Buenas y Santas... Los hijos olvidados
SINOPSIS
"Un lector vive mil vidas antes de morir. La persona que nunca lee vive solamente una". George R. R. Martin
Y quedan algunos de los míos:
**"La última mujer"(novela)
**"Buenas y Santas" (novela)
**"El silencioso grito de Manuela (novela)
**"Septiembre" (poemas)
Precios accesibles.![]()
Gracias a los lectores que pasaron y se llevaron alguno de mis libros, que me eligieron entre tantos títulos, lo valoro un montón.
“La esperanza está en los sueños, en la imaginación y en el coraje de quienes se atreven a hacerlos realidad", Jonas E. Salk
Infinitas gracias a los lectores que eligieron mis libros este mes.
**Licia (tapa dura)
**Buenas y Santas (ebook y tapa blanda)
**La Liberación (ebook)
**Azul de lluvia (ebook)
**Aluen (ebook y tapa blanda)
Los libros que envié a la Feria del Libro de Buenos 2024 de La última mujer me confirmaron que se agotaron.
Gracias a todos❤
"La libertad está en ser audaz" Robert Frost
Felicitas se escapó, como lo hacía desde tiempos pretéritos, por la puerta trasera que daba a un patio con una huerta y un molinillo desvencijado para espantar gorriones.
Veinte pasos más adelante, en la entrada de una plaza, había una iglesia. Un cementerio la rodeaba cercado por una reja; Estaba lleno de sepulturas con sus lápidas a ras del suelo. El templo se había construido en los últimos años del reinado de Carlos X. La luz solar, al penetrar por los vitraux, iluminaba la ringlera de los bancos acoplados a la pared frente al confesionario con la imagen de la Virgen vestida de blanco, cubierta por un velo de tul pálido. Los sillas del coro eran de madera de abeto.
Felicitas entró a la habitación buscando algún sacerdote. Se sintió amnésica y desorientada.
Aluen. La colonización de la Patagonia argentina. Los indios tehuelches.
Gracias Canadá❤❤❤ (libro impreso)
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ARGENTINA, 1910
SANTA FE DE LA VERA CRUZ
La Candelaria, establecimiento rural de doña Emma: una mujer poderosa y autoritaria. La niña Felicitas, hija menor de la dueña de la estancia, es rebelde y trata de desafiar las leyes éticas y morales de una época donde los prejuicios sociales la obligan a guardar las apariencias. Un amor prohibido y su carácter irrespetuoso terminan por enfermar a su madre que toma una decisión drástica. Una tarde embarcan para Francia llevando como única compañía a Remedios, la criada.
Por aquellos años, las personas adineradas de Argentina solían viajar al hemisferio norte para alejar a sus hijos de supuestos amores inoportunos.
Cuando regresan, después de dos años, están irreconocibles. Cada una oculta secretos inconfesables y la carga de un misterio demoledor que las separa... Serán enemigas de por vida. ¿Y los hijos olvidados?
La pobreza del alma, a veces, no tiene vuelta atrás.
Los temas de esta novela son tratados con filosofía y lirismo: el temor a la muerte, los secretos, el amor, los juicios de la sociedad, la dignidad del hombre, los valores humanos, el poder de la verdad...dejando un mensaje. claro desde la psicología de los personajes.
Buenas y Santas... Los hijos olvidados
Si quieres leer mi novela por capítulos puedes seguir mi blog:
lujanfraixrecuerdos.blogspot.com
La historia de Felicitas y su madre Emma. Dos mujeres con secretos que ocultar a una sociedad que no perdonaba un desliz, en Santa Fe de la Vera Cruz (1910)
También pueden comprar, si así lo desean, el libro en Amazon y en Autores Editores.
Gracias México por apoyar esta historia. Abrazos a todos.
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¿Cómo llegar a los lectores?
Los puños bordados
Me imagino que Felicitas en BUENAS Y SANTAS... usaba estos puños bordados tan románticos como era ella.
Los debía bordar en los días de costuras y labores junto a Remedios, la criada, hablando de sus amores prohibidos y del capataz Antonio, a quien las dos querían por igual.
Eran tiempos de pájaros alborotados, de palabras al viento y de órdenes de doña Emma que cumplía muy bien su papel de padre y de madre.
Y las guitarras en la noche...
Antonio, desde su rancho en la oscuridad, tocaba melodías que enamoraban a todos y luego, con su indiferencia acostumbrada, se hacía el desentendido. Era tan guapo que llegaba a molestar, pero también misterioso y solitario.
Su madre se llamaba Cruz y había muerto hacía tiempo. Los dos fueron recogidos por doña Emma y su esposo Emilio en una estación de tren.
La dueña de "La Candelaria" tenía tanto que ocultar que sus modales esquivos la delataban, y entonces buscaba huir de los interrogatorios. Añoraba un esposo que se había ido a contar estrellas demasiado pronto, aunque nunca lo quiso. Debía disimular, ser "buena gente" para los otros.
Este libro tiene ocultos los secretos de familia y suena repetitivo, pero no lo es tanto. Cada autor cuenta su historia como puede y con su estilo, capta ciertos detalles autobiográficos que son únicos y descubre la personalidad de quienes son artífices de las horas con su pluma especial.
Amo a Felicitas y he escrito una segunda parte.
Gracias a un lector de Australia que leyó el libro. No me dejó señales en Amazon, pero sé que lo terminó y eso me hace feliz. Es una forma de etiquetar su rastro, es una forma de amor...
*
Buenas y Santas... Los hijos olvidados
BUENAS Y SANTAS...
Buenas y Santas... y Los siete dones-Autores Editores
Llorar por dentro, llorar por todo
Felicitas
avanzaba, sostenida por Remedios, ceñida la frente por la corona de azahar y
pálida como el blanco raso de su vestido. Doña Emma recordó el día de su boda
con Emilio. Se veía entre los trigos cuando se dirigía a la iglesia. Estaba
alegre. Ahora no pensaba en el abismo de Felicitas y sus súplicas. Era una
mujer mezquina y perturbada. Parecía estar en perpetua venganza contra alguien;
esos fantasmas interiores que la torturaban desde tiempos inmemoriales: cólera,
celos, miedos, alejamientos, secretos…
Jeremías,
el criado negro, se retorcía de angustia al ver a la niña tan mal. No entendía
el porqué de la situación y Antonio desde los ventanales, con lágrimas de impotencia,
se estremecía de angustia.
Felicitas
se desmayó y hubo que llamar al médico. Hermetismo total. Se suspendió la
prueba del vestido de novia y doña Lucía tuvo que partir para el pueblo. La
llevó Bernardino en el auto.
‒Perdone
tantas molestias. No volverá a suceder.
‒No
se preocupe ‒dijo la modista‒. Suele ocurrir este tipo de cosas cuando las jóvenes
están cerca de la boda.
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Buenas y Santas... (personajes)
FELICITAS SAGNIER: la hija adolescente de doña Emma y de don Emilio, fallecido hace muchos años. La joven era demasiado rebelde y solía escapar con su caballo los días soleados con rumbo desconocido para no oír a su madre.
ANTONIO (el capataz): hijo de Cruz, recogido en una estación de trenes. Fue llevado con su madre a la estancia para ampararlos a los dos. La madre murió joven y él de niño empezó a trabajar la tierra.
JEREMÍAS (el criado negro): alegre, divertido, solidario… Siempre ayudaba a Felicitas a ocultar sus salidas imprevistas y era tratado como uno más de la familia. Le confiaban los secretos y él era totalmente fiel a doña Emma y a Felicitas a quien quería muchísimo.
RAÚL NEDER: hijo de don Simón. Ocupaban los terrenos linderos y eran millonarios. El candidato ideal para casar a Felicitas con una opulenta fiesta como le gustaba a doña Emma.
MARIANO PELAYO: dueño de tierras y de hacienda; vivía en la zona y acostumbraba a ir vestido de gaucho rústico, desaliñado y con demasiado polvo en sus botas. Era irrespetuoso y callejero.
LAUREANO: nativo que había llegado a trabajar a “La Candelaria” cuando era joven recomendado por el comisario.
REMEDIOS:
criada de confianza de doña Emma y como una hermana para Felicitas. De jóvenes,
muy amigas y de grandes enemigas. La vida y los caprichos de la dueña del lugar
las habían colocado en esa situación irreversible.
PERSONAJES SECUNDARIOS: don Simón
Neder y su esposa Ángela, Atilio y Bernardino (hermanos de Felicitas), Josefina
(hija), Josefa (la cocinera), Pietro (músico), Francois y Justine (franceses),
Lucrecia (prima de doña Emma).
"Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto". Cardenal de Retz
‒No pudimos encontrarla ‒dijo Atilio‒. La noche está muy cerrada. Además caminando no puede estar muy lejos.
Ellos no sabían que Felicitas se había llevado el caballo.
Era comienzos de julio. La bruma caía sobre los campos extendiéndose por los confines, entre el contorno de las colinas. No se veían los huertos ribereños ni los patios de las estancias; los árboles sobresalían como oscuras rocas y las siluetas de los álamos aparecían como arenales agitados por la brisa helada.
‒Esperemos hasta mañana ‒dijo Bernardino.
‒¡No! ‒gritó doña Emma‒. Puede estar muerta en algún zanjón o perdida por los caminos. Es una muchacha inocente y en peligro porque no sabe nada de la vida.
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BUENAS Y SANTAS...
Secretos de sangre
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"Un verdadero espíritu de rebeldía es aquel que busca la felicidad en esta vida" Henrik Johan Ibsen
En medio de la noche, Felicitas creyó oír la voz de
un moribundo. Se envolvió con una cofia, especie de ropón con capucha, y quiso
salir del cuarto. Una luz que pasaba por las rendijas de su puerta le dio
temor, pero se tranquilizó al escuchar los pasos de Bernardino y su voz que se
mezclaba a lo lejos con el relincho de los caballos. Bajó los escalones y salió
a la oscuridad. Necesitaba hablar con Antonio. La puerta estaba abierta, la
empujó. El capataz dormía con la cabeza inclinada sobre una butaca; su mano
había dejado caer la pluma y un papel.
“Debe estar cansado, pensó.
El papel decía: Querida…
Su corazón palpitó y sus pies se clavaron en el suelo pero al mismo tiempo le
pareció mejor dejarlo dormir. La horrible realidad no debía perturbarlo porque
era sólo de ella. Huyó por el jardín al oír unos pasos. Sentía los efectos de
un profundo dolor y de aquello que nos hace creer que los pensamientos están
grabados en la frente. Al darse cuenta, por fin, de la fría desnudez de su
casa, Felicitas se sintió pobre. El rancho de Antonio tenía lo que le faltaba a
cada ladrillo de su lujosa estancia.
La joven había temblado cerca de él, apenas pudo
tenerse sobre sus piernas cuando llegó a aquel cuarto.
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Buenas y Santas... Los hijos olvidados
Doña Emma había reunido a toda la familia en la sala
porque había tomado una determinación y se lo quería comunicar a todos. Entró
Remedios llevando el cesto de planchado y la patrona le clavó la mirada.
‒A ti también te interesa lo que voy a decir.
Quédate.
‒Como diga, usted.
Doña Emma, por un momento, cerró los ojos y volvió a
soñar con esa casa dulce y tibia, en la que la luz entraba por las flores
bordadas del visillo. Vio a su madre, siempre de negro por el fallecimiento de
su padre, con aquella sonrisa que era un pozo de lágrimas. Repasó su vida de
hija cuando formaba parte de esa familia y vivía a su amparo; aquella muerte
lenta de doña Rosario cuando se fue como una paloma que emprende sin ruido el
vuelo. Ella la amaba a pesar de que había sufrido mucho, pero no era consciente
de que estaba obrando con Felicitas de igual manera.
‒Quiero comunicarles a todos, especialmente a mi
hija, a quien adoro, que he decidido que nos iremos a Francia por un tiempo.
Eso nos hará bien a las dos, nos despejaremos de los problemas.
‒Yo no voy a ninguna parte‒dijo Felicitas
desesperada.
‒Ya está. No te casarás porque ya has humillado a la
familia Neder hasta el hartazgo pero tampoco nos quedaremos acá para que la
gente nos señale. Tú has perdido el sentido de la moral: primero Neder, luego
Pelayo y finalmente el capataz. ¡Qué descaro!
Rebeldía adolescente
No
le importaba Raúl Neder; sin embargo, era necesario que buscara fuerzas para
defender sus ideas y sentimientos frente a lo impredecible. Sacó del armario
una antigua caja de bizcochos de Reims, en la que tenía la costumbre de guardar
las cartas, y al abrirla se escapó un olor a humedad y rosas marchitas. En el
fondo oculto entre los papeles de su madre, que nunca había mirado, había un
objeto, una miniatura; parecía ser un colgante indígena pintado a mano. Estaba
entre el revoltijo, mezclado con un antifaz, horquillas, mechones de pelo y un
papel amarillo que decía con una letra de infante: “nunca te olvidaré”. Nada
más.
“Qué
mal que escribía papá”, pensó Felicitas al instante.
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