lunes, 18 de febrero de 2013

Tertulias de la abuela: el blanco



Hoy voy a compartir el té de los martes
con las mujeres de blanco.


Las que dibujan letras
en una suave pincelada viajera.


Las santas, las libres, las buenas...

(La taza es de porcelana antigua pintada a mano)
(Industria argentina)

Las que abren senderos en plena oscuridad
y sienten impotencia y dolor


frente a la injusticia
y la desvalorización.


Mujeres de noches serenas
que arrullan sueños,


que duermen a su niño, que piensan...


Que cuidan cada detalle,
que sienten la esperanza en la derrota, su soledad...
pero que luchan día a día
frente a las ausencias, al maltrato,
a los encuentros furtivos,
a la falta de abrazos...


Mujeres como tantas, como todas,


llenas de miedos pero valientes,
románticas pero terrenales,
seductoras, inteligentes...


La casada, la soltera, la niña, la grande...
Mujeres con milagros.
Hoy y siempre.


Mujeres de cofia antigua
que cuidan malvones,
que viven de recuerdos
cuando el tiempo camina de prisa


mientras otras incansables
habitan en la penumbra y en los soles
de un presente complicado y realista.


Mujeres con convicciones
que saben lo que quieren y adónde van...


Almas
de raíz y cielo,
de cumbres por escalar.


Maestras de la vida!!!


Mujeres
 de blanco en lugares solitarios
con la virtud del sacrificio
y el amor sin límites.

Mujeres
 que saben que el tiempo es oro,
que tejen y destejen soledades,
que guardan la vida
en un cofre sagrado.

Mujeres 
que dialogan con un beso.

Luján 2013



lunes, 4 de febrero de 2013

Tertulias de la abuela: mis 20 años



Bienvenidos al té de los martes!!!
Hoy quiero compartir este día 
con ustedes
y con mis aquellos 20 años.
Quiero pedirles disculpas
por mis recuerdos siempre presentes,
es que soy nostálgica
pero les prometo que compartiré
otros temas.



Les cuento que cuando cumplí 20 años (foto)
lloré...
es que me sentía muy mayor.
¡Qué increíble!
Nunca acepté del todo el paso del tiempo.

(la tacita inglesa, la tetera del casamiento de mi madre,
mis diarios, la pluma de cuando iba al colegio,
y la carpeta bordada por una tía abuela)



Por aquellas épocas era muy feliz,
no tanto como en la infancia
porque las desilusiones sentimentales
ya habían herido mi corazón
que no conocía lo que era el sufrimiento.


Uno no sabe los triste
que puede llegar a ser la vida cuando es tan joven.
Todo lo ve lejano.


Yo tenía mis prioridades en aquel momento
que no eran, precisamente,
casarme y tener hijos como muchas de mis amigas, 
sino estudiar abogacía, ser escritora...


Sabía que tendría que ocuparme de los negocios agropecuarios
de mi padre.
¡Eso sí que era trabajo!
y por fin hallar el amor.


Me parecía algo tan inalcanzable encontrar una persona
a quien querer y que me quiera
que no pensaba en otra cosa.
Hijos, por ejemplo.


Es que siempre fui tan idealista.

 

Aquel amor tendría que ser:
intelectual, romántico, serio, responsable, estudioso
o trabajador, fiel...
Para mí, un sueño.


Desde los 13 años escribí un Diario
en que desahogaba mis tristezas
por ese vacío que se acrecentaba...


Ya me sentía sola.


Recuerdo que mi padre me había regalado un auto,
en realidad era el auto de la familia,
pero yo se lo había pedido.
Recorría las calles sola o con mis amigas,
me divertía de esa manera.
Nunca fui de salir mucho.

(mi diario principal)

Era niña-grande como lo soy ahora,
bohemia, "novelera" como decía mi madre.
Parecía no vivir la realidad
como todo el mundo.


Sin embargo,
siempre fui muy responsable de mis actos,
muy seria para mi edad.
Me llevaba bien con personas más grandes
y con los varones,
mis compañeros de colegio.


De tanto esperar encontré aquel amor soñado
una tarde de enero,
pero tuvo que irse como llegó 
porque mi familia no quería saber nada de él.
Sufrí tanto que quería morir...

¡Cuánta inocencia en el alma!

Los años me demostraron que la vida
te golpea con situaciones irreversibles
y entonces 
al recordar aquello... sonrío.


Soy una persona que no acepta el paso del tiempo,
es mi defecto.
Por momentos, me siento niña,
por otros anciana sin metas por cumplir,
pero estoy aquí con 20 años más
que en la foto
pero siempre la misma.


Tiempo
hice una hoguera con todas tus edades
y borré el polvo de los caminos
dejando un humo blanco
de campanas y de idilios.
Enrojecida por las llamas
de aquel fuego sin futuro,
no supe lo que el tiempo se llevaba...
mientras caía triste
ese telón absurdo y lento
de minutos de nostalgia y pensamientos.

Hoy,
entre la estepa y el mar,
a corazón abierto,
deshojo silencios
con estrellas y perfumes de violetas.

Luján 2013