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"Vera Violetta". Cuentos del día después...

 

Gracias lectores de América por adquirir este libro en tapa blanda.
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Cuentos breves históricos en los que se asoman, tímidamente, Jorge L. Borges, Salvador Dalí, Alfonsina Storni, Honorato de Balzac, entre otros. El tema principal es el misterio pero tratado sutilmente como una idea o pensamiento, tal vez como una añoranza. El adiós de una persona querida o no y todo lo que ese hecho provoca, un bagaje de sentimientos encontrados: lucha, recuerdos, amor y soledad... SU PERFUME... permanencia.

VERA VIOLETTA es el nombre de un perfume de la firma Roger & Gallet de 1894 y que usaba mi tatarabuela Francisca en la novela "La abuela francesa"



**** El cuento "La Herida" fue representado en una obra teatral llamada "Cuento con vos para contarte" por la actriz Marta Limonta. (Rosario-Santa Fe, Argentina)

El perfume de tu presencia

 

*Perfume creado en 1892 por Roger et Gallet.




VERA VIOLETTA

Alguien forcejeó en la puerta de comunicación de la sala con el cuarto inmediato; se desprendió bruscamente el pasador y cayó al suelo con un gran estrépito, la puerta se abrió y apareció Eduardo du Champ que se iba a trillar las parvas de lino. Había estado discutiendo con su hijo, se hallaba muy enojado.

Juana, su esposa, se quedó sola; escuchó un ruido y se asustó. Miró pero no vio nada entonces subió al altillo y espió por una turbia ventanilla. El mutismo la enloqueció más. No había gente a su alrededor. No estaba el comprador de lana ni el vendedor de ropa ni los peones.

¿Era el alma de la abuela Melanie que la atormentaba por haber sido siempre tan indiferente?

Juana parecía un ánima envuelta en un cuerpo ajeno. Sentía el perfume de la abuela a la hora de cenar y escuchaba sus palabras. ¿Juana se estaba volviendo loca? Como no tenía otra alternativa hizo entrar al comedor a todos los perros: ovejeros, uno mezcla de dogo y lebrel y algunos chiquitos. La gata Lola dormía entre los guardianes sobre un almohadón de plumas.

Era obvio que las alucinaciones eran fruto de sus temores. Cuando Eduardo regresó vio a los perros en el comedor. Ella huyó a su cuarto; él quiso enojarse pero percibió el Vera Violetta* y quedó paralizado por la emoción…

L.Fraix

------Del libro de cuentos Vera Violetta. Cuentos del día después...


Cacería de brujas

 


“Sus terrores crepusculares avanzaban ahora

en forma de monstruos que se arrastraban hacia la cama

y trepaban, dificultosamente, por la colcha…”

 

Horacio Quiroga

 

 

Alicia murió, por fin. La sirvienta, cuando entró al cuarto, después de deshacer la cama, sola ya, sintió en el pecho un temblor. Sobre los muebles había plumas, polvo de huesos y sedimentos de sangre.

Jordán, el esposo de Alicia, apagó las luces y dejó la sala a oscuras para que descansara de los susurros de aquel cuerpo vacío y marchito que, entre las sombras de la noche, se agigantaba como un millón de pájaros.

En la montaña, una mujer miraba una fotografía. El calor había recorrido su figura esclava y rejuvenecida de fiebre y la había abandonado con un estallido de fuego que luego se apagó lentamente. Ella se dio cuenta de que lo había hecho... La luz ya había perdido su fulgor.

El viento lloraba a través de la cortina de la choza y cubría su cara inerte frente al óxido de los ataúdes, cordones de zapatos tejidos con cabellos humanos, morteros y lámparas de aceite. Su risa era curiosa, tal vez irónica, en su boca sin dientes.

La batalla estaba ganada. Pensó que tendría que cavar un pozo para borrar las huellas.

Sin embargo, el mal vuelve a su raíz con abundancia y confusión para hacer justicia con las mismas armas.

Se escuchó el sonido de un trueno y el aire comenzó a soplar seguido por un rayo que partió la tierra.

‒¡Voy a emprender una difícil y larga travesía!‒gritó la mujer aterrada por el miedo a morir ante el castigo de los dioses.

El huracán azotó la vieja casa y volaron los objetos: libros de magia, colmillos de marfil, ollas negras con jarabes de hongos y la foto de Alicia castigada con elementos punzantes y agujas de acero.

El fuego incendió los recodos con hambre de venganza y la hechicera se dejó vencer en su cama bajo un edredón de plumas. Su propia fuerza interior, aquella que utilizó siempre para sus burbujeos con lava en la maraña de sus ritos, la dejó inerme y obligada a la postración sin poder defenderse.

Un minuto después, se produjo un silencio fantasmagórico que inundó las calles, enmudeció las voces y apagó los ecos de pasos en esa noche que moría de debilidad.

Jordán subió la escalera, fue hacia el dormitorio y miró por la ventana. Se percibía un olor tropical pero… había llegado el invierno al jardín de Alicia.


Fraixlujan

----Del Libro "Vera Violetta". Cuentos del día después...

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"Vera Violetta" (Cuentos del día después...)



EPÍLOGO



Una mujer está sentada sola en su enorme mansión. El mutismo la envuelve con su infinito rezongo de longevo e intenta persuadirla de que ya no existe un camino para elegir. Ella sabe que no hay nadie más en el mundo, que es inútil que busque en las sombras una huella: todos los seres han muerto. Reconoce que no le devolverán las décadas y que alguna trampa la espera detrás de los tabiques mientras aúlla el viento, entre las hojas, llamando al amanecer para poder calentar sus huesos.

Golpean a la puerta... Va hacia ella temblorosa. Cuando la abre la ráfaga de aire la empuja hacia la oscuridad. Un cementerio poblado de tumbas blancas la mira y trata de enredar la tela en derredor de su figura. El borrascoso silencio se hace más incomprensible y en el vértice de las cruces se oyen los ecos de algún viacrucis. La mujer camina entre las sepulturas con dificultad tratando de liberarse de las enredadas cadenas que arrastra, hasta que se detiene delante de una ilegible inscripción.
¿Acaso no sabe que hace ya más de medio siglo que...?

Luján Fraix


Este cuento fue una de mis primeras publicaciones.
"Nuevos cuentistas Argentinos"---------------Red Literaria Sur (Buenos Aires, 1995).
Antología compartida con otros autores.
💓
Publicado en "Vera Violetta" (Cuentos del día después...)

Vera Violetta-cuentos del día después...




ÍNTIMO REGRESO


Nací al lado de la piedra, junto a la montaña,
en una madrugada de primavera,
cuando la tierra,
después de un largo sueño,
se corona nuevamente en flores.”

Alfonsina Storni.




En la avenida de las madréporas hay una casa; ella lo sabe ya desde algún tiempo por eso escribe poemas de mar y de arena. Gobierna la razón y esparce el agua de su cosecha como dádiva exquisita.
Está enferma o simplemente fatigada por la lucha diaria y quiere emigrar hacia otro cielo de escasas soledades, donde los años no vencen a las fuerzas por sus propios medios. Camina sobre los tacones antiguos tratando de pulir los pensamientos para no caer convertida en cenizas sobre los musgos escardados.

Acostumbra a obrar con reflexión, procura la instauración gradual de las ideas, fortalece y repara sus ruinas… pero ya no puede controlar sus emociones. Es sabia e inestable y lleva en las venas un líquido que hierve como la sangre del rosal a pesar de su espuma de nácar. Todavía le queda tiempo para elegir y escapar del gris de la mediocridad con el valor de una grande que se enfrenta a los cánones establecidos.
En su cabeza, los versos octosílabos recitan odas de cámara en algún baptisterio de catedral para huir del realismo. Es sólo una mujer que dibuja con palabras que dicen más que todas las verdades pero está cansada de fingir; una voz le confiesa que el mundo la castiga con violencia y que la injusticia trepa por sus tristezas febriles hasta ahogar las lágrimas mientras la nodriza fina acomoda las sábanas para el próximo descanso.

Cada uno de los latidos de su arteria es un reloj que reduce a polvo sus impulsos de seguir con la pelea. La inmortalidad se extiende laboriosa para dejar la gloria y las nervaduras de brotes y de pájaros.
Revela su ciencia con un cancel abierto a los ojos de quienes, con su soberbia, tratan de negar la influencia creadora. Ella escucha su corazón y sus temblores y sabe que la aguarda un paraíso, pero no tiene ganas de sentarse a ver llegar el tren con los vagones.

Bebe la medicina en un lenguaje de conceptos con cadencias determinadas porque conoce el idioma de memoria y, con toda la sabiduría a cuestas, camina hacia la costa del mar mientras el viento de las cuencas golpea los barrancos; ella contesta que ha salido y se interna por el imaginario sendero en busca de la quietud que no encuentra y necesita. Se agita la cofia de rocío por el aire que la enfrenta con su rostro de niña sin suerte.
Alfonsina
Recuerda un amor pasado como una herencia justa que la vida le regaló en otro tiempo y escucha un grito acongojado:
‒¡Mamá!

Es Alejandro que aparece en la oscuridad de su destino; tiene aires de soledad en sus ojos pueblerinos y una orfandad de espíritu parecida a una sombra que lo persigue convencida de ser leyenda.
Ella sufre a la orilla del mar que todavía la espera para sorber su fertilidad con la savia de su historia inacabada.
Son dos llamados diferentes con un mismo azote.
La mujer, al ver a su hijo, regresa…


---------Del libro "Vera Violetta"-Cuentos del día después...


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Cristales rotos



Alex Alemany



-Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese del tiempo...

La mujer escuchó retumbar esas palabras en la sala vacía.

-Allá al final del camino la estoy esperando, pero no tenga miedo. Sujete el reloj y mueva los hilos que articulan el movimiento incansable de la vida. En la ribera, el Hacedor mira el Universo..., los tranvías corren calle abajo, las horas se llenan de fugaces alegrías y de ellas nacen ilusiones... El aire y su fragancias de mar..., dardos que alteran los latidos..., amores infinitos...

¿Qué espera del destino?.

Ate ese reloj de gatillo antiguo y déjelo respirar la libertad, no siga sus pasos, rescate en su memoria la sabiduría de un instante, la debilidad y la fuerza como dádivas de su ser único. Allá, en el fondo, estoy yo y tiene que ganarme la carrera.

Pero la mujer no rompió los espejos, no dejó caer los brazos... y el tiempo fue su tirano en esa lucha por sobrevivir.

.......................................

Hoy, anciana, frente a la muerte, los segundos le robaron su derecho a réplica.

Luján Fraix
Cuento de 1996

* Premiado en el concurso de cuentos (A.D.E.A) Buenos Aires.

---Del libro de Cuentos Vera Violetta

La gitana

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La bailadora viene desde el tiempo a buscar sus cuentas esparcidas y la música de timbales. En sus ojos se enlazan las luces de las fuentes, los padecimientos indígenas y la emotividad de su alma casi ficticia, pero tiene vida. Su vuelo de gaviota la trae desde la caverna de ángeles y allí se queda, libre de cadenas y del desenfreno del gentío. Ante el prejuicio de los sabios, se muestra cauta porque adora la paz y el recuerdo de su padre aunque sabe que no volverá a guiar sus pasos. Para ella no es casual la ventura de regresar y ceder espacio a las horas en una soledad sin juicios, en una inmortalidad de conciencia donde la íntima obsesión es sobrevivir… El instinto mueve su carga de abalorios y tiemblan ante la debilidad de un pueblo abnegado y aburrido.

Por momentos, se deja atrapar por la amargura en las manos de un mendigo y ve la tierra vilipendiada por los desconocidos que construyen torres en jurisdicciones ajenas; oye silbatos y su mirada brilla en el desorden de la calle majestuosa. Antes de hablar, busca los restos de su naufragio: marañas de humo sofocadas por gritos escaleras abajo, la voracidad de los enemigos negros bajo el témpano de sus alabardas, el hombro de aquel hombre feo…

De repente, escucha voces de una muchedumbre; se asusta y escapa hacia la catedral “Nuestra Señora de París”. El párroco la consuela y le dice:
‒Esmeralda, busca a Quasimodo en el trueno y la distancia, en la llama de los campanarios poblados de palomas, en el fulgor irisado de los espejos… De aquí se fue hace ya mucho tiempo.

 L.Fraix

→Del libro "Vera Violetta". Cuentos del día después...

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Trama del cielo

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La araña trepa por la pared de la antigua casa.
Ella entra despacio al cuarto vacío de su hijo. De pronto, escucha un llanto. Desesperada, abre un ropero. En el fondo, hay una caja con un muñeco roto en mil pedazos. Mira a un lado y al otro...
En la puerta, parada, la soledad.

L.Fraix

(microrrelato)
Del Libro---Vera Violetta. Cuentos del día después...







"Vera Violetta"-Cuentos del día después...



EL MORADOR


Me gustaba ver la casa de lejos, como al pasar, cuando de chica iba al campo que quedaba al frente.
Me contaban que mi abuela Juana tejía en la galería junto a los guardianes y la gata Lola. Yo la veía linda con su pelo blanco y las arrugas de anciana joven. También estaba el abuelo Eduardo vestido de gaucho con el recado, el lazo, las boleadoras, el facón y las espuelas.
 La casa miraba al norte y estaba rodeada de cedros, álamos y pinos. Un molino daba vueltas con su palabrerío de rey que observaba la luna todas las noches y escuchaba, sin chistar, los rezongos de Jeremías, el criado negro.

 La tía Francisca llegaba los domingos cargada de pasteles y recorría las plantaciones de verduras… Tenía aires de dama europea con el traje de Coco Chanel y su perfume “Vera Violetta” inundaba las habitaciones que olían a dulce de ciruelas, muy duradero y estimulante.

  En presencia del abuelo Eduardo todos callaban y nadie podía eludir su rígido armazón de caballero de las pampas argentinas con su trayectoria de político caudillo.
   Esa morada guardaba secretos con sus cuartos pequeños y claros y sus muchos faroles que Jeremías encendía al atardecer cuando los espectros de los sembrados hacían sus nidos en los portales. Esquelético, el mucamo negro vagaba por los pasillos llevando una bandeja de plata y consolaba el llanto de la abuela Juana que arrastraba sus pañoletas de invierno con desconfianza y miedo. Las gallinas dormían sobre los árboles cuando el sol se apagaba y se serenaban los ánimos, pero el jaleo podía aparecer en cualquier momento con las travesuras de Alberto, Elisa o Roberta. Los muebles de caoba relucían frente a las tazas de porcelana de la bisabuela Melanie en el comedor, mientras François los miraba a todos desde un retrato pintado por algún artista bohemio inhumado hacía ya mucho tiempo.

    Esos años enlazaban historias y traían a mi vida recuerdos escabrosos e irreales que atronaban en mi cerebro cada vez que pasaba con el auto por el portón.
     Frente a la realidad que me hablaba dialectos diferentes, un día decidí visitar el lugar para irritar el alma del abuelo Eduardo y escuchar el parloteo de cotorra de la tía Francisca, pero el silencio de ultratumba se ataviaba de Quijote y se burlaba de mi curiosidad pueril.
     La casa desierta estaba destruida. Los cristales rojos y blancos en cuadros de la galería de los vitrales eran trozos minúsculos esparcidos por el piso de mosaicos, como si algún ladrón se hubiera enojado con aquella familia de labriegos.
    Los dormitorios helados mostraban la desazón ante las paredes ajadas; esos muros llenos de palabras se enfrentaban con mi mirada: la primera.

    A mis espaldas escuché que alguien habló:
     ‒Buenas noches.
    Un haz de luz penetró por una grieta y no pude gobernar el impulso de darme vuelta: era un peón de estancia. Miré la puerta de vidrios labrados con la cortinita tejida al crochet que seguramente mi abuela Juana había colgado.
     ‒¿Tiene miedo de recorrer la casa?
     ‒Sí, porque es tarde y está algo oscuro… ¿Usted no se asusta un poco cuando aparecen las sombras en un lugar tan silencioso donde tantas vidas lloraron o rieron?
      ‒Bueno…‒dijo el hombre dudando‒, antes… cuando vivía sí.

L.Fraix

-----------Del libro Vera Violetta-Cuentos del día después...
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❤❤

Cuento publicado en la antología "Las huellas de Hudson" y presentado en la Feria del Libro de Florencio Varela-Buenos Aires.


Vera Violetta-Cuentos del día después...


VIVIR COMO CIEN AÑOS



Sus ojos oscuros se quedaban demasiadas horas mirando la calle. Hacía dos meses que no lo veía pasar. Hasta ahora Emilia no había conocido el amor. Se hallaba abatida por una quimera. ¿Qué se escondía entre las sombras de ese silencio? Ella no entendía cómo podía querer a alguien que solamente la miraba desde un automóvil. Veía el mundo a través de la ficción con audacia, inocencia y sensibilidad. Lo idealizaba demasiado. Nunca habían cruzado una palabra pero aquellos ojos alcanzaban para comunicar el mutuo sentimiento. Emilia se refugiaba en la escritura; él estudiaba abogacía. 

¿Tenía que luchar por ese cariño o dejarlo morir para seguir viviendo?

Emilia estaba acostumbrada a sus arranques de fugitivo.
-No nos gusta su familia-le dijeron sus padres.
Ella lloraba y se aturdía con las novelas inglesas en la casa de tejas españolas alborotada de gatos y de historias de inmigrantes. Cuando el aire estaba fresco salía a recorrer las arterias para ver si lo encontraba, pero ese lento circular se desplomaba con el latir  de la ausencia. No lo hallaba, era casi un desconocido. ¿Acaso solamente existía en su imaginación?

-No se te ocurra acercarte a él-volvieron a decirle.
Esa orden sonó hueca y distante. Emilia ya sabía lo que tenía que hacer, aunque sus perspectivas eran tan sombrías como la soledad de su alma. Estaba sufriendo mucho por ese alejamiento. Lo buscaría y le diría que lo amaba.
Pasaron los meses como siglos y no supo nada de él. El agotado canto de las cigarras le decía que el estío llegaba a su fin. Aparecía el gris oro de un otoño desmembrado por la angustia de la espera. ¿Qué le habrá pasado?

Una tarde, hablando con una persona amiga sobre distintos temas, escuchó decir como al descuido: él se casó… Emilia sintió que se moría; la vida ya no tenía ningún sentido. Comenzó a escribir poemas desordenados y vehementes  para mitigar el dolor. Se subió al automóvil y recorrió avenidas desiertas entre ráfagas de viento y brisas marinas. Miró cada rostro.
En el pueblo, la luz se hundía entre la pobreza del follaje y se divisaba el cielo rojizo. Estaba perdida, no podía reconocerse. Regresaba a la casa, después del itinerario de cada jornada, y se desplomaba en el sillón. No decía una palabra.

Pasaron tres años.
Aquel amor imposible seguía latente en su corazón. No podía olvidarlo pero se resignaba a permanecer a la vera de esos meses prestados. Tenía la convicción de que se quedaría sola por el resto de su existencia.
Todos los días subía a un colectivo para ir a estudiar Filosofía y Letras a la facultad. Seguía de duelo y sus ojos húmedos fingían sonrisas que se desdibujaban con algún recuerdo.

 En la semana, tuvo que viajar en otro horario porque una profesora no daba su clase. El colectivo solía parar en poblaciones vecinas. Sin imaginarlo siquiera, él estaba allí: traje oscuro, corbata, maletín… El hombre ideal, seductor como pocos. Lo escuchó hablar por primera vez con alguien y sintió que su alma se desintegraba por completo; le miró las manos, no tenía anillo de compromiso. Olvidó todo. Comenzó a ir siempre a esa hora, retrasada, para verlo subir… Deseó tanto un encuentro. Para ello pensó en una estrategia; se ubicó muy atrás y colocó una carpeta para cuidar el lugar y que él no tuviera otra alternativa que sentarse a su lado. Así pasó. La ingenuidad de aquella cercanía aumentaba sus esperanzas. Él, cuando abrió el maletín, tembloroso, se le cayeron los textos. Emilia lo ayudó a levantarlos. Vio, entre tantos, la obra de García Márquez “Cien años de soledad”, su autor preferido, y se enamoró más todavía.

Cuando llegaron a la terminal estaban solos porque los pasajeros ya habían descendido en su totalidad. Él se levantó para cederle el paso, a Emilia le temblaban las piernas. Comenzó a caminar rumbo a la facultad mientras escuchaba la proximidad de ese hombre. “Es casado, no tiene que pasar nada, no puede alcanzarme”, pensó. ¿Acaso no valía ella tanto como las que eran felices?

Ya no escuchó sus pasos. La culpa ratificó los hechos: no era valiente. Apoyó la cabeza en la pared del instituto para ahogar la pena. Hubiera preferido una vida tumultuosa, placeres y todos los deslices prohibidos que, obviamente, ignoraba. ¡Tantos valores!¡Para qué! Sintió una lluvia de amenazas y de castigos por tener esos sentimientos. El equilibrio estaba roto, el poema inconcluso…



            Con el tiempo, se convirtió en huella. Cada jornada tomaba el colectivo con sus libros en la mano; atravesaba poblaciones desfilando a la luz de la luna, recorría la misma distancia y al final del viaje se veía siempre en una plaza frente a la antigua facultad. Esperaba que un anciano vestido de oscuro se sentase a su lado para compartir “Cien años de soledad”.
L.Fraix

------------De Vera Violetta-Cuentos del día después...

Vera Violetta-Cuentos del día después...




VERA VIOLETTA-Cuentos del día después...

Nº1 en amazon Brasil (en su categoría)

Sorpresas que da la vida, nunca lo hubiera imaginado.

Muchas gracias.

💙El cuento "La Herida" fue representado en una obra de teatro "Cuento con vos para contarte" por Marta Limonta (Rosario-Argentina)


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El ejecutante


Salvador Dali The Butterfly Effect

La sala del centro cultural está desierta y sumergida en el hermetismo de su paraíso.
En el laberinto de imágenes se ve la luz de los pensamientos y cada cuadro es analizado con rigurosa exactitud, descarnando las pinceladas con objetividad. Los misterios flotan en la desnudez y llevan ánimas que caminan con soberbia e intentan alertar a los espectadores que habitan en los silencios.
De pronto, dos individuos de pasos secretos se cruzan por los corredores de la galería. Con un ligero temblor uno de ellos dice:
‒Este lugar es tétrico. ¿Usted cree en apariciones?
‒Yo no‒responde el otro con un gesto de apatía.
‒Yo sí-dice el primero y desaparece…
El hombre, perplejo, regresa a su hogar; se sienta en el sofá y realiza trazos en un papel en blanco. Las líneas se llenan de matices y siente que su mano gobierna el cuerpo y su mente. Desde un rincón, una mujer lo mira… Se llama Gala, musa de alguien magnífico.
El artista se acomoda sus largos y retorcidos bigotes, luego sonríe…
Ahora sí cree en fantasmas.
😊

❤Basado en el cuento de

George Loring Frost



---------------De "Vera Violetta
                          Cuentos del día después...

"Vera Violetta"-Cuentos del día después...


❤Hola a todos.
Nunca les hablé de este libro de cuentos que tengo en amazon porque con el concurso solamente tenía que publicar fragmentos sobre mi novela Buenas y Santas...

En todo este tiempo estuve recopilando cuentos que escribí en los años que asistía al Taller de Escritura y Lectura. La mayoría de ellos obtuvieron galardones en distintas épocas y me pareció que era buena idea reunirlos a todos.

Son cuentos históricos en los que asoman como tímidamente personalidades de la cultura como Jorge L. Borges, Alfonsina Storni, Salvador Dalí... y también los años belicosos de la Inquisición y el siglo XVI.

El tema principal es el MISTERIO pero sutilmente tratado como una idea o pensamiento, tal vez como una añoranza.
El adiós de una persona querida o no y lo que el hecho provoca: un bagaje de sentimientos encontrados: lucha, culpa, recuerdos, amor y soledad.

El perfume, tan importante, el que queda en el arcón del tiempo. La permanencia.

"VERA VIOLETTA" es el nombre de un perfume de la firma Roger & Gallet de 1894 que usaba mi tatarabuela Francisca en la novela LA ABUELA FRANCESA.

El cuento "La Herida" fue representado en una obra de teatro "Cuento con vos para contarte" por Marta Limonta (Rosario-Argentina)


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