domingo, 27 de marzo de 2016

"El beso", de Gustav Klimt





"El beso"´
de 1908, óleo sobre tela. 
Galería Belvedere, Viena.



Se cree que los representados en el cuadro son el propio Klimt y su amante Emilie Flöge.

La pareja fundida en el abrazo parece flotar sobre un mar de vegetación. Expresan su amor dentro de un marco natural tan puro como alejado de la realidad.

Este beso inquietante puede tener distintas interpretaciones y tratarse tanto de un amor idealizado, en el cual la mujer se rinde a la pasión, como de un amor que peligra, por la posición de la mujer, que parece estar al borde de un abismo.

El beso parece eterno por la expresión de la mujer con los ojos cerrados, viviendo intensamente el momento. El contacto entre los amantes puede referirse a la unión mística entre el amor espiritual y el amor erótico.

El prado sobre el que se posan (el hombre de pie, la mujer arrodillada) está repleto de pequeñas flores y se interrumpe en la imagen de forma brusca.

Klimt trata el cuerpo masculino con colores fríos y formas octogonales, mientras que el cuerpo femenino está trabajado con colores cálidos y con ritmos espiralados. Se destaca la voluptuosidad decorativa.

El fondo dorado sobre el que se destaca la figura de los amantes sugiere una atmósfera irreal y misteriosa; un espacio indefinido que podría significar la fusión del individuo con el cosmos.

El ceñido vestido de la mujer deja ver las piernas, los hombros y los brazos; el manto que cubre al hombre remarca la anchura de su cuerpo y su actitud dominante.

El lujo y la suntuosidad del color dorado se relacionan íntimamente con la temática del cuadro. Klimt utilizó panes de oro para su confección inspirado en los íconos bizantinos.


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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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