domingo, 6 de marzo de 2016

La leyenda de Rufina Cambaceres (1883-1902)





"Ahora Rufina es un lamento áspero, prolongado, rechinante, un gemido creciente que desemboca por fin, como si naciera, en un alucinado grito humano. Los ojos se abren en una oscuridad sin estrellas que nada tiene en común con las noches pampeanas. Rufina despierta, Bella Durmiente, en un mundo equivocado, Blancanieves sin suerte. Golpea con los puños un techo increíblemente cercano. Le falta el aire, como le ha faltado a su padre en sus años de viaje y agonía, pero quizá, sobre todo, en Buenos Aires. Se ahoga y cada grito le resta un poco más de oxígeno en esa caja que se le ajusta al cuerpo casi tanto como su vestido. Inspira por última vez, con un silbido que ya es un estertor, igual que a los cuatro años, cuando el crup le cerraba los caminos finísimos de la respiración y de la vida. La cabeza cae sobre la almohadilla del ataúd, se hunde, irremediable, en su marco de encajes.

Al día siguiente, las señoras del Tout de Buenos Aires se dirán al oído en los salones que Rufina Cambaceres ha muerto enterrada viva, víctima de un ataque de catalepsia. 

Ninguna a visto a Eugenio que se lleva a su hija sobre la sombra de un caballo zaino, dormida contra su pecho extrañamente suave, que tiene puesta la armadura de sir Galahad."

Del libro "Historias ocultas en la Recoleta" de María R. Lojo



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En la vida lo importante es sentirnos abrigados

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