miércoles, 10 de febrero de 2016

Gabriela Mistral (1889-1957)



Por Pablo Neruda



Por ese tiempo llegó a Temuco
una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo.
Era la  nueva directora del liceo de niñas.
Venía de nuestra ciudad austral,
de las nieves de Magallanes.
Se llamaba Gabriela Mistral.

(Isla Negra, casa de Neruda en Chile)



Yo la miraba pasar por las calles de mi pueblo con sus ropones talares
y le tenía miedo.
Pero, cuando me llevaron a visitarla la encontré buenamoza.
En su rostro tostado en que la sangre india
predominaba como un bello cántaro araucano,
sus dientes blanquísimos 
se mostraban en una sonrisa plena y generosa
que iluminaba la habitación.


Yo era demasiado joven para ser su amigo
y demasiado tímido y ensimismado.
La vi muy pocas veces.
Lo bastante para que cada vez saliera 
con algunos libros que me regalaba.
Eran siempre novelas rusas
que ella consideraba como lo más extraordinario
de la literatura mundial.
Puedo decir que Gabriela me embarcó
en una serie y terrible visión de los novelistas rusos
y que Tolstoi. Dostoievski, Chejov...
entraron en mi profunda predilección.
Siguen acompañándome.


Se llamaba Gabriela Mistral.

***

Texto extraído de la revista "Proa"
fundada en 1922 por Jorge L. Borges,
Norah Borges, Macedonio Fernández, entre otros.

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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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