martes, 31 de octubre de 2017

Libros eternos




Muy pronto por EDITORIAL DUNKEN de Buenos Aires, estoy muy ilusionada.

Por ahora en AUTORES EDITORES-- en papel desde cualquier país.
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y en Amazon en formato e-book.




Yo soy asidua defensora de los libros en papel porque perduran con el tiempo, porque quedan en las bibliotecas de generaciones esperando ser compartidos, porque enriquecen la cultura de los que vendrán...

Compren libros eternos porque nos dejan sueños. De niña los adoraba, más que los juguetes.

Se los digo de corazón... No porque quiera ganar dinero. No tengo regalías por las ventas. De verdad. Es por otra causa, mucho más importante. Es por vocación y permanencia.

Muchos besos.

Querida Rosaura (Cap I, 3era parte)


Magdalena era rebelde y no aceptaba la pobreza; quería progresar, arreglar la casa que estaba descolorida, colocar unas cañerías nuevas y comprar algún auto. En el patio trasero donde el tío Agustín tocaba el acordeón, Magdalena criaba gallinas y luego vendía los huevos en el pueblo. El dinero lo colocaba en un frasco de vidrio y lo enterraba en el piso de tierra del galpón de las herramientas, justo debajo de un carro de lechero. Ella tenía miedo que llegaran los ladrones a robarle el fruto de su sacrificio, ese pequeño aporte que no alcanzaba para nada porque no había tregua para el consumo diario. Había que remontar hasta la cima todos los días, sin parpadear, con el deseo de regresar del desengaño para hermanarse con el mundo.

Magdalena veía cómo vivían sus hermanas en San Jerónimo Sud. A la residencia llegaba el doctor Horacio Santos a atender a la mamá Isabel que era muy frágil de salud; ellas se peleaban para recibirlo y lo acosaban con el anhelo vehemente de lograr su cariño. Él era demasiado perspicaz y suponía de antemano esos argumentos que le causaban gracia. No imaginaba rendirse ante los requerimientos amorosos de esas mujeres un tanto absurdas en el manejo de los sentimientos. Emancipadas y triunfantes parecían cobardes frente a la anacrónica prisa de quien las ignoraba y dejaba su modorra en esos patios y bajo el verde parral.

¿Por qué ellas viciaban con razonamientos fatuos las emociones y el amor?. Nadie entendía el porqué de esa conducta que las precipitaba a un retiro obligado. ¡Es que eran tan especiales!. Sagaces, calculadoras, ambiciosas y bonitas…, pero nada de eso alcanzaba para lograr la felicidad que las hermanas no tenían a pesar de los esfuerzos y el dinero. No sabían recorrer el camino del amor con sus etapas y sus pasos envejecidos por la sabiduría. El loco inventor de sueños le ocultaba el éxtasis que se consumía en el rubor de las candelas.
La gente de la población las conocía y ningún hombre se atrevía a acercarse a hablarles porque, seguramente, sería desestimado con un epíteto grotesco. Sólo tenían que presentar un renombre profesional: abogado, médico, arquitecto…



Para el bautismo de Rosaura eligieron a Isabel, hermana de Magdalena y muy diferente a todas. Ella era suave, dócil y cariñosa. Amaba a la niña como si fuera su propia hija; tenía deseos de protegerla porque, a pesar de ser un bebé, sentía que Rosaura se hallaba a la intemperie como si fuera huérfana. Es que Isabel veía a Magdalena fría y a Juan muy distante, eso le daba temor y, a veces, tenía la sensación de que debía suspender su matrimonio. Las manitas tibias alborotaban su sangre con besos cautivos que pedían asilo. El desgarro tenía la aspereza del llanto que se internaba en los cimientos de la casa, en las chapas de zinc de su techo, entre los gorriones y la lana de las ovejas.

José, su novio, era comerciante y vivía en Marcos Juárez (Córdoba). Isabel tendría que alejarse, después de su boda, a esa ciudad para empezar una nueva vida. Su futuro esposo era un humilde vendedor de almacén que no ganaba dinero pero que sentía mucho amor por Isabel a pesar de que José Shalli, su suegro, no lo aceptaba:

-¡Otro pobre en la familia!. ¡Qué destino!. Para eso las eduqué con tanto sacrificio. Si sabía me quedaba en Italia.

lunes, 30 de octubre de 2017

Querida Rosaura (Cap I, 2da parte)



En la humilde casa recibían a todos los familiares sin distinción de clases sociales; Magdalena y Juan eran sociables y repartían sus horas entre juegos de naipes, reclamos de trabajo, noches con velas encendidas frente a un campo inhóspito y santo. Lo raro era que, por decisión de Magdalena, no aceptaban visitas de extraños por temor a ser discriminados. La pobreza dibujaba sus trazos entre los goces del silencio.

El tiempo solía ser cruel frente a las necesidades de cada uno porque nadie les regalaba nada; luchaban frente a enemigos que hablaban idiomas diferentes: la sequía, los gobiernos, la ignorancia, la facilidad para mentir, el menosprecio… La pampa parecía cubrirse con un tapete funerario que se extendía hacia el poniente sepultado por el hollín de los fogones.

Magdalena tenía varias hermanas que residían en un pueblo pequeño llamado San Jerónimo Sud. Ellas vivían en una casona con los padres Isabel San Piero y José Shalli, quienes habían venido de Italia con la finalidad de encontrar refugio y trabajo. En la Argentina habían logrado más de lo que esperaban: fortuna, un apellido ilustre, la manera de ocupar un lugar en una sociedad difícil con pocas oportunidades y muchos obstáculos. En esa casa vetusta destilaban el vino de la alegría turbados por la ambición, la opulencia y el sabor amargo de la abundancia.

José era un dictador, deux ex machina, de allí venía el genio de sus hijas; las facciones duras lo convertían en un caballero de temer, muy inteligente para los negocios pero demasiado soberbio con las personas del lugar. Con su esposa Isabel hablaban en italiano todo el tiempo, en especial cuando se enojaban entonces nadie entendía nada.
-¡Pietá!-gritaba Isabel cansada de los autoritarios modales de su esposo.

Ella tenía sesenta años pero parecía de noventa; su cara estaba delineada por surcos y contornos. Los vestidos largos con botones en la delantera le daban el aspecto de una anciana sin retorno, con las cenizas de los años sobre su cabeza, sin esperanzas ni metas. Como si todo lo que hubiera deseado en la vida lo hubiera logrado. Sólo comía y dormía como los animales que igual son felices, porque vivía a contramano tratando de hacer escalas entre los diminutos duendes que habitaban en sus espejos.



Rosaura cubierta de encajes traídos de Florencia, agitaba sus piernitas que quedaban suspendidas en el aire. Entre los marcos ovales de los retratos había un acuerdo modelado por algún alfarero alucinado. La habitación era humilde pintada con cal, el piso de madera y las ventanas con postigones que se abrían al exterior y dejaban traspasar pequeños fragmentos de sol. El tío Agustín tocaba el acordeón en el patio trasero con el traje viejo y el olor a humo de los motores de las cosechadoras.

Magdalena, la mamá, era arbitraria como su padre; siempre daba órdenes. En ocasiones y ante posibles enemigos que se acercaban a la granja, Magdalena salía a la intemperie con una escopeta y tiraba tiros al aire para que los ladrones huyeran del distrito. Era brava igual que sus hermanas porque sabía que en épocas de hostilidades había que defenderse sola y hacer justicia por mano propia.
-¡Ellos o nosotros!-solía decir cuando Juan, su marido, la miraba como quien ve a un insano que no sabe qué camino tomar y elige el menos indicado.
-¡Miedoso, hombre tenía que ser!.
Juan Waner era una persona sumisa, un alemán de pocas palabras, que no intervenía en los asuntos cotidianos. Iba al campo en tiempos de cosechas y criaba la hacienda que era la suficiente como para vivir con dignidad. Sabía muy bien cómo retener las horas que se quedaban suspendidas cuando se sentaba en su silla a mirar el horizonte con un mortero de palo en las manos.  Nadie podía imaginar qué pensaba por esos años porque era muy introvertido; una persona resignada a una vida prestada, sin ambiciones ni egoísmos. Juan era bueno hasta la médula e incapaz de ofender o de preocupar a alguien de su familia, pero también era tan solitario que irritaba a Magdalena. Ella, en cambio, gritaba para ahuyentar la presencia desnuda de las penas que alborotaban los calderos, en las vertientes, frente al susurro germinal de las siestas.

-¡Es que si no te quejas parece que no te importa!.
-Mujer, no rezongues por lo que no tiene solución. No llueve… Ya sabes la naturaleza manda, si el gobierno no ayuda a los campesinos nada se puede hacer…
-Te resignas tan fácil.
-Ésta es nuestra vida y hay que aceptarla porque te lleva sola.


domingo, 29 de octubre de 2017

Querida Rosaura (Cap I, 1era parte)






Tal vez, hubiera querido no haber nacido. Nunca lo dijo, pero sufrió tanto en la vida que ese itinerario hacia un paraíso no deseado pudo haber sido un alud de turbulencias frente a un sórdido calvario.  Desde la niñez hasta su muerte, con la que peleó a brazo partido sin treguas, a la que le habló como una amiga y también como una enemiga, fue siempre pasional, emotiva, sentimental, conmovedora… Ella dejó un vacío insostenible, una presencia que mira con sus ojos verdes las almas que abandonó de este lado del camino, sin querer, obligada por un Dios al que tanto amaba.



Transcurría el año 1923 en Argentina con la presidencia de Marcelo T. de Alvear, quien continuó con la política de su predecesor Hipólito Irigoyen. Los chacareros formaban cooperativas agrícolas como una manera de enfrentar las posibles crisis económicas. La comunidad ferviente sentía pasión por el progreso porque sabían que podían contribuir a enriquecer el país.
Una mirada atenta sobre el campo argentino en el período de entreguerras advertía que los fenómenos sociales y económicos que lo afectaban o que en él se produjeron tuvieron una intensidad que lo distanciaba de la casi inalterada previsibilidad del medio siglo anterior. Sucesos tales como huelgas de arrendatarios o peones cosecheros, o procesos complejos como las caídas de los precios del cereal, la transformación tecnológica y laboral o la reducción notable de los puestos de trabajo producto de crisis de empleo, suscitaron la atención de todos. Sin embargo, esta dinámica conflictiva del mundo rural estaba ausente de las imágenes que el Estado y buena parte de la sociedad reproducía entre quienes no tenían una participación directa en tales fenómenos.

En ese crisol, los chacareros parecían artífices de un futuro lóbrego; sus caras negras por el polvo de todos los caminos se encendían… Se veían  lustrosas frente al sol que delineaba sus contornos de tinta. Estaban atrincherados frente a un vacío que les complicaba las ideas con sus razones incendiarias. Todos los llamaban gringos, casi de manera despectiva.

La casa era modesta de ladrillos rojos y tenía una galería sostenida por columnas de hierro con varas de lienzo tejidas. Se veía desde el llano sobre el albardón. El cielo se emparentaba con el horizonte curvilíneo: una pampa atestada por la hierba reseca a causa de las sequías. Había una extensión de tierra que parecía un parque en donde se veían macetas, malvones, un naranjo, patos, gansos, caballos y un burro, además de las vacas que comían el pasto… El fanal sesgado ante las rejas mostraba su voluta azulada. La higuera patriarcal desdibujaba el contorno del telar con sus husos y pedales y mostraba la identidad de su dueña, su destreza. El molino musitaba su dialecto anodino y dejaba los años grabados en esos murmullos de mula por la montaña mientras las gallinas picoteaban las margaritas y marcaban huellas en las siestas de verano cuando el loro Pedrito hablaba sin parar. En esa armonía de colores, la piel emergía de su estatismo para incubar sueños en cada espiga, semillas en el corazón mismo de la penumbra, piélagos en la luna…

En ese hogar no había espacio para el recreo porque había que trabajar para ganarse un lugar con el dilatado coraje que daba la avidez de las promesas. Sus moradores dejaban en el alma de quienes los conocían marcas indelebles de virtud y de moral tomadas de la dignidad de sus ancestros que con  perseverancia y resignación pudieron hacer frente a los cambios.
Rosaura vivía allí con sus padres Magdalena Shalli, Juan Waner y su hermano Juan José. La niña había nacido a los siete meses, pero gozaba de buena salud a pesar de que la medicina aún no contaba con los recursos necesarios para atender los imprevistos o situaciones que escapaban de lo común. Rosaura, rubia de ojos transparentes, en la cuna de madera con ruedas de carrito medieval, parecía pilotear una nave en medio de un mar bravío. Era una beba inquieta con un carácter extraño mezcla de rebeldía y sumisión. Todavía no sabía del abolengo y de la pobreza, de la salud y de la enfermedad, pero se rebelaba con sus gritos y sus uñitas de gato que arañaban los barrotes de su cuna alba. Era una criatura que llegaba para servir… ¿A quiénes?.

En esa rara orquesta de violines, la noche suspendida le regalaba las estrellas a una espiga que renovaba las promesas.
Muchos ojos la miraban desde arriba como si esas personas vinieran desde un cielo bendito a despertar la vocación de grano y el sacrificio sin tregua.

-¡Qué bonita!-decían las tías solteras tan frías y ausentes que la maternidad les resultaba algo molesto y lejano, con demasiadas responsabilidades y poca libertad.


sábado, 28 de octubre de 2017

Querida Rosaura (Introducción)



  


   Rosaura Waner fue una persona que no supo entender la vida. Se entregó a los demás en un ir y venir de situaciones divididas. Amó a su madre Magdalena quien cercenó, desde niña, sus deseos más queridos; la obligó a ser una mujer y a llevar sobre sí las cargas de un adulto. No disfrutó de los momentos por hallarse inmersa en un pasado gris que le dejó secuelas hondas: la muerte temprana de Magdalena y la de su hermano Juan José de treinta y cinco años. Nunca pudo superar los avatares de un destino poco feliz y entonces se quedó detenida en el albor de las estrellas, en los recodos de su pobre chacra, en el tenebroso lugar de los sacrificios. Allí con Santiaguito frente a su ataúd blanco puso su andamio de claveles para postergar su futuro con el pretexto de los sueños inconclusos. Fue hermana-madre hasta su muerte. Cuando falleció Magdalena comenzó una vida prestada con un hombre bueno que la quería y una hija que fue un ángel tembloroso a quien transmitió todos sus miedos. Jamás olvidó el pasado; añoró las noches iluminadas y las espinas, la rara manera de amar, la vocación de servir por obligación o para poder ser querida… Parecía no reconocer el entorno de su nueva casa mientras los años se iban con la soledad de sus piadosas súplicas. Caminaba más rápido que el tiempo.

Rosaura vivió para el dolor, para llorar de la mañana a la noche a sus muertos, para velar por su hermano menor, Rubén, hasta el último día. A María, su hija, la cuidó como un tesoro que le costó mucho concebir. Sintió terror por su salud porque conocía de memoria el sabor de las ausencias; ahogó su juventud con reclamos absurdos y extendió la doctrina de su madre hasta el final de su historia.
Según sus propias palabras amó a un Dios que le arrebató la vida.

              

viernes, 27 de octubre de 2017

Retratos literarios: Rosaura


Rosaura Waner fue una persona que no supo entender la vida. Se entregó a los demás en un ir y venir de situaciones divididas. Amó a su madre Magdalena, quien cercenó, desde niña, sus deseos más queridos; la obligó a ser una mujer y a llevar sobre sí las cargas de un adulto.

Ella llegó a este mundo para servir...
¿A quiénes?

La niña rubia de ojos transparentes quería saber cómo los espíritus inmortales huían de los cuerpos y podían ascender a grandes alturas solamente para observar los pasos de los seres amados.

-¡Rosaura ven acá!-le gritaba Magdalena.
-Trátala con más dulzura, no ves que es pequeña-le contestaba Juan con hilo de voz.


Los abuelos, que eran personas adineradas, la veían como una especie de niña sudafricana y huérfana, mal alimentada y sin ropa. Pero no era así. Magdalena se desvivía por cocinar lo mejor o lo que más le gustaba a ella, tejía mucho y Rosaura tenía también vestidos costosos y de buen gusto que le regalaba su madrina Isabel.

¿Rosaura era feliz?

Sí... a pesar de los egoísmos de su madre y de todas las obligaciones que tenía que cumplir.

Frente al farolito de puerto, Magdalena pasaba las noches con sus labores junto a Rosaura que hacía los deberes sobre una mesa antigua de nogal. Los perros ladraban y ellas se sobresaltaban... Tenían miedo.

A los doce años ya lavaba pisos, preparaba comida para los peones, criaba gatos, perros y gallinas y obedecía ciegamente a su madre.

-Las noches se arman de sueños, sabes-le decía a Milo que la miraba arrobado con un sopor de felino aniñado.-En el cielo está Santiago que llora porque quiere regresar; en ese momento tiembla la tierra y se desprenden los cristales para formar nuevas estrellas donde irán a vivir otros bebés.

Ella recordaba siempre a su hermanito que había fallecido a los seis meses. "Muerte en la cuna" se llamaba lo que le había pasado...

En ese mundo incierto veía culminar sus días enredada en la vertiginosa telaraña tejida por Magdalena; sin embargo, ella la amaba muchísimo. Imaginaba la inasible ternura de una madre quebradiza que gobernaba con la victoria de un rey que no comprendía las necesidades de una familia.

Era tierra de gringos, de campeadores con aperos y cuchillos; el lugar que le habían donado los antepasados. La simiente de las nuevas eras donde los gauchos habían dejado sus glorias y sus vestiduras para disfrazarse de caballeros. La identidad de los campos arraigada a la lucha por conservar el suelo, la unión de los chacareros, la solidaridad entre las colonias que se consideraban vecinas.

QUERIDA ROSAURA  ¿Cuánto dura el amor?
La eternidad.

jueves, 26 de octubre de 2017

La novia ¿Ella regresó por amor? (10ma parte)



Mientras tanto, y a pesar de tantas conjeturas, no atinaba a otra cosa que seguir amarrado a una vida estéril de gritos, miedos y culpas. ¿Qué podría hacer para salvarse? ¿Hasta cuándo duraría esta situación?. Estaba deprimido pero tenía que continuar hasta el fin que esperaba con ansiedad.

Él sabía de la significación profunda que poseen los instintos, tanto aquellos que procuran un bien como los que conducen al dolor y al aniquilamiento. La lucha por la existencia es solamente una búsqueda de posibilidades para lograr una vida mejor. Salvador sabía que habitaba con sus demonios desde los quince años cuando aquel padre que tanto amaba le dijo adiós. Ahora, cargando todos sus pesares, era humillado y marginado por su propia familia que lo quería destruir sin miramientos.

-Eres frágil, hijo, pero tienes que poner lo mejor de ti para salir adelante. Si te alejas de ellos te ayudará, vete por un tiempo.
-No puedo, no puedo…
Salvador parecía aferrarse al dolor. ¿Amaba a Dolores a pesar de todo?. Parecía haber perdido noción de la realidad; sin embargo, podía resolver problemas relacionados con sus negocios y actuar de manera coherente frente a sus empleados.

Escondió el arma entre sus ropas y se fue para la casa con la convicción de que algo se le iba a ocurrir para acabar con el misterio, con su vergonzoso temor y con los problemas de autoestima que lo venían atormentando desde siempre. Hasta pensó en el espíritu de su padre que intervenía, desde el más allá, quitándole el arma de las manos.

No pudo lograr paz porque al llegar a la casa Dolores había organizado una fiesta, sin avisar y sin preguntarle a él sobre el tema. Salvador se quedó dentro del auto y allí pasó la noche, entre la soledad y el frío, con un desgarrador sentimiento de culpa.

Por su casa desfilaban personajes que nunca había visto; seguramente, eran amigos de Roberto. Entre ellos estaba Dolores disfrutando de esa reunión de jóvenes como si tuviera la misma edad. Todo resultaba ser desprolijo porque, a pesar del bullicio, la escena parecía sombría. En el banco del jardín había una mujer de mediana edad, de cabello rubio, muy delicada, que tomaba una taza de té. Salvador se inquietó por aquella aparición. Se distrajo un momento para mirar hacia la calle porque escuchó un ruido y cuando volvió la vista ella había desaparecido.

Al rato, pensó que no estaba seguro de haber visto a aquella mujer pero una rara sensación le hizo sentir deseos de conocerla, sin advertir que la banqueta en la que supuestamente estuvo sentada no existía.

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Les cuento queridos amigos que hasta acá llegué con los capítulos porque Amazon no me permite más, igual tal vez más adelante siga con el argumento de esta novela que participó en el premio Indie de Amazon 2017.
Gracias por el apoyo y por leer mis escritos. Ya saben que, si lo desean, la pueden comprar en las direcciones que están más arriba. (en papel o e-book)

Justamente hoy y mañana está en promoción gratuita en Amazon.
Un abrazo.



miércoles, 25 de octubre de 2017

La novia: personajes


SALVADOR FERRER:

Un hombre fiel a sus convicciones, educado, amable, de excelente familia que descubre, después de veinte años, que se ha casado con la persona equivocada y que ello le está ocasionando situaciones irrevocables.



DOLORES (esposa de Salvador)

Una mujer fría y calculadora, sin moral ni ética, que atormenta hasta el hartazgo a un marido que ya no tiene fuerzas ni para imponer el orden como jefe de familia.


ROBERTO FERRER (hijo mayor de ambos)

Un joven adicto que  no estudia ni trabaja. Su madre lo apoya y no permite que Salvador le ponga límites a su vertiginosa vida. Él se rebela contra todos tratando de subestimar la figura seria y formal de su progenitor.

MÍA FERRER (la hija mujer)

Una joven parecida a su madre, algo frívola y despreocupada que no sabe qué camino tomar.
La típica niña rica que todo lo tiene y que hace ostentación de su bienes materiales pensando en la codicia de los otros.

GUILLERMO FERRER (el hijo menor)

El niño es espejo de su padre: bondadoso, sensible, humano, noble. Tiene claras sus ideas a pesar de su corta edad. 
Más adelante, tomará una gran decisión para el descontento de muchos.

ÚRSULA LÓPEZ GIL DE FERRER (madre de Salvador)

Una mujer demasiado sobreprotectora que depositó, desde que quedó viuda, su confianza en el hijo mayor a quien amaba. Necesitaba de él para vivir pero, según ella, Dolores se lo arrebató. Odiaba a su nuera a quien consideraba una persona inescrupulosa y cruel.

PILAR FERRER (hermana de Salvador)
Una joven callada y sin ambiciones. Sufre el acoso de su madre que la quiere tener amarrada a ella por sus inseguridades. Pilar no tiene vida propia. Cuando intenta buscar su destino queda atrapada en él.

SUSAN ALINA AVELLANEDA (la mucama)

Una colaboradora humilde y servicial, humillada por Dolores y sus hijos, que trabaja en la casa desde joven. Ella parece ser fiel y compasiva pero un día se cansó...
Finalmente, se enfrenta a todos por los agravios recibidos y decide pensar en sí misma.
Deja una huella marcada para siempre.

CLARA FRANCH (La Novia)

Una mujer bella y sensible que es abandonada por Salvador Ferrer a días de su casamiento.
Ella, después de aquel terrible y doloroso episodio del que no ha podido recuperarse, se queda en su casa cuidando a sus padres toda una vida. Cuando ellos mueren, siente que su existencia de soledad se transforma  en estéril y entonces resuelve volver para encontrarse con aquel hombre que le hizo tanto daño pero que sigue amando.

No sabe qué camino tomar pero conserva la firme convicción de que algo tiene que hacer para tratar de acallar sus demonios internos. Va en busca de Salvador dispuesta a todo.

"Amor sin fin,
nos vemos en el camino"


martes, 24 de octubre de 2017

La novia ¿Ella regresó por amor? (9na parte)



-¡Susan!-gritó.
-Sí, acá estoy.
-Diles dónde hallaste el revólver el otro día.
La mujer, anonadada, parecía no comprender y comenzó a temblar.
-No sé de qué habla-dijo como en un murmullo.
-¡Vete!-volvió a gritar Salvador.
Esa noche, Salvador sintió desprecio por la humanidad. Los odiaba a todos. Trató de ordenar el caos de sus ideas y despejarse, pensar con tranquilidad. Su cabeza era un pandemonio: pensamientos negativos, rencor, preguntas, resentimientos y recuerdos. ¿Por qué a él todo le resultaba tan difícil?. Su tristeza se transformaba en un mal humor histérico.
“Ellos gobiernan mi vida”, pensaba.
Pero él lo permitía porque se sentía preso de un destino mecánico capaz de seguirle el juego a los otros, pero desangrándose de dolor.

A la mañana, sin mirar a nadie, casi como un autómata, se fue por la calle ancha; era fácil adivinar la sensación de asco y de vacío. Él estaba en peligro. La veía a Dolores fría, húmeda y silenciosa como las víboras y a su hijo un verdugo que venía a darle el último hachazo. Pensó en los diálogos que tendrían a espaldas suyas, los razonamientos y deducciones. Estaba convencido de que querían deshacerse de él para tener libertad y dinero.

De pronto,  se arrepintió de haber llegado a esos extremos, con la costumbre de analizar indefinidamente hechos y palabras. Recordó la mirada de Dolores fija en sus ojos mientras escuchaba sus preguntas con cinismo. Se sentía una frágil criatura en medio de un mundo miserable que lo atosigaba hasta dejarlo sin respiro.
-¡Hijo, qué sorpresa!-le dijo su madre cuando lo vio llegar.
-Vine a hacerte compañía, ¿me sebas unos mates?.
-Claro mi amor.
Cuando Úrsula caminó hacia la cocina, él se acercó al armero pues necesitaba adquirir un revólver o algo parecido para defenderse de algún desmán. Buscó algo pequeño entre tantas armas que tenía su padre.
-No puede ser-exclamó.
En un extremo, casi imperceptible, se encontraba el revólver, el que tanto había buscado. Ya no comprendía nada de lo que estaba pasando.
“¿Quién habría llevado el arma hasta la casa de su madre?, Dolores, Roberto… o Susan. ¿Quién?”, pensó desconcertado.
-Hijo, qué te ocurre que te noto tan alterado. Ya veo que te has peleado con Dolores otra vez.
Salvador se quedó en silencio porque estaba abatido. Sintió que una mano tomaba su brazo con ternura. Esa voz débil y dolorida le decía:
-Tendrías que separarte.


No podía evitar la idea de que Dolores representaba la más atroz de las comedias y que él era, entre sus manos, un hombre ingenuo al que se engañaba con cuentos fáciles para dejarlo tranquilo. Salvador no era un niño. Sus dudas fueron envolviéndolo todo como una liana con su monstruosa trama. El hecho resultaba ser tan absurdo e impropio que pensó que estaba delirando, no podía ser verdad. Era una alucinación propia de alguien que padecía ciertas patologías mentales o eran los otros quienes querían hacerlo pasar por demente para recluirlo en algún lugar. Esos sitios de los que no se vuelve…

sábado, 21 de octubre de 2017

La novia ¿Ella regresó por amor? (8va parte)




Salvador sintió que se le aflojaban las piernas y que todo lo que había pensado y hecho durante esos meses era el colmo de la desproporción y del ridículo. Pensó en reunir a toda la familia para comunicarles lo sucedido pues la situación lo superaba. Él era un hombre fuerte pero su energía comenzaba a decaer por aquellas inexplicables secuencias de película.

Se quedó un momento sin hablar, mirando el piso, y luego dijo:
-¿Usted recuerda el arma que encontró debajo de la almohada de Roberto el otro día ?.
-Sí, señor.-contestó la mucama mirando el piso.

Mientras volvía a la sala, profundamente deprimido, trataba de pensar con claridad. Su cerebro era un hervidero; cuando se ponía nervioso las ideas aparecían como vertiginosos insectos que querían devorarlo. Luego las iba gobernando como podía para no volverse loco del todo.
Esperó largas horas sentado en el living el regreso de Dolores y de Roberto. Su esfuerzo mental era extremo, pero necesitaba salir de la perplejidad. Escuchó risas que venían desde el pórtico.
“Ahora viene  lo peor”, pensó.

Dolores y Roberto llegaban juntos y felices. Desde siempre habían sido cómplices y amigos. Salvador era de esos hombres que pensaban que había que ser padres antes que otra cosa y poner los límites necesarios para llevar a los hijos por el buen camino.
-¿Era él el único desgraciado?. Evidentemente, sobraba en esa casa.-murmuró.
-Hola, marido-dijo Dolores con alegría.-Se te ve preocupado como siempre. Relájate que la vida es linda.
-Necesito decirles algo-dijo Salvador en voz baja con temor a no ser escuchado como le pasaba siempre.

Ellos miraron aquel rostro duro, la ansiedad, el desconcierto, la necesidad de comunicación, aunque por momentos él parecía aflojarse. Su mirada colgaba de un abismo y eso a Dolores y a Roberto les daba gracia, se divertían con aquellas dramáticas palabras de Salvador.
-Les pregunto a los dos directamente y sin preámbulos: ¿dónde está mi revólver?.
-¿Revólver?, si nunca tuviste uno.
-¡Sí, lo tengo y tú lo ocultaste debajo de la almohada!-le dijo con furia a Roberto.
-No, yo no sé nada. ¿Por qué inventas, quieres seguir agrediéndome?. No te cansas de insultarme y de subestimarme.
-Ay, marido, tómate un tranquilizante.

            Salvador, desesperado, y antes de que ellos se marcharan a sus habitaciones llamó a la mucama porque ella era la única testigo, en aquel momento, de la escena dantesca. 

viernes, 20 de octubre de 2017

El silencioso grito de Manuela: personajes



MANUELA:
Una mujer que no pudo crecer a pesar de haberse casado y de haber formado una familia. Presa de los miedos, su obsesión eran sus hijas a quienes acosaba con sus delirios. Una era servil, la otra rebelde.

JULIAN COSTA RÍO:
(Esposo de Manuela)
Un hombre excéntrico a quien solamente le importaban los negocios y el dinero, hasta que el destino le mostró su verdadero perfil de la vida.

ROCÍO COSTA RÍO:
La primera hija del matrimonio que falleció muy pequeña y que dejó, con su partida, un mensaje para las generaciones futuras.

LETIZIA COSTA RÍO:
Mujer sumisa, hija de ambos, obedecía a ciegas a Manuela con una devoción perfecta y eso le provocaba todo tipo de enfermedades psicosomáticas. 

ENCARNACIÓN COSTA RÍO:
Rebelde, atractiva, audaz... No aceptaba las reglas impuestas porque ella tenía las propias.
Independiente, algo soberbia, trataba de no escuchar los reclamos de su madre a quien consideraba una persona enferma e incapaz.

JOSÉ RODRÍGUEZ:
(Primer esposo de Letizia).
Un hombre de campo, demasiado sencillo, indiferente al matrimonio, solitario y fiel a sus costumbres rurales. Cuando se dio cuenta de los verdaderos valores de la vida no le quedó tiempo...

DOLORES Y LAURA RODRÍGUEZ:
(Hijas de Letizia y de José)
Niñas depresivas, sin ambiciones, educadas en el silencio y frente a los temores.

LUCÍA RODRÍGUEZ:
(La hija más pequeña de Letizia y de José)
Nació con una enfermedad incurable y falleció a los 15 años. Dócil, inteligente, adulta...



ALEJANDRO ROCA:
(Esposo de Encarnación)
Una persona que amaba demasiado, que vivía pendiente de los caprichos y de las  necesidades de Encarnación a quien veneraba.

DAMIÁN ROCA:
(El hijo de ambos)
Un niño débil que, tras la muerte de su madre, sufrió anorexia nerviosa y no pudo adaptarse a la sociedad. Su familia durante años jamás le mostró el retrato de su madre. No la conocía porque era muy pequeño cuando ella falleció.


MANOLO FUENTES:
(Segundo esposo de Letizia)
Se casó con él luego de la muerte de José Rodríguez. Un hombre que no aceptaba su sexualidad y que se unió con Letizia por su dinero. Al fin, todo salió a la luz y tuvo que enfrentar las demandas de Manuela que no entendía ciertas cosas por ser demasiado creyente y religiosa. Más tarde, él sería su protector y su amigo.

ANTONIO FUENTES:
(Hijo de Letizia y de Manolo)
Un niño alegre, demasiado travieso, ajeno a todo.

SOCORRO VALLE:
(Dueña de la pensión Los Girasoles)
Una mujer de carácter que hacía valer sus derechos. Por momentos pusilánime, por otros extremadamente cruel. No soportaba a Letizia y su locura.


-----------------------------EL SILENCIO A VECES ES UN GRITO O UNA ORACIÓN.
                                                                                            



miércoles, 18 de octubre de 2017

Retratos literarios: Letizia


Carri Ángel


 A Letizia le gustaban los hombres niños, indefensos y carentes de afecto que despertaban en su alma sus más inaudibles suspiros. Sin embargo, sabía muy bien controlar sus impulsos y esperar el momento adecuado para abandonar la castidad sin enterrarse en la culpa. La sabiduría del cuerpo le decía que el alma podía amar a todos y cada uno de los seres terrenales que eran objeto de su merecida pasión. Tiempo era lo que sobraba para cavilar sobre el futuro que Manuela, por los diálogos fantasmagóricos, ya conocía...(fragmento)

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Letizia, hija de Manuela, acostumbrada a vivir entre rejas porque su madre, que no pudo crecer, la llenaba de miedos, se estaba enamorando...
Sentía, en realidad, que el amor la iba a liberar o simplemente quería huir de su casa. Lo que no sabía Letizia era que ese sentimiento la iba derrotar, porque era tarde para negar la realidad.





AUTORES EDITORES

Mis novelas







"La liberación"


Es la historia de un hombre que fue héroe
de la guerra de Malvinas 
y que al regresar, después del litigio,
lisiado,
 tiene que enfrentarse con una sociedad que lo margina
y con una familia que es totalmente indiferente 
a su problemática.

Del año 1993.

***



"La abuela Francesa"


En esta novela cuento la vida de mis antecesores 
desde mis tatarabuelos Francisca y Juan José
quienes llegaron a América desde Suiza en 1860 aproximadamente
hasta mi biografía personal,
recorriendo caminos junto a mis bisabuelos,
abuelos y mis padres.

Del año 1993-1995

***



"La nodriza esclava"


La historia está ambientada en el siglo XVI.
Isabel es una nodriza que trabaja desde muy niña
en el palacio del rey Enrique VIII y sus esposas.
Ella tiene que enfrentarse con "la muerte negra" y los sacrificios,
se siente nodriza-madre,
asesina y artista,
pero sufre porque teme a la Inquisición
que, por aquellos años, 
no permitía a nadie expresarse libremente.
Esta novela tiene muchos elementos fantásticos.

Del año 1999-2000

***



"El silencioso grito de Manuela"


Manuela un ser que nunca ha crecido
tiene una vida estéril
junto a su familia que va muriendo delante de sus ojos.
Ella acepta los designios del Supremo
como una prueba,
no se rebela,
no busca ayuda
y acepta ese destino infausto entre brebajes,
tisanas, rosarios 
y retratos de sus muertos.

Del año 2006-2008

***



Querida Rosaura


¿Cuánto dura el amor?
La Eternidad


Está inspirada en la historia de mi madre,
una mujer que vivió para los demás
y luego para llorar a sus muertos.
Cuando se dio cuenta de que el tiempo había pasado,
Dios se la llevó a contar estrellas.
Tuvo una vida de sacrificio
y de soledad interior.

Del año 2009

***




"La novia"
¿Ella regresó por amor?


Una mujer que espera puede ser sólo un alma desdibujada
o transformarse
en una sombra cargada de dolores profundos.

Del año 2016-2017



"Cuídate de mí amor mío,
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra."

A. Pizarnik



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