Junio

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COM

 

Llega Junio, el invierno en el hemisferio sur.

El presente es solamente eso: mirar la vida a través de una ventana, el tiempo que se queda en una taza de té, en las páginas de un libro, en el ronroneo de tu gato... Todavía las hojas amarillas de los árboles abuelos me hablan con su dialecto acompasado y me traen sueños que no pierden las esperanzas.

Alguien se va a recoger estrellas, estamos desabrigados. La PAZ parece ser una palabra sorda, pero las burbujas de las sílabas le dan vida porque la desean, rozándola con la punta de los dedos.

Y yo sin vela ni timón, sin puerto.

El camino recorrido tiene historia que se vuela como los tantos afectos que perdí, pero estoy entera todavía gracias al sol que nace dentro.

Feliz Junio, cuídense.

💙

Un lugar donde vivir...

eclipse y espuma,
melodía de alas
y palmeras que musitan sus odas.
Allá en el horizonte imposible,
entre las caracolas y las gaviotas,
sin la prisión de tus palabras.
----

Recuerden que solamente dejo abierto los comentarios el primero de cada mes. Los quiero. Un abrazo grande.


PUERTO soledad


Calla el viento. 
Se estremece el mar
 con el oleaje. 
Es un sórdido lamento,
 el grito de la borrasca: 
vano, cautivo... 
como la trama de su herida. 
De la guerra se huye
 como quien busca
 su lejano nido
 mientras el gris anochece
 en esa soledad
 sin velas ni timón, sin puerto.



Las ansias de lejanía elevan su concierto en comunión con la templanza, que se desangra como una triste lágrima sobre los destellos de la soledad del alma.





Para Emilio Torres comienza un largo viaje. Ve la indiferencia en la cruz de otras miradas... Es tiempo de hablar de la esperanza.

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(Gracias lectores por comprar este libro en papel, la dicha es doble)

LICIA. Hermana mía

 


‒En los hijos de María Antonieta. Pobres niños de ojos trémulos, se quedarán solos llorando una eternidad entera.
‒No digáis eso. Sois pesimista.
‒Digo lo que veo Madame Olimpia. La falta de valores lleva a la soledad y a un inevitable recelo de muerte. Los espíritus estrechos satisfacen sus sentimientos, buenos o malos, por medio de incesantes grandezas. Son víctimas.
‒¿De qué habláis?
‒De la soberbia de aquellos que creen que lo tienen todo para ser felices pero caen en un vacío existencial que los ahoga. Si el corazón humano sabe reposar a la altura de los afectos, raramente se detiene en la pendiente de los sentimientos rencorosos.
‒No os entiendo‒respondió Olimpia que ya estaba demasiado anciana para comprender el sentido de algunas palabras.
‒No importa. Mejor me voy porque hay demasiado revuelo en la calle. Mañana estaré a la misma hora. (fragmento)

LICIA. Hermana mía.

💙

------------------------Pasión por la Historia: La última mujer, La abuela francesa, Puerto soledad, La nodriza esclava...

Mamá

 


MAMÁ...


Donde quiera que estés yo sé 
que me estás cuidando como lo hacías siempre
que vivías para mí
porque era tu sola hija,
la que te costó tanto concebir.

Recuerdo todo de ti
hasta las peleas,
eras mi amiga, mi confidente, mi abrigo... 
hasta mi maestra
porque me enseñaste las primeras letras,
a caminar sola, 
                              A TENER CORAJE...

Me dejaste un vacío tan grande
justamente porque me protegiste tanto.
Estoy orgullosa
de ser tu espejo,
llevo tus ojos verdes transparentes 
grabados en mí
como tus lágrimas,
pero estoy entera.



L.Fraix

(Se cumplen 18 años de su partida)

La vida en un minuto, de José Antonio Lucero


 

«Un ambicioso relato, donde el amor y el miedo, el pasado y el futuro, se entremezclan con el destino de dos jóvenes reunidos por el azar en el mismo tren.»
Almudena Grandes

Cualquier vida puede cambiar en un minuto

En el invierno de 1943, Madrid se despereza entre las ruinas de la guerra. En los suburbios de la ciudad, Daniel esconde su verdadera identidad y, con ella, su pasado en el conflicto. En el otro Madrid, el de los cafés de tertulia y los escaparates de la calle Serrano, Julita empieza estudiar letras en la universidad y siente la necesidad de separarse del futuro que su familia siempre había prefijado para ella.

El minuto que tardan dos trenes en chocar

Unidos por la fuerza del destino, los dos jóvenes coincidirán en un largo viaje en el expreso desde Madrid hasta La Coruña, huyendo de lo que otros han planeado para ellos. Allí se conocerán y verán nacer su complicidad, sin saber que el tren está abocado a una catástrofe que cambiará sus vidas para siempre.

El minuto que tardan dos miradas en cruzarse

La vida en un minuto rescata un episodio tristemente desconocido de la posguerra, la tragedia de un choque ferroviario que se saldó con cientos de víctimas y que fue silenciado por la prensa del régimen franquista. Lo hace para mostrarnos que el amor y la vida, a veces, pueden nacer entre los escombros.


La vida en un minuto, de José Antonio Lucero


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Aluen (Cap I-Francisco de Vietma 3era parte)

 



Pedro Medina, soldado del cuerpo de Artillería, quería desertar. Con el mayor sigilo planeaba la partida. Tenía miedo porque era arriesgar demasiado y podía llegar, si lo descubrían, a una sanción mayúscula. No quería pensarlo… Necesitaba dinero que, obviamente, escaseaba. Sabía de un compañero que también quería escapar ayudado por una mujer llamada Ana María Castellanos, pero no confiaba demasiado en aquellos enredos y amoríos. Él era un hombre libre. Se mantuvo agazapado esperando la caballada que le habían prometido a los dos, pero don Francisco de Vietma se adelantó… Hizo detener a Ana María en su casa, quien se dio cuenta de que había sido traicionada por algunos cómplices.

‒¡Usted lo instigó a la fuga! Será condenada a dos años de prisión en Uruguay. En Vietma no hay lugar para vagabundos y desertores y menos para mujeres que no cumplen con sus deberes.

Pedro supo que aquello era demasiado peligroso y decidió quedarse a merced de su tropa, muy a disgusto, convencido de que era imposible alejarse de aquellos lugares, ya que sería castigado por rebeldía. Pedro Medina se sentía abatido; podría haber caído en el abismo de la traición, sin freno ni límite, bajo la emboscada tendida por las confabulaciones de Ana María Castellanos y Bernardo Patruller.

La mujer estaba desesperada; se comentaba que quería morir sin aquel amor porque Patruller sí alcanzó a huir. Se hablaba mucho de la horca y de otros castigos porque la deslealtad era una condena que debía pagarse con la vida si así fuera necesario.

¿Cómo no se dio cuenta antes?

Sabía que era difícil, pero no imposible. Patruller era de esas personas que contagiaban el entusiasmo y el optimismo y, frente a las dudas y el desconcierto, no le costaba nada a Pedro Medina intentar alcanzar la libertad. Es que no sabía. Todavía no se había dado cuenta de lo que era capaz don Francisco de Vietma. Ahora ya lo conocía y no quería enfrentarlo; estaba dispuesto a obedecer aunque se le fuera la vida en ello. El destino lo obligaba a permanecer a la vera de los días desorientado y febril.

 

Un año después, las familias se multiplicaron y empezaron a ver el fruto de las cosechas. En las fincas cavaban fosas o cuevas para defenderse de los ataques, hacían guardia de noche para escuchar la llegada de algún malón. Las mujeres a la par de los hombres trabajaban la tierra. Les suministraban arados y manceras. Las madres cuidaban a sus hijos porque algunos nativos, rebeldes y descontrolados, solían llevárselos después de quitarles los cueros de ovejas.

A los aborígenes Patagones se los llamó maragatos.

Pero fueron las mujeres quienes llevaron adelante la empresa del hogar cuando el hombre se alejaba o se moría. Eran diestras para manejar el arado, llevarlo por el surco guiado por el caballo y luego caminar leguas con el viento azotando los cabellos y la piel curtida. El sacrificio de saber que, contra viento y marea, tenían que salir adelante enfrentando todo tipo de obstáculos y las inclemencias del tiempo. Aquellas mujeres fuertes eran ejemplo para varias generaciones posteriores, las que vendrían a ocupar sus puestos.

Sabían que debían defender la soberanía del sur con el temple acostumbrado, buscar energía en las tareas diarias, hacer mucho y decir poco, lo necesario, y convivir con el nativo tehuelche que solía ser esquivo, traicionero y emprendedor de batallas.

El tiempo, artífice de las horas, caminaba a paso de gigante entre los ranchos de adobe y la ansiedad por encontrar el espacio para que el cansancio sólo fuera una demostración más de que estaban haciendo bien la tarea de colonizar. Los indios pensaban en invasiones y los veían como enemigos. El rencor los llevaba a reaccionar de manera negativa frente a esos blancos autoritarios y representantes de otros que sabían dictar leyes que no respetaban su autoridad. Era tarde ya para reclamos. Los colonizadores estaban instalados para formar familias futuras y caminar al lado, si era posible, sin miramientos.

Patagonia argentina

Con motivo de la guerra con Brasil y del bloqueo que mantenía con el río de la Plata, Carmen de Patagones empezó a recibir el arribo de barcos. Comenzaron a circular personas de todas las nacionalidades, dinero fácil, negros esclavos que iban desde África hacia Brasil. Muchos de ellos fallecieron por las temperaturas bajas y por haber sido abandonados a su suerte a orillas del río Negro.

La situación cambió para aquel pequeño pueblo de casas de adobe que se dispersaba alrededor del Fuerte. Junto al río, como acompañando su cauce, se hallaban las familias españolas que por lo general y para que no hubiera demasiadas complicaciones se casaban unos con otros sin importar el parentesco. Los indios más entendidos se acercaban con la finalidad de comerciar sus productos, especialmente pieles y plumas. Los negros los miraban de lejos y los extranjeros con curiosidad. No confiaban en ellos, pero parecían haberse adoctrinado con la cercanía de los nuevos habitantes. De todas maneras, no dejaban de reaccionar ante alguna emboscada. El pueblo era demasiado pequeño y aburrido, con algunas personas de dudosa integridad que llegaban desde Buenos Aires. Lo cierto era que vivían a merced de los aborígenes, del viento que traía algunos barcos, y de la gente que armaba historias muy inverosímiles para subsistir.

El desaliño de esa pobreza daba lástima y los pobladores se sentían solos y desamparados, a veces ociosos, con el abrazo a medio camino y el deseo, casi elemental, de huir en busca de otros horizontes más prósperos. Algunos ya habían sembrado raíces en ese lánguido suelo que no querían abandonar y otros como Pedro Medina, quien miraba el horizonte frente al mar, necesitaba oxígeno porque todo le parecía hueco, fantasmal, sin pasión y sin sangre.

¿Por qué estaba allí? No lo sabía. Tal vez, era demasiado perezoso para arremeter con la vida.


ALUEN

La colonización de la Patagonia argentina

Los indios tehuelches

💚


--------------Pasión por la Historia: La Institutriz, María Antonieta, Secreto bien guardado, La llave de Sarah, Las seis esposas de Enrique VIII...

Aluen (Cap I-Francisco de Vietma 2da parte)

 



Un día, cuando menos lo esperábamos, se presentó ante nosotros un hombre de figura gigantesca. Estaba sobre la playa, casi desnudo, y cantaba y danzaba al mismo tiempo, echándose arena sobre la cabeza… Al vernos, dio muestras de gran extrañeza y levantando el dedo, quería decir que nos creía descendidos del cielo. El hombre era tan grande que nuestra cabeza llegaba apenas a su cintura. De hermosa talla, su cara era ancha y teñida de rojo, excepto los ojos, rodeados de un círculo amarillo y dos trazos en forma de corazón en la mejilla… Pigafetta “Viaje alrededor del mundo” (indio patagón)

 

La india Teresa fue un personaje peculiar. Se unió a los españoles y los acompañó a descifrar los enigmas de la Madre Tierra como robos y ataques.

Dos mujeres blancas que permanecían en las tolderías por haber sido llevadas cautivas, fueron rescatadas: Andrea Pérez y una niña Anastasia Santiesteban quien había aprendido, por haber estado rodeada de indios, su idioma y sus costumbres. Ella decidió quedarse en esas tierras porque sabía manejarse entre los arbustos espinosos, el suelo agreste y el trato a veces cruel de los nativos, quienes dominaban, con su carácter esquivo, las ideas poco conciliadoras.

Anastasia se quedó al cuidado de Francisco de Vietma; lo ayudó a confirmar sospechas sobre las intenciones de los indígenas que solían acercarse a la casa de Vietma para espiar sus movimientos: esa curiosidad que los alteraba y los confundía porque no comprendían el manejo de los blancos a quienes le temían pero también desafiaban… Estaban dispuestos a arremeter contra ellos; no tenían salida ni escrúpulos. No se podía pedir cordura porque se hallaban exasperados. Finalmente, Anastasia regresó a Buenos Aires.

Los hombres empezaron a convivir con las indias. Llegaron a ser castigados y hasta se convirtieron en seres indiferentes, fríos, sin sentimientos. Nacieron niños de esas uniones que fueron más de una vez rechazados. Los soldados querían escapar porque la vida era demasiado sacrificada, pero los pobladores también sufrían carencias: no había arados ni bueyes, no tenían ropa y dormían en cobertizos de juncos.

 

 

En la región patagónica, azotada por los fuertes vientos, la vegetación arbórea era achaparrada y los pastos duros.

En el invierno, en las cercanías de río Negro, a sesenta u ochenta millas del mar, donde el valle tenía más de nueve mil metros de anchura, era habitable solamente en el lugar donde existía agua para el hombre y los animales y donde la tierra producía algunos pastos y granos. Era nivelado y terminaba abruptamente al pie del barranco en forma de alero sobre la meseta.

Pedro acostumbraba salir todas las mañanas a caminar por el valle, tan pronto como llegaba a lo alto se internaba en la espesura gris, y allí se sentía más solo y alejado de toda mirada humana que parecía estar a mil kilómetros, en vez de a diez que lo separaban del río y del valle escondido. Ese desierto que se extendía hasta el infinito, nunca cruzado por el hombre y donde los animales salvajes eran tan escasos que ni siquiera habían dejado algún sendero visible, se le presentaba tan primitivo, solitario y lejano que, de morir allí, los pájaros devorarían su cuerpo y sus huesos se blanquearían por el sol y el aire, nadie hubiera hallado ni los restos, olvidándose de que alguien salió una mañana y no volvió jamás.

 

 

Los indios tuvieron protección que fue iniciada por Isabel La Católica.

Los misioneros fueron sus grandes defensores, sobre todo el padre Las Casas y el Papa Pablo III quien los declaró seres racionales a los que no se podían privar de su libertad ni de propiedades o convertir a la esclavitud.

Los aborígenes y sus familiares encontraron también toda clase de enseñanzas en las Reducciones, tanto jesuíticas como franciscanas a partir de 1610.

Y así los Tehuelches-llamados patagones por los españoles- de gran estatura y robustez recorrían sus zonas y se alimentaban con mariscos y frutos del algarrobo, fresas, papas silvestres, hongos y raíces. Vestían pieles, se adornaban con plumas y se pintaban el cuerpo. Le gustaban la música y el baile, pero eran muy belicosos.

 ALUEN

La colonización de la Patagonia argentina

Los indios tehuelches.

(novela histórica)

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Un destino propio, de María Montesinos

 


El mundo está cambiando y nadie podrá impedirlo. Una sociedad se resiste al fin de una época. Una mujer busca su propio destino.

Algunas novelas tienen el poder de reflejar la vida en todo su esplendor, trasladarnos a una época prodigiosa, captar el instante preciso en el que todo estaba a punto de cambiar. Esta es una de esas novelas.

Micaela es una joven maestra que llega a Comillas, uno de los pueblos más elegantes de la costa cántabra, en el verano de 1883. Allí conoce a Héctor Balboa, un indiano que acaba de regresar de Cuba tras amasar una gran fortuna y está construyendo una escuela para los hijos -y no las hijas- de los aldeanos. Micaela empieza entonces su batalla para que también las niñas puedan recibir la educación que merecen y necesitan, al tiempo que entre ella y Héctor va surgiendo una atracción capaz de derribar todas las barreras.

Ambientada a finales del siglo XIX, en un momento histórico decisivo y lleno de contrastes, Un destino propio nos habla de aquellas primeras mujeres valientes que se atrevieron a alzar la voz contra una sociedad que se negaba a escucharlas.


Un destino propio, de María Montesinos



💓


***************Pasión por la historia, mis novelas: LICIA, hermana mía, ALUEN, La nodriza esclava, PUERTO soledad, La abuela francesa, Buenas y Santas, La última mujer...


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Aluen. (Cap I-Francisco de Vietma 1era parte)

 


1-FRANCISCO DE VIETMA

 

 

MADRE TIERRA

LOS TEHUELCHES


La Madre Tierra sabía de ausencias, de olvidos y de historia.

Se entregaba a los vientos que venían del mar hasta las costas. Muchos habían intentado las conquistas, dejando sus deseos frustrados por el inhóspito territorio de la Patagonia argentina.

El llano se mostraba brumoso y vasto, tierra adentro, y dejaba entrever la aspereza de ser un enemigo más, como sus fronteras salvajes. Aquellos hombres parecían ser ajenos a la civilización, pero permanecían en ese suelo desafiando las leyes divinas con la convicción, casi brutal, del odio simulado.

Llegaron entonces otros hombres para enfrentar, a veces, con la vida a una civilización distante y única. Se contaban de ellos mil relatos increíbles que dejaron de serlo cuando los conquistadores y misioneros pisaron el suelo bendito.

¿Sabían a quiénes tenían que enfrentarse?

Detrás del fuego que vio Magallanes en el siglo XVI existían pueblos de indios llamados yámanas y Alakalufes que comían cangrejos, hongos y raíces. No eran tan irreales pero inspiraban respeto porque ése era el territorio tehuelche: manso, ágil, con habilidades extremas para la caza. Los yámanas, en cambio, recorrían las aguas en las canoas y pasaban las horas entre la realidad y el silencio que consumían sus afamados deseos de permanecer a la sombra.

Cuando llegaron los extraños habitantes de otros países, comenzó el miedo y la acechanza, el desorden y la intolerancia. Dejaron de ser mansos para levantarse en pie de guerra. Muchos murieron… Carlos III-rey de España- envió familias para colonizar la Patagonia. En esas tierras casi no había mujeres y los indios, al verlas, sintieron la curiosidad obvia a lo desconocido.

 

Los abnegados misioneros intentaron la conquista espiritual de los indios de la Patagonia. Estos pertenecían a la oleada de cazadores mayores. En su patrimonio cultural no entraba la vida sedentaria. Difícil-casi imposible-era reunirlos en misiones fijas para evangelizarlos.

Su adhesión al sacerdote sólo podía consistir en una especie de recurso “al hombre que sabe mucho”, sobre todo al hombre que sabía curar heridas, encender rápidamente el fuego, proveer de cuchillos, telas y adornos. Terminado esto “el hombre sabio” dejaba de ser útil y se lo asesinaba…

Esto mismo sucedió con los misioneros.

Nicolás Mascardi, después de haber tratado de enseñar el cristianismo entre los indios de las actuales provincias de Neuquén y de Río Negro, fue asesinado en 1663. Este religioso realizó la increíble hazaña de atravesar la Patagonia desde el valle de los Vuriloches hasta Tierra del Fuego.


En 1779 con la misión de sostener la soberanía de España sobre la organización de las ciudades, llegaron los hombres enviados por el rey Carlos III.

Francisco de Vietma fundó a orillas del curu leuvu-río Negro-en aborigen, la ciudad de Carmen de Patagones. En esa ardua tarea incluyó a los indios, pero muchos decidieron huir porque Viedma era una persona demasiado rígida y arbitraria que no respetaba la paga y la comida. Mezquino como pocos.

Más tarde, llegaron las familias pobladoras con todas las precauciones de empezar una vida de sacrificio en un lugar hostil, pero con el deseo de superación y de lucha. Eran cinco mujeres y dos niñas: veinte personas que se mezclaron abruptamente con las indias y las cautivas.

Esos nativos habían alcanzado el menor grado de evolución, viviendo de la caza y de la pesca, de acuerdo a los lugares donde se encontraban. Su número era relativamente escaso, pues la fauna de la región se caracterizaba por la corpulencia de los ejemplares. Como eran nómadas, poco les costaba alejarse del lugar que no les resultaba grato.


ALUEN

La colonización de la Patagonia argentina.

Los indios tehuelches.

Aluen. La colonización de la Patagonia argentina. Los indios tehuelches (Introducción)

 SINOPSIS

-La colonización de La Patagonia argentina-

-Los indios tehuelches-



 

Había una vez… una patria olvidada que se transformó en un nuevo hogar para muchos aventureros del mar. Sabían de los vientos y del frío, del peligro de enfrentarse a los pueblos indígenas, pero nada fue un obstáculo para hallar un horizonte para sus hijos.

¿Quiénes habitaban esas tierras?

La historia de Aluen-india tehuelche-es el reflejo de la lucha y la superación, de la soledad y del respeto por los ancestros.

Ella sufrió el acoso y tuvo valor, le robaron a un hijo y encontró el amor en Pedro Medina en Fuerte del Carmen, un soldado del cuerpo de Artillería.

Aluen fue víctima, pero desafió a su tío Namba, cacique tehuelche, en busca de su hijo.

¿Cómo se actúa frente a una situación límite cuando todos los que dicen quererte y prometen ayudarte, de repente, desaparecen?

Ella enfrentó a los colonizadores y a los hombres de su misma sangre. 

¡Vencida jamás!


LA PATAGONIA ARGENTINA

 

INTRODUCCIÓN

 

Para reafirmar sus derechos sobre las tierras de América, España envió sucesivas expediciones al Nuevo Mundo. La tentación de la aventura, la ilusión de lo desconocido, convirtieron así en improvisados colonos a muchos hombres que se lanzaron a la conquista.

La ocupación del extenso territorio americano se fue haciendo lentamente y muchas veces al precio de la sangre derramada: de los europeos y de los nativos que no querían ceder lo suyo.

Al mismo tiempo que los conquistadores, llegaron a América los sacerdotes católicos dispuestos a difundir los principios de la fe cristiana. En su misión evangelizadora, contribuyeron a iniciar a los aborígenes en el conocimiento de la lengua española, con la cual se suavizaron, en parte, las relaciones entre conquistadores e indios.



Los misioneros, pertenecientes en su mayoría a la orden de los jesuitas, establecieron en el Nuevo Mundo pequeñas poblaciones en las que vivían grupos de familias indígenas. Allí se enseñaba a los nativos a cultivar el suelo, a criar animales domésticos y también a desempeñarse en industrias sencillas como la alfarería, la curtiembre, el tejido, la orfebrería…

Con los años otros fueron los navegantes que se arriesgaron a pisar el suelo argentino.

La opresión inglesa los empujó al mar en busca de un sitio donde cultivar libremente su lengua, su religión y sus tradiciones. Alentados por un informe del capitán Fitz Roy-aquél que espió las costas americanas en compañía de Darwin-eligieron el valle inferior del río Chubut (corrupción de “Chupat” nombre tehuelche).

El grupo inicial llegó en 1865 a bordo del bergantín “Mimosa”. Lo integraban ciento cincuenta hombres, mujeres y niños, provenientes de casi todos los condados de Gales. Había desde picapedreros hasta maestros de escuela, tipógrafos y farmacéuticos.

Con estos pioneros arrancó la primera colonización perdurable de la Patagonia argentina, tres lustros antes de la Conquista del Desierto, cuando los indios dominaban el territorio y la población más austral era Carmen de Patagones. Años después, el aporte de nuevos inmigrantes sumó cinco aldeas al primigenio Trerawson (pueblo de Rawson-homenaje al ministro que apoyó la aventura) y llevó la Nueva Gales del Sur hasta el país de los Andes.

La Patagonia rebelde.
La Patagonia trágica.


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ALUEN------

Paleta de luz para el alma

 


El color es una sensación con carácter peculiar y capaz de producir, además, una emoción. Actúa sobre el alma, despierta la emotividad o las ideas que calman o agitan al ser humano. Es una cualidad especial que distingue el estilo, una forma de aportar identidad en los espacios que domina. Y, si de la naturaleza se trata, es un tinte original que colorea los pétalos que se abren en cada temporada. En esta primavera, elegimos el rojo y el violeta, dueños de una gran fuerza.

El rojo es potente, primario y cálido. Luminoso y vibrante. Simboliza la pasión, la vida y la fortaleza. Es complementario del verde, naturalmente encontrado en el follaje que sostienen las flores. Algunas especies sugeridas en ese tono son:


CALISTEMO

Es un arbusto cuya floración es en primavera y en otoño.
Es para sol pleno, muy utilizado como cerco.


ACHIRA

Su floración comienza en verano hasta otoño.
Prefiere el sol de la mañana.
Es una planta muy noble y resistente.


SALVIA ROJA

Herbácea, con floración casi todo el año,
menos los meses de mucho frío.
Le gusta el pleno sol.


CEIBO

Este árbol es nuestra flor nacional.
Florece en primavera-verano,
y alcanza una altura de 12 metros.
Sus flores son de un rojo fuerte y suavemente perfumadas.


DALIAS

Su floración en verano y en otoño.
Le gusta mucho el sol.


Si al rojo le agregamos un porción de azul, surge el violeta en su infinidad de matices. Se asocia con la realeza y simboliza el secreto y lo consciente. Es complementario del amarillo y sus tonalidades son de claras a oscuras, como el lila y el púrpura. 


TUMBERGIA

Enredadera de floración primavera, verano, otoño. 
Trepa hasta 4 metros, en sol pleno. 
Con bajas temperaturas pierde el follaje.


HARDENBERGIA

Trepadora cuya floración es a fines de invierno
y principios de primavera.
Es de sol y su intensa floración la convierte en una enredadera
muy ornamental.


RUELLA

Es una planta subarbustiva que florece todo el año.
Sus flores atraen los colibríes.


JACARANDÁ

Este árbol es de follaje tardíamente caduco y llega a los 12 metros de altura.
Florece en octubre cuando no tiene hojas
y una segunda floración en enero con hojas.


VIOLETA

Florece desde el invierno hasta la primavera.
Crece bien debajo de los árboles y en lugares luminosos
pero sin sol.
Sus flores sobresalen entre el follaje con forma de corazón.


Patricia López y Roxana Wolojviansky


Aluen



Pedro se fue para el Fuerte y la noche asomó entre los sauces. Había perfumes en la calidez de las calles que aguardaban la vida para arremeter con la paz. El pueblo dormía, igual que las aves, para levantarse con los gallos mañaneros. Nada era tan vasto como los sentimientos que no mentían y que podían ser uno frente a la verdad de los ojos.

Aluen, la india, huérfana, sufrida, aquella que quería morir... hoy era una mujer muy hermosa e inteligente, obra del padre Hilario, que podía seducir a cualquier hombre y que llevaba la sangre nativa con recelo porque ellos le habían hecho sentir el rigor de la venganza y del resentimiento. Aluen no quería volver a ser aquella niña asustada que obedecía y a quien obligaban a odiar. Necesitaba resucitar de ese letargo para reinventarse y jugar a ocupar un lugar de señorita de pueblo como muchas, como todas.

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LA COLONIZACIÓN DE LA PATAGONIA ARGENTINA
LOS INDIOS TEHUELCHES



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“Para Elisa”, de Ludwig van Beethoven

 



Mamá quería que yo aprendiera a tocar el piano,
pero por esas cosas de la vida
nunca tuve inclinación por los instrumentos musicales,
siempre me gustaron los libros.

Ella
le había pedido a su padre Juan,
mi abuelo,
que la dejara ir al pueblo a estudiar,
porque su mamá pensaba,
como en aquellas épocas
que una niña tenía que aprender
a tejer y bordar.



Le quedó esa inquietud por siempre.


Yo aprendí algo con la hermana María Jesús
en el colegio,
las primeras notas
de "Para Elisa"
y allí quedó todo...
guardado en los sueños de mi madre.




Pinturas de Auguste Renoir



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