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Retratos Literarios: José Rodríguez




José tras el olfato de sus perros cimarrones era un campesino expuesto a las plagas de langosta; parecía tener un color diferente en su rostro y se confundía, de a ratos, con actitudes primitivas. Recorría los galpones y se recostaba en algún colchón de chala mientras miraba el vacío como si la vida fuera una mujer que no le daba alegría ni pena.

En tiempos de sequía, se martirizaba observando la tierra y los cielos con desesperación; reclamaba lo que era suyo y parecía que no le importaba otra cosa. Le pesaba la sangre de los colonos en el cuerpo, esa masa de huesos magullada por las cruces de Manuela, la rigidez de sus ambiciosos padres y el amor por Letizia que parecía olvidado por los hielos de la escarcha.


José no pensaba en la soledad y observaba el crepúsculo ambarino sólo para saber el color de sus espigas, la virginidad de las plantas y ver la hojarasca en los terrenos áridos. Nunca se quebraba porque su sangre parecía helada entre las venas, pero lo cierto era que él eternizaba el amor de Letizia; no lo custodiaba ni lo desamparaba solamente lo sumergía en un mutismo de lejana cercanía. Necesitaba de esas alas para aislarse en busca de su yo, aprender de sus raíces y dormirse en la paz de ese linaje en el cual, tal vez, no existían ni Letizia ni sus hijas.
El desamparo del labrador no lo asfixiaba. ¿La vida era tan sólo eso? José era un militante de las apariencias como su suegro Julián; necesitaba dinero para ser feliz y pensaba que los billetes mantenían fieles a las esposas.
“Cuando las mujeres exigen dinero a cambio es porque ya han dejado de amar”.


José inmerso en los cuatro vientos de la llanura aborrascada no prestaba atención a las cuestiones del espíritu porque la quietud lo adormecía bajo el alero colonial de la casa de sus padres. Él era inmaduro igual que Manuela y ya no tenía capacidad de asombro porque la rutina no le dejaba ver lo que en realidad tenía valor. Infranqueable para demostrar afecto creía ser justiciero y sacrificado porque cuando volvía a la casona se mostraba sufrido; era una persona sin opciones, un fugitivo en quien nadie podía depositar sus anhelos, miedos o desdichas porque él estaba necesitando abrazos.

--------------De "El silencioso Grito de Manuela"

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Nota para programa de tv local

Algunas de las imágenes de una nota que me hicieron para la TV local. Gracias Claudio Paez por convocarme. Me alegra haber podido hablar de mis libros y dar a conocer la novela El silencioso grito de Manuela en mi ciudad.
El video es muy extenso, es por eso que copié estas imágenes. Además no me gusta verme jaja. Es un defecto que tengo. Igual no quería dejar de mostrarles porque fue muy lindo hacer la nota. Hace tiempo me habían convocado pero para la radio cuando publiqué mi libro de poemas "Amor Verdadero" (2000).

Libros eternos

Muy pronto por EDITORIAL DUNKEN de Buenos Aires, estoy muy ilusionada.

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Yo soy asidua defensora de los libros en papel porque perduran con el tiempo, porque quedan en las bibliotecas de generaciones esperando ser compartidos, porque enriquecen la cultura de los que vendrán...
Compren libros eternos porque nos dejan sueños. De niña los adoraba, más que los juguetes.
Se los digo de corazón... No porque quiera ganar dinero. No tengo regalías por las ventas. De verdad. Es por otra causa, mucho más importante. Es por vocación y permanencia.
Muchos besos.

Mi refugio

Mi refugio, el escritorio, donde habitan las palabras que sanan... Los gatos, la ventana hacia la libertad, escuchar el trino de los pájaros y sentir el latido del amor durmiendo entre los muros, en cada pétalo, en el ronroneo de la lluvia...
Se puede volver de la tristeza a habitar la casa?
Es temprano para recoger cenizas aunque siento huecos insondables y grises que rezan bajo mi piel que grita, que pide ayuda, que todavía cree...
Mañana volveré a mirarme en las estrellas para saber si estoy viva.


Luján Fraix-2015
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