conocimientos llegó a ser secretaria de la Curia, cardenal y por último Papa.

Lo cierto, es que desde que Mailly escribiera su primer artículo, la anécdota se expandió durante la Edad Media y fue reescrita por varios cronistas. La Iglesia, en un principio, consintió la historia. Más tarde, la atribuyó a necesidades legales para destituir al Papa y hasta los luteranos aseveraron que Juana era la encarnación de la prostituta de Babilonia que aparecía en el Apocalipsis.



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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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