Junio






Comienza JuNio y en el hemisferio sur llega el invierno. 

Trae consigo aleteos fugaces de nostalgias compartidas, recuerdos imborrables, esperanzas... Yo siempre digo que las estaciones están en el alma; no hace falta que sea primavera o verano para ser feliz. La dicha está dentro de uno mismo y no hay modelos, cada persona ve y siente la felicidad de manera diferente. Eso es lo bueno: ser únicos.

El mes de JuNio tiene algo de lluvia, de cielo gris, de andar buscando tiempos... cuando el recuerdo me trae a una gatita (Millie) que partió hace seis años, un 29. Ella me amaba tanto!!! y yo lo mismo. Es que su compañía era luz que encendía alguna candela al abrigo de mis versos cuando mi padre estaba en un sanatorio y mi madre (ya enferma) lo cuidaba sentada en una silla junto a él.

Un amor se fue en busca de otros rostros en este mes por aquellos años y yo sentí que me moría, pero las horas me devolvieron a un presente de responsabilidades, cordura, madurez; la que siempre he tenido desde tiempo inmemoriales.

Les deseo los mejores sueños y a vivir que todo es demasiado corto y transcurre como en un soplo.

El amor huele a café, de Nieves García Bautista


Una pequeña cafetería llamada ''El confidente de Melissa'' 
es el punto de encuentro de personajes muy diferentes.
 Está Adela, una psicóloga obsesionada con su trabajo;
 Raquel, una mujer ambiciosa que desea ascender
 en la clase social; 
Helia, 
una universitaria con muchos complejos;
Joaquín, el padre de Adela, 
afectado por la muerte de su mujer... 
Así se construye una historia de historias
 que va más allá de un amor romántico 
porque trata todas las facetas y apariciones del amor: 
el amor familiar, la amistad, el amor propio… 
un caleidoscopio de vivencias con un final común e inesperado.




El amor huele a café, de Nieves García Bautista

LICIA-Hermana mía

5
COM



Libre como un pájaro que se cuela debajo de un tejado para guarecerse de las primeras gotas, Celine se dejó llevar a través de los tiempos añorando otras alas y risas, la voz de Madame Olimpia, los ojos rubios del delfín Luis José y el ronroneo de su gato Theo. En medio de las encrucijadas, su abuela Lisa se despedía con gozo de sus años viejos para caer por una cascada de madreselvas vírgenes. Ella veía su partida cuando las nubes anidaban en las ramas dejando sus trinos bendecidos.



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---LICIA. HERMANA MÍA---


❤premioliterario2020

El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry





"Si vienes a las cuatro de la tarde,
comenzaré a ser feliz desde las tres.
Cuando más avance la hora,
más feliz me sentiré. 
A las cuatro me sentiré agitado e inquieto...
¡Descubriré el precio de la felicidad!
Pero si vienes a cualquier hora, 
nunca sabré a qué hora
preparar mi corazón..."

Es muy simple:
no se ve bien sino con el corazón.

"Lo esencial es invisible a los ojos"


De "El Principito"
de Antoine de Saint-Exupéry

(Heroico piloto, poético narrador,
un hombre de alma transparente,
un idealista...)




El silencioso grito de Manuela





Me siento conmovida y emocionada porque acabo de vender un par de libros de "El silencioso grito de Manuela" en librerías de Buenos Aires.
Desde ya agradezco enormemente a quienes lo adquirieron de las librerías correspondientes en donde distribuye Editorial Dunken. (Precio rebajado)



Manuela, la protagonista, una mujer que no pudo crecer a pesar de haber formado una familia.

¿Por qué será que las verdades más elementales resultan las más difíciles de comprender?¿El exceso de razón debilita...?

Ella tenía la sensación de que su cuerpo era completamente vacío y que de él emanaba un aire helado como el que sale de las grutas. Los miedos la declaraban incapaz de entendimiento y voluntad.Por ese camino llevó a sus hijas.

¿La capacidad de dar vida te transforma en omnipotente?

El amor adulto es sereno y acompaña a cambiar las cosas equivocadas por las justas.
Manuela acumulaba cenizas y guardaba todos sus miedos para después cuando la conciencia la viera deshojando sus furias.Las hijas se fueron en busca del amor con la orfandad dibujando brújulas y barriletes: solas, olvidadas... prófugas.

El miedo es ese pequeño cuarto oscuro donde los negativos son revelados.
Michael Pritchard


El planeta de las alabanzas




"Sólo los niños saben lo que quieren"

El ayer y el hoy juntos y presentes como testimonio de lo auténtico y de la infinitud de los recuerdos en el espacio que dejan las palabras frente a los vacíos de la memoria; es un inmenso manantial de colores y de fantasía permanente.
¡Suena en mi alma el rumor de las carretas en la paz de la siesta!.

 Eva, la dulce niña que soñaba con las hadas en libros con tapas de terciopelo, ha crecido y escapa detrás de las imágenes que proyecta de sí misma al futuro. La que más le gusta es ésta vestida de aldeana caminando por los senderos de tierra entre un muro de álamos acompañada por sus mascotas. Tiene la gracia de las estrellas del campo y a cada paso alumbra con su luz alba los huertos maduros, las retamas y los malvones rojos. Siembra de canto las riberas, los iris, los crepúsculos, la aurora; trepa con el fervor de las enredaderas buscando un fulgor de sinfonías.


Una brisa tibia vela la malva de las colinas entre gorriones dormidos que tiemblan ante el clamor de su voz. Es su cariño de ángel-duende que la lleva en su carruaje cubierto de racimos al confín de la tierra labrantía.
Ella se sumerge en los sembrados delirantes de la llanura que la espera siempre con sus rosados y naranjas envueltos en mantos como un paquete de regalo esperado.
La felicidad de proyectarse hacia un mañana de reencuentros, de amores y compañías, de recuerdos e ilusiones…, la viene a buscar con los versos del tamaño de su alma. Ella mira el día en toda la extensión del horizonte porque sabe lo que significa el adiós de las golondrinas.

Eva avanza hacia la tarde con su resplandor divino hasta que su figura se transforma en una sola sombra. Esa dicha que ya siente está cerca pero enmudece ante la mirada insondable de unos ojos que dicen más que mil palabras.
Deshoja las ilusiones con la brisa del norte y aprende de memoria el perfil de las colinas y el gris de la bulliciosa soledad del monte.
Los arabescos gitanos entre el trigo y las cosechas le hablan de la esperanza a un ser de sonrisa tierna, esa misma esperanza que Eva desea alcanzar vestida con fragmentos multicolores y un enorme sombrero con un lazo silvestre. Ella sabe cómo atrapar el viento con el lenguaje encantado de su yo interno y el desafío de ser la paz frente a la tormenta y la heroína de sus cuentos.


Suenan las melodías como rumor de carretas en la tranquilidad de la siesta cuando, en su imaginación, el arado tiene vida y se libera de grabar su paso por esa jornada mientras los labriegos vuelven a la frescura en el cristal de su molino. Lejos, los cencerros, el pinar, un caballo blanco, el tren y sus vagones… ¡Cómo silban las perdices!.
En el tejado de una granja, frente a la madreselva donde una gata llamada Lila juega con un ovillo de lana, una mariposa de carmín se posa sobre un limón verde y la distrae para luego escapar rápidamente. Su vuelo ágil y palpitante es como sus pensamientos cuando está sola frente a un horizonte mágico de auroras pobladas de brillantes farolas.

“Todos somos elegidos por el simple hecho de haber nacido. Lo que hacemos en la vida depende de nuestra propia decisión y de esa responsabilidad nace la verdadera libertad.”

  Eva sabe que puede volver a esa vasta región de prados ondulantes, a la emoción que evoca su sonrisa inocente y a ocultar la semilla en su mano espigada para ver nacer orquídeas, uvas, almendras y lirios azules y morados.


El último albor brota en el oeste y un haz luminoso se dibuja en el rocío mientras el Creador pinta un lienzo con plumas para Eva pueda volar sola bajo las palabras que el silencio le regala sin saber que ella ya es un solo corazón, el alma en unos ojos, el amor personificado…

Ese es el mundo que calma su sed y que le dice la verdad frente al aire quieto y transparente cuando las margaritas son rosas en su pelo suelto, los colibríes con su brillo de acuarela llenan los espacios, rozan las espinas y los remanosos se adueñan de las aguas.

“Dios nos quiere salvar por eso nos da la libertad”.

Eva se sienta bajo el viejo olmo e imagina otra vez las golondrinas que parten hacia el futuro como vagabundas sombras ante el espejismo de ese cielo que blanquea la luna por las noches. Recuerda el historia de “El príncipe feliz” cuando una golondrina muere al llegar el invierno porque el cariño que siente no le permite irse con las demás.
Esas vivencias son los sentimientos de la vida y sus matices, bordeada de jazmines, de paseos al aire libre, de la exactitud de su encantamiento por la pampa de nubes con vestigios de leyendas todavía latentes.

Avanzan los años por los frondosos tilos y por las enramadas con susurros de aves que no pueden esconder sus sentimientos. Eva sabe del milagro que la trae nuevamente a recorrer los senderos bañados por un calor ardiente cuando septiembre se aferra a las mañana cálidas, a las frutas, a la miel, a los braseros del abuelo…
Una crónica de juegos frente al candil en tardecitas con el espíritu de fiesta mirando cómo los astros la observan desde el firmamento. El paisaje es su espejo que le muestra su sensibilidad; ese ángel que se confunde con sus reflejos interiores y el trino de los cardenales que viven abrazados a los sauces cuando las voces de los sabios corren por los ríos.


Caminando entre los girasoles, Eva alcanza a ver a un niño de mechones rubios y de frente pálida que la mira detenidamente tratando de ver más allá de sus pensamientos.
-¿De dónde vienes?-le pregunta extrañada ante esa aparición que intenta por todos los medios comunicarse con ella. Eva tiene sus razones para desconfiar.-¿Adónde vas?.
Él, algo indiferente y casi sin deseos de responder, alcanza a decir:
-Derecho, siempre delante de uno, no se puede ir muy lejos… Busco un amigo… Vengo del desierto de Sahara y de algunos planetas. Necesito hablar con los más necesitados y rescatar los valores espirituales.
-Yo soy una aldeana que vivo en una casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo. ¿Qué puedo ofrecerte?.
-Tú eres pura-murmura bajito.-Tienes la luz de la alborada y seguramente sabes reconocer la justicia, la humildad, la disciplina, la lealtad…
-Yo soy una chica que simplemente ama la naturaleza porque conoce el poder de la memoria y la bendición de ser útil a la sencillez de las cosas vitales. No pregunto tanto, no cuestiono a las personas porque respeto la esencia de cada uno y sus limitaciones.


El niño se sienta sobre una piedra y levanta los ojos hacia el cielo.
-Tú te llamas Eva y te gusta el paraíso, pero debes saber también de la transitoriedad de la vida. Eres inteligente pero no tienes que dar tantas explicaciones; deja que pregunten demasiado, sólo una respuesta alcanza…
-La felicidad no tiene precio, he aquí mi secreto. Es simple: no se ve bien sino con el corazón. “Lo esencial es invisible a los ojos”.-dice Eva convencida y algo molesta por los consejos del desconocido que parece ser un pequeño maestro de colegio.

-¡Hablas con mis palabras!. ¡Te ha llegado mi mensaje!-grita el niño con ternura.-La afinidad espiritual ya nos une porque has descubierto el encanto de la existencia humana y el valor de los afectos.
-¡Lo importante es invisible, comprendes!-vuelve a decir Eva mientras el personaje  desaparece con la sonrisa grandiosa detrás de los girasoles y repite a lo lejos:
-Tú estás sola en este planeta rural que es el tuyo; conoces el sabor de lo auténtico, la dignidad y su proyección. Bautizas tus principios y buscas en ellos el fin de las verdades, pero eres una niña como tantas que estudia y juega, que respeta las diferencias pero que, con sus derechos, impone sus códigos.

Eva asombrada recoge su canasta y comienza a andar; el lugar la invita a escuchar su despliegue de alabanzas; es el corazón de ese vuelo que le deja sus alas para que pueda recorrer otras tierras más allá del tiempo y su retiro, de la cuna en cuyas raíces dejó su infancia, de su vestidos de muñeca y de su cariño por los escenarios originales y sus huellas.
Fiel a su misión ve el final de la carretera y escucha la música de un universo que deshoja rosas en su velo de plata.


De regreso a la ciudad, siente que ese cielo urbano se parece a un prisma con los canceles abiertos a lo inconmensurable. Eva cosecha la siembra de las calles luminarias pero sabe que allá, en la campiña, está el amor, el lenguaje diáfano, la emoción del encuentro y del adiós… Comprende que no existe un solo sentimiento de libertad sin la esperanza del regreso.
-Si vienes a las cuatro de la tarde comenzaré a ser feliz desde las tres.-dice alguien que sabe, desde cualquier planeta, reconocer la amistad.

 Luján Fraix
De---Los duendes de la casa dulce.

---------------Pasión por Los hermanos Grimm, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, Han Christian Andersen, Mark Twain, Perrault.



Citas de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry. Resúmenes, análisis y biografía: Miguel Moreno Monroy. Sociedad Comercial y Editorial Santiago Limitada (1993).

La casa de los espíritus, de Isabel Allende

8
COM

La primera novela de Isabel Allende, La casa de los espíritus narra la saga de una poderosa familia de terratenientes latinoamericanos.
El despótico patriarca Esteban Trueba ha construido con mano de hierro un imperio privado que empieza a tambalearse con el paso del tiempo y un entorno social explosivo. Finalmente, la decadencia personal del patriarca arrastrará a los Trueba a una dolorosa desintegración. Atrapados en unas dramáticas relaciones familiares, los personajes de esta poderosa novela encarnan las tensiones sociales y espirituales de una época que abarca gran parte del siglo XX.
Con impecable pulso narrativo y gran lucidez histórica, Isabel Allende ha creado un fresco en el que conviven lo cotidiano con lo maravilloso, el amor con la revolución y los ideales personales con la dura realidad política.
La crítica ha dicho:

«Un logro único, a la vez testimonio personal y posible alegoría del pasado, el presente y el futuro de América Latina.»
The New York Times Book Review

«Una crónica fuerte y absorbente de una familia chilena, con detalles opulentos y con un trasfondo místico... Un refinada combinación de escenarios.»

Kirkus Review

«Hay muy pocos viajes más emocionantes que los realizados en la imaginación de una novelista genial. Esa experiencia está disponible en La Casa de los Espíritus de Isabel Allende...»

Cosmopolitan

«La escritura de Allende es tan creativa, divertida y convincente que en el proceso de crear una estimulante novela política también ha creado una viva y una cautivante obra de arte. Sus personajes son fascinantemente detallados y humanos.»

People

«Un cuento seductor, a veces mágico... En su tumultuosa historia de la rebelión y el amor entre tres generaciones, es una alegoría en la que cualquier familia debería ser capaz de reconocer un poco de sí misma.»

The Wall Street Journal

«Absolutamente sorprendente. En La Casa de los Espíritus, Isabel Allende nos ha demostrado la relación entre el pasado y el presente, la familia y la nación, la ciudad y el país, los valores espirituales y los políticos.»

San Francisco Chronicle



La casa de los espíritus, de Isabel Allende

Manuela, una mujer sin edad

2
COM


Manuela divagaba porque no podía ocultar el idilio que tenía con su amada hija pero tampoco deseaba cruzar la reja porque sus huesos arrojaban frío. Sabía que en el fondo de la sombra estaba la tempestad, un demonio que no entendía de bendiciones y con quien tenía que luchar hasta dejar la última gota de sangre. Por momentos, creía ser tan omnipotente como Dios pero luego caía en el silencio que da la incertidumbre con su oleada de presagios. Ella era la niña que necesitaba abrigo porque el espejo no tenía cara para enfrentar sus arrugas.

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Manuela llevaba sobre sí la lucha encarnizada con los miedos desde tiempos inmemoriales; cada día era una prueba que tenía que padecer con sus enrarecidas ideas, con las vírgenes y los santos andaluces. Ella jamás creía que estaba a salvo de ser sacrificada aunque su mayor dolor no era su propia muerte sino la de los seres queridos.

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El silencioso grito de Manuela
(solamente en papel)



La novia. ¿Ella regresó por amor?

10
COM


La mujer del velo no quería cargar con la culpa de los mediocres y de los tibios, no podía ser cómplice ni testigo pero arrastraba, pesadamente, palabras dulces, ridículas, que evocaban antiguos veranos, risas y encuentros de amor.


Su casa estaba cerrada y allí se multiplicaban los patios, las sombras de negro, las voces de sus padres y los ecos. Los gatos la miraban como la madre que era para acariciar sus patas despeinadas en su regazo.  Eso era todo.

Ella pensaba que los días se habían llevado, muy lejos y sin dejar huella, los restos de su vida: una fiesta de boda que apenas había comenzado a celebrarse.

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LA NOVIA. ¿Ella regresó por amor?





LICIA-Hermana mía (Cap II Louise Héland 1era parte)






II

LOUISE HÉLAND




Por los Campos Elíseos…

La señorita Louise Héland dio una vuelta por una de las calles inhóspitas de París caminando muy despacio mientras iba pensando que unos mirabeles y un trozo de pan eran poca comida. No tenía para más. Por lo general, después de dar una vuelta por el mercado en las tardes, cuando no conseguía que nadie le diera algún alimento, se veía obligada a recoger lo que quedaba bueno de los residuos. El olor a carne cocida le perforaba el estómago. Todas las mañanas unos carruajes en forma de cofres, con doble chapa, se detenían delante de las portadas y se llevaban las sobras de las fondas. Louise pasó por una tienda, cuya dueña vendía los residuos que salían de Las Tullerías. Se ocultaba de vez en cuando para que la dejasen seguir entrando en los almacenes de barrio por donde merodeaba a menudo sin comprar nada.

Aquella tarde solamente vio a un anciano que olfateaba un plato de pescado revuelto con huevo. Salió de allí rápidamente porque el aroma a frituras le hacía mal. Caminó por los Campos Elíseos sin rumbo fijo; estaba angustiada. Veía a las mujeres elegantes con los peinados iluminados con harina de arroz y las mantas de paño sobre los hombros y pensaba en lo injusta que era la vida. De pronto, en un portal vio algo que se movía… Entre la vasta línea de los bancos, ciertos caballeros fumaban en pipa de arcilla y en la esquina había dos columnas llenas de carteles que semejaban trajes de arlequín por sus cuadros de varios matices.

Louise, casi una solterona, resentida y amarga, se acercó despacio a aquel bulto de ropa. Lo tocó y apenas tembló… Miró a un lado y a otro para asegurarse de que no la estuvieran observando. Era un niño olvidado. Se quedó turbada. No sabía qué hacer; en un primer momento intentó huir pero luego pensó que alguien superior le había dejado un mensaje y así lo interpretó. Levantó al niño con un gesto de extenuación y casi sin oír los murmullos escapó como si fuera una ladrona. Pisaba tierra firme arrebatada por la idea febril de que el destino había hecho justicia y la había premiado por todos los males que había padecido. Tenía la ingenuidad de un infante y la confianza de un guerrero. Sus ojos hundidos brillaban y el cuerpo frágil flotaba dentro de la túnica de lino. Su rostro, surcado por profundas arrugas, parecía contraído por un deseo inconfesable o por una eterna tristeza.


La señorita Louise pensó que la dueña de la casa donde vivía no iba a aceptarla con un recién nacido y menos que acababa de recoger de la intemperie. La vivienda pertenecía a Madame Delfine Blanduriet y estaba situada en la parte baja de la calle de Santa Genoveva. En ese barrio abundaban las casas de huéspedes y los asilos. Miseria y desolación. La fachada del lugar daba a un jardín con una puerta desvencijada que comunicaba con una calleja. Por allí entró Louise para no ser vista. Era una puerta falsa cubierta de arena con geranios, adelfas y granadas que crecían en tiestos de loza.

El niño comenzó a llorar y ella, desesperada, corrió hacia la alcoba para ocultarlo. No tenía comida ni ropa para cubrirlo. ¿Qué haría? Lo recostó en el camastro y lo destapó… Pudo observar que se trataba de una niña con ojos azules que la miraba sin ver detrás de sus lágrimas. Louise, quien era severa a fuerza de todas las afrentas vividas, se conmovió porque sintió en lo profundo de su ser que aquella criatura se encontraba más sola que ella y que la había elegido para caminar a la par.
‒¡Silencio que nos echarán a las dos!‒le dijo a la beba que entrecerraba los ojos de cansancio‒. ¿Cómo os llamaré? Ya pensaré algún nombre bello.

Louise sabía que no debía quedarse con la niña pero devolverla no era una buena idea tampoco. Le harían muchas preguntas y no tenía ganas de confrontar con nadie. Salió al recinto que comunicaba con un comedor separado de la cocina por una escalera cuyos peldaños eran de madera rústica. Le resultaba triste ver aquellos muebles tapizados de crin color mate. En el centro había un velador de un solo pie cuya piedra era de mármol belga adornado con una bandeja de porcelana con filetes de oro gastados.
‒¿Dónde vais?‒escuchó una voz que la dejó paralizada.
‒A la cocina a tomar un poco de leche.
‒¡A esta hora!
‒Es que me dio un poco de hambre.
‒¿Por qué no lleváis una galleta?
‒No, necesito leche‒dijo la señorita Louise aterrada por el interrogatorio de Madame Delfine quien, desde el sillón principal, la miraba con curiosidad por encima de los espejuelos.



---LICIA.Hermana mía---

El Libro de los Recuerdos



❤️Me siento tan feliz cuando alguien compra un libro en papel. Será que a mí me gustan tanto. Hoy le tocó al LIBRO DE LOS RECUERDOS.


Mil gracias a los lectores de España, México y Estados Unidos.


⚜️
Entre gatos, rosas
y abrazos de mamá dulce...
Yo, a los diez años,
no pensaba en el tiempo
que dibuja sombras,
en las horas que se iban volando
como mariposas rojas.
Mis cuentos me traían en sus palabras
a una realidad con abrigo
de alas.
Era solitaria
pero tenía tiempo...

L.Fraix.


En que bello lugar está mi Libro de Recuerdos.
Nº 13

BIOGRAFÍA  DE MUJERES

------------Pasión por 
Los hermanos Grimm, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, Han Christian Andersen, Mark Twain, Perrault, Anna Frank.

LICIA-Hermana mía (Cap I En tiempos de Voltaire 3era parte)

9
COM




El domingo siguiente, bautizaron a Celine. Los padrinos fueron Sofie, hermana de Rosalie, y Honorato, un amigo de Antoine compañero de trabajo, hijo de un cirujano director del hospital municipal.
El templo tenía una nave, varios pasillos y un altar elevado en el ábside al extremo oriental para que los feligreses miraran en dirección a la tierra del nacimiento y la crucifixión de Jesús. Los modelos usados por la iglesia de tipo Bizantino fueron el diseño en cruz griega, compuesto de cuatro brazos de igual longitud y de planta centralizada. A partir del siglo XI, en el norte de Europa, se usó el diseño en cruz latina, con un brazo más largo que los otros tres; en éste se situaba la nave central, sobre la intersección se colocaba una cúpula o chapitel.

Había varios sacerdotes que pulsaban sus liras, arrancándoles acordes casi imperceptibles y en los intervalos se oía el tintineo de la cadenita de oro que llevaba Celine, regalo de su madrina Sofie.
La niña era especial. La misma luna la había bañado con su palidez de nácar y una esencia divina la envolvía con un velo sutil. Sus pupilas parecían mirar lejos, más allá de los espacios terrenales. Entre sus ropas llevaba un broche con una lira de ébano.
‒Habéis visto sus hermosos ojos bajo sus cejas, son como estrellas‒le dijo Honorato a Antoine en el templo.
Cuando ella apareció frente a los creyentes palidecieron las antorchas.
‒Es bella pero no santa.
‒Tiene un halo de luz que oscurece las miradas.
‒Es simplemente una niña, hija de padres honestos y sencillos que trabajan para vivir y que no tienen demasiadas ambiciones.


La claridad del sol se elevaba a ras de los techos y sobre la urbe. Los vidrios esmerilados del templo irradiaban fulgores como gruesos diamantes. Antoine, humilde de alma, sentía que lo trataban como el progenitor de una princesa que acababa de recibir los sacramentos. Celine era un soplo de aire fresco, una criatura demasiado etérea, pero no se trataba de un ángel caído del cielo.

La calidez de ese día penetraba a través de las hojas de cristal y llegaba luminosa y pacífica a los corazones de los presentes. Antoine se esforzaba por alejar de su pensamiento las formas, los símbolos y la identidad de los dioses, a fin de comprender mejor el espíritu inmutable que ocultaban las apariencias. La vitalidad de los planetas se filtraba en él como aguja de acero. Cuando se levantó lo embargaba una vulnerable misericordia y, como aquella atmósfera le oprimía el pecho, salió a la calle. Sentía que le faltaba oxígeno.

‒¿Qué os ocurre, amigo?
‒Nada, creo que hace mucho calor allí dentro.
‒Demasiada gente; es que son muchos los niños que reciben las aguas bautismales.




María Teresa, la madre de María Antonieta, resultaba ser una persona abrumadora que hacía sentir a sus hijos desolados ya que no se ocupaba de ellos como lo haría una mujer sensible que amaba a su familia. Intentaba parecer fría y calculadora a los ojos de los demás. Sus hijos no despertaban sus instintos maternales por más que María Antonieta multiplicase los mohines de niña frente a las doncellas. Ellas festejaban aquellos aires de nobleza en su cuerpecito ágil como quien ve algún tesoro escondido, pero María Teresa sospechaba que su hija sería toda una simuladora.

La emperatriz no tenía tiempo para perder en cosas triviales. Se levantaba muy temprano en invierno o verano. Los niños no tenían un lugar en su entorno y pasaban de manos de las institutrices a las de las nodrizas. Cuando recordaba que tenía una familia los mandaba a llamar para censurarlos por alguna tontería; era una verdadera déspota doméstica. Absolutamente todo pasaba por sus manos y debían doblegarse ante su voluntad. Los súbditos vivían cumpliendo órdenes sin tener idea clara de las cosas porque sabían que debían obedecer. Sus hijos no podían superar la tristeza y la soledad a la que eran sometidos. María Teresa, una madre abusiva, era dichosa por momentos y mártir cuando le convenía.

María Antonieta fue dotada con el poder de la seducción pero la astrología la ubicaba en el lugar de la fatalidad entre los planetas negativos: Marte y Saturno. Ella, a pesar de su precocidad, practicaba el arte de agradar de manera innata.



Rosalie, madre de Celine, era una mujer simple que entendía cuáles eran sus deberes de esposa y de progenitora. Se preocupaba por sus hijos, especialmente por la pequeña que siempre buscaba refugio como un pájaro herido bajo sus alas. Ella dejaba escapar su corazón para que se perdiera como el humo entre la espesura de las alamedas. Era consciente de su dispersión porque algo la preocupaba: su embarazo. Aquellos nueve meses de espera fueron confusos porque se sentía extremadamente frágil y extraña como si un batallón de vidas le estuviera bebiendo su sangre. El peso del cuerpo le perforaba el alma y no podía entender a qué se debía tanto desconcierto. Su cabeza, pesada, solía vaciarse de entendimiento y cuando reaccionaba escuchaba voces de niñas que la arrullaban igual que palomas azucaradas. Luego oía que corrían y saltaban felices en un jardín alpino, rodeadas de placeres y de dicha. Un sueño que la despojaba de razonamientos lógicos. ¿Eran alucinaciones febriles? No lo sabía.

Su realidad era Celine, la niña buena que la miraba incrédula desde su cama de hierro con demasiada curiosidad o con el propósito de reprenderla. La pequeña ya sabía lo que su madre pensaba y lo atesoraba en su memoria para después…
‒Me dijeron que el sacerdote que bautizó a Celine, el padre Achille, falleció al otro día de la ceremonia‒dijo Antoine.
‒No puede ser si era un hombre joven.
‒Sí, de muerte natural.
‒¡Dios mío!





El Libro de los Recuerdos


Charles Cres



Entre gatos, rosas
y abrazos de mamá dulce...
Yo, a los diez años,
no pensaba en el tiempo
que dibuja sombras,
en las horas que se iban volando
como mariposas rojas.
Mis cuentos me traían en sus palabras
a una realidad con abrigo
de alas.
Era solitaria
pero tenía tiempo...

L.Fraix


George Dunlop Leslie




---------------------------Pasión por
Los hermanos Grimm, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, Han Christian Andersen, Mark Twain, Perrault.

El color del cielo en octubre, de Benjamín Ruiz



Un doppelgänger es un doble de uno mismo (a veces, de otro sexo) que se aparece en determinadas ocasiones en la vida de una persona.

Ray Velasco, un escritor maduro que disfruta de un relativo éxito, tiene tres obsesiones: su precaria salud, la escritura de su definitiva obra maestra y la visión recurrente de una mujer que lee sus libros en distintos lugares.
El color del cielo en octubre es una historia sobre la existencia terrenal, la guadaña que aguarda, la trascendencia y el legado humano.

El color del cielo en octubre, de Benjamín Ruiz

💖premioliterario2020

Aidan & Amy, de Margotte Channing


Escocia, año 1226

Margaret, la mujer de Logan, el laird de los Mackenzie, ha aparecido muerta de manera inesperada hace pocas semanas y ahora él se está volviendo loco. Hasta tal punto, que su segundo al mando, Graham, lo mantiene encerrado en su habitación esperando que recupere la cordura.
William Douglas, buen amigo de Logan desde hace muchos años, se entera de lo que ocurre y decide viajar hasta las tierras de los Mackenzie acompañado por Amy, la sanadora del clan Douglas y de su marido Aidan,  para ayudar a Logan en lo que puedan.
Pero cuando llegan allí se dan cuenta de que la situación es peor de lo que habían imaginado, porque ni la locura de Logan ni la muerte de su mujer parecen estar producidas por causas naturales.
Afortunadamente, además de la envidia, los celos y una ambición sin límites, en el clan de los Mackenzie ha florecido un amor profundo, sincero y puro que eclipsará todo lo demás. 



Margotte Channing es una escritora bestseller de Amazon. Nacida en Madrid, se dedica a tiempo completo a escribir novelas románticas y policíacas. Ha estado número uno en ventas con sus libros en las categorías: Romance, Romance Histórico, Ficción Histórica y Misterio Histórico. 

Todas las novelas están disponibles en formato ebook para kindle, gratis con kindleunlimited, y también en papel. 
Tiene 31 libros publicados. Las sagas más conocidas y con mayor éxito son: Los Vikingos de Channing, Los Misterios de Channing, Los Victorianos de Channing y Los Lobos de Channing.
Su forma de escribir es amena y resulta muy fácil de leer, además de tener algo en sus historias que enganchan hasta el final. 

Aidan & Amy, de Margotte Channin