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"El silencioso grito de Manuela", de Luján Fraix

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Arropada sobre un bolsón de campo y sofocada por el polvo y la locura, Letizia, en el cuarto, permanecía mirando el techo. Sentía frío y esa soledad que viene desde dentro, por las carencias. No sabía cómo había llegado hasta ese sitio ni con qué dinero había pagado el primer mes de alquiler. A diferencia de lo que Manuela creía, su hija estaba viva pero con la salud quebrantada y con una imagen entre distraída y perversa que la transformaba en una persona de cuidado; sin embargo, su abrumadora tristeza la llevaba al abandono total. Ya no se preguntaba qué pasaría en el futuro; ella era un combatiente que mostraba las cicatrices como galardones. En la visión incongruente que tenía con la vida, el tiempo era un cadáver al que le realizarían la autopsia de manera rápida y obligada.

La vecina, de vez en cuando, asomaba su cara por el vidrio a través de la cortina para mirar a “La Nueva” como la llamaba ella.

-Eh… tú -solía gritarle, molesta al ver el cuerpo rígido de Letizia y sus ojos absortos observando el techo. Ella no le contestaba porque no la escuchaba; su mente no hilvanaba frases ni pensamientos coherentes.

-¡Socorro!, parece muerta, llame a la policía.


El silencioso grito de Manuela, de Luján Fraix


"La nodriza esclava", de Luján Fraix

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Era la primavera de 1526, el rey se enamoró de Ana Bolena y de sus ojos negros.

Isabel sintió vergüenza y huyó por la escalera aterciopelada; pensó que aquello no era un espejismo. Frente al portal, abrazada a las imágenes aladas que surgían desde los lirios, cayó rendida por un sopor letal que afectó su raciocinio. Sumergida en el ilusorio tiempo de lo sobrenatural, con una congoja parecida a la herida de un puñal, se desmayó de súbito.

Al amanecer, el mundo la encontró fría rodeada de un hielo rocoso y atrapada por insectos y murciélagos. Un gallardo caballero la levantó del piso. Isabel se apartó bruscamente de ese hombre porque estaba en falta. Todo la hacía sentir culpable porque no podía resistir el roce de una mano masculina que no fuera la de Auguste; experimentaba sensaciones extrañas en su cuerpo como si estuviera cometiendo el más terrible pecado.

Enrique se acercó para recibir a Jacobo IV de Escocia. Isabel salió corriendo rumbo a la casa; pensó en la noche que él habría pasado con esa mujer y se estremeció porque creyó que, quizá, el rey la habría visto observando desde la puerta.


La nodriza esclava, de Luján Fraix

(Gracias Estados Unidos y Reino Unido por la compra y las lecturas)

 


"La abuela francesa", de Luján Fraix

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Melanie recordaba a Elemir cuando entretenía a los niños igual que una nodriza del siglo XVl. Para él todo era sorprendente porque se sentía turista y dueño de las tierras; con un tesoro en las manos que no quería que nadie le arrebatara, ni siquiera la muerte. Sin embargo, lo hizo despiadadamente y lo dejó más solo que cuando pedía limosna en el pórtico de la iglesia de Santa Úrsula en Francia. El padre Honorato Liberté, aquella persona sana que le enseñó a ser fuerte era un vago recuerdo igual que la estampa de Elemir: el gaucho, el amigo incondicional, el alma y el cuerpo de François.

Por el postiguillo de la puerta, se veían los ojos de Jeremías turbado por la ancianidad que venía a contar cuentos junto con Melanie, los dos solos y acurrucados. No podían capturar el tiempo y le temían al sufrimiento porque sabían que era el fin de la travesía.

 

Sólo conocen la luz aquellos que tienen fe. Melanie de eso podía estar tranquila. Fue la fundadora de la iglesia, quería a su colegio y a las hermanas Carmelitas de la Caridad y concurría a misa de réquiem y en especial a la del jueves y viernes Santo y por la Navidad. Esclava de los rezos y al servicio de quienes la necesitaban, siguió los pasos de su madre con la humildad de los grandes, tal vez su porte y el genio no dejaban ver su sensibilidad, el miedo a dejar a los seres queridos sin protección y el terror a lo desconocido, pero estaba latente la nobleza bajo el poncho de dama guerrera.

El día que Jeremías murió había gorriones que volaban por las callejas donde se consumían las mieses. Acudieron a despedirlo sus amores antiguos, Nicolás y Carlota, Elemir, tan viejecito como él, todos los hijos postizos que educó y Melanie, su compañera de lágrimas. La cara iluminada por la blancura de su alma parecía sonreír a los descendientes que arrastraban su catecismo de consejos y atenciones. Quizá hubiera tenido que llover en el instante del adiós para corroborar su trayectoria, como dicen en el campo, pero el aguacero llegó al otro día con las fiestas patronales.


La abuela francesa, de Luján Fraix


Retratos literarios: Constance de Luca

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Constance de Luca era la niña bonita.
Le decían Coty porque su madre se llamaba igual.
Su vida, en los años ochenta, era parecida a la de muchas jóvenes de su edad, pero Coty era más madura.

Tenía sueños y también obligaciones, quería ser maestra de niños.
Lo logró porque la llamaron, al poco tiempo de recibirse, del instituto San Francisco del pueblo: un colegio religioso.

Pero... el amor estaba allí, latente, impredecible, soñado.

Y Coty comenzó a lidiar con ese sentimiento; no quería distraerse de sus obligaciones de maestra, no quería rendirse... Sin embargo, lo hizo.

Las presiones familiares la llevaron, sin querer, a un tremendo vacío donde no podía sostenerse. Necesitaba escapar, ser libre, ser otra... Y así fue como despacio fue huyendo de sí misma para convertirse en un ser extraño.

Coty: la bella y amorosa, la dulce, la niña bonita y educada, la joven perfecta, dejó de comer.
La anorexia nerviosa era, por aquellos años, una dolencia desconocida y sus padres no supieron cómo enfrentarla.

Una novela basada en un hecho real con pasajes de ficción y testimonios reales.
** 
LAS HORAS DE COTY
Vivir con anorexia nerviosa.

Una penumbra más para mi abuela Juana

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Acá mi abuela Juana conmigo en el día de mi bautismo. Tenía seis meses.

La protagonista de mis tantos escritos, la mujer callada que servía a mi abuelo, que no quería que se enoje por nada y que lloraba y lloraba...

Nadie sabía la causa de ese desasosiego que arrastraba por los pasillos helados entre pañoletas y paseos en la capota negra.

Ella ataba el caballo y se iba sola al pueblo. 

Las mujeres de mi familia siempre han tenido su carácter y nunca se han sentido menos frente a un hombre. Fueron y serán ejemplos a seguir, luchadoras, sentimentales, pero sobre todo protagonistas.

Nadie les decía lo que tenían que hacer, nadie las obligaba a nada porque sabían recorrer senderos con la convicción de estar de vuelta de la vida.

Y eran otras épocas...

Otros años; sin embargo, a ellas les quedaba cerca el futuro porque eran adelantadas.
La abuela Juana fue la mujer más cuidada en la ancianidad que yo he conocido: una reina. En su propia casa tenía una empleada por día y las hijas la cuidaban los sábados y domingos. Vivió noventa y siete años y falleció rodeada de vecinas, amigas, nietos y familia rezando rosarios enteros junto a su lecho frente a un velador con pantalla verde.

En las penumbras...

En la iglesia, durante el sepelio, lloraban todas las señoras que la cuidaron con tanto amor que daba emoción.

Fue una elegida...

______Personajes de novela, La abuela Juana, La capota negra, La abuela Melanie, Santas, Jane Austen, Novelas históricas, Biografías, retratos literarios, personajes de novelas, Querida Rosaura.


¿Quién es Emilio Torres?

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¿Quién es Emilio Torres?

Emilio es el protagonista de "Puerto Soledad", mi primera novela. La escribí en 1993, hace tantísimos años.

Un día me pregunté: ¿Yo podría escribir una novela con esfuerzo y dedicación, sin apuro? Y mi respuesta fue "sí".

Y así fue como despacito fui armando la historia de Emilio, un lisiado que se enamora de su cuidadora. En un principio la ficción se desarrollaba bajo esa idea, luego fue cambiando y el Emilio Torres se transformó en un soldado de la guerra de Malvinas porque como me gusta tanto la historia y la investigación pensé que ese detalle sumaba mucho.

Emilio, un soldado de Malvinas, abandonado a su suerte con todo un porvenir por delante se ve entre la prisión de la vida diaria y un futuro impredecible. No sabe cómo manejarse, todo le parece hostil, incluso su familia lo rechaza. 
Y él se aferra a su único amigo...

Todo lo ve gris porque esa guerra está por comenzar.

PUERTO SOLEDAD
-Guerra de Malvinas-1982.


Tu sillón vacío

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Camila miró por la ventana como lo hacía siempre todas las mañanas. El cielo estaba gris, aún faltaba para la primavera.

Agosto es el mes de los vientos, en agosto se van los viejos… solían decir.

Los carruajes particulares eran arrastrados por yeguas y caballos de raza, de pelo satinado y reluciente. Uno de ellos solía merodear la casona una vez por mes y se detenía unos minutos para continuar al rato con paso cansino.

‒Señora, don Asencio le pide que vaya a verlo ‒le dijo Trinidad con voz suave como apesadumbrada y temiendo ser oída por alguien.

‒¿Cómo no se fue a hacer las visitas de todos los días? ‒preguntó Camila con asombro y luego se arrepintió. Nadie sabía que dormían en aposentos separados, aunque era demasiado obvio por la distancia que existía entre ellos. Las criadas, de todas formas, preferían callar por discreción‒. Ya voy.

Cuando abrió la puerta del cuarto, lo encontró sumido en una oscuridad sepulcral. La manta de vicuña le tapaba los ojos y se notaba su palidez. Al incorporarse, mostró la arrogancia de su porte que se reflejaba en la entereza de su alma. Defendía la verdad y podía decir con orgullo que nunca había mentido. Era impetuoso, resuelto, intransigente, en la defensa de su honor. Honrado hasta la médula, llevaba su culto a la virtud detrás de su hombría de bien. Amaba a Camila pero había cometido el error de aceptar el trato de no molestarla con requerimientos amorosos.

‒No me siento bien.

‒¿Qué tienes? ‒preguntó Camila preocupada.

Él, al ser médico, conocía a la perfección las dolencias peligrosas y eso era peor que si hubiera vivido en la ignorancia como muchos.

** 

TU SILLÓN VACÍO
La Revolución de Mayo-1810

Café de Hansen. Buenos Aires y sus tiempos viejos

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−Viste, Tomasa, que a todos nos toca cargar piedras. Ése es un claro mensaje de que con plata o sin ella no te escapas de alguna pena. Nadie puede comprar la felicidad así nomás. No es el dinero ni la fama, no es el poder porque siempre existirá algo, por pequeño que sea, que traerá una sombra, una medianoche a tu entorno. Y despertarás con esa medianoche ante tus ojos intentando borrar su bruma, pero ella te seguirá los pasos donde vayas. Así te escapes al Congo.

−Oh… ¿de dónde aprende todo eso?

−De la vida; soy muy observador, de ti, de mí…

−Me gusta como habla, mi niño Conrado. Un poco “picaflor”, pero de gran corazón. Lo quiero mucho, sabe.

−Yo también, querida. Ahora ve a hacer tus cosas y por la comida no te preocupes.

−Está bien, gracias.

Tomasa se quedó sola y sonrió. Conrado era un joven tan positivo que le levantaba el ánimo. Pensó en la gente. Si toda fuera así, con ese lado esperanzador y alegre, sería un gozo para quienes están en la penumbra y se sienten ahogados por la medianoche de los años.



“Mujeres que ha perdido su sombra,
Mujeres que harán sombra en otro sitio.”

Gloria Casañas.

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CAFÉ DE HANSEN
-------------------Lo de Hansen, Dama de Noche, Los compadritos, Los tiempos viejos, Buenos Aires, El caballero negro.

La impenitente caminante de Haworth

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 Gracias España por tu lectura y por tu huella, gracias por valorar la escritura y la vida de estas talentosas autoras.

Y elegirlas...

 porque ya forman parte del inventario de los grandes. Yo, en este caso, soy una simple intermediaria. Alguien que decidió estudiar un poco para transmitir al menos, como pude, lo inmensas que fueron las Hermanas Brontë, a quienes admiro profundamente desde que era una adolescente o menos.


Ellas vivieron en un páramo y en ese lugar inhóspito fueron cobrando vida como autoras, con espontaneidad, con pérdidas, con frío...

Emily (Cumbres Borrascosas) es mi preferida. Tal vez, por su timidez y soledad, pero también por la valentía de escribir una historia tan intensa que su imaginación llevó a lo más alto de sus aciertos.

Para Emily esos parajes se convirtieron en una prolongación de sí misma, sólo allí supo vivir, y por ellos sintió una pasión primitiva, esencial, que se reflejaba en su obra. La impenitente caminante que conocía como nadie los lugares que circundaban la aldea de Haworth, esa muchacha delgada y de adustos modales eternamente replegada sobre sí misma, levantó de cada terrón de tierra, de cada gota de lluvia, de los matorrales y del viento huidizo de Yorkshire  a los personajes de Cumbres Borrascosas.

La Liberación

Hermanas Brontë

-------------Biografía novelada escrita en 2022.

La abuela francesa. De Suiza a América-1865

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Porque vivía al límite, porque soñaba con una patria libre... Quería caminar delante de sus propios pasos para llegar primero y luchaba contra los molinos de viento cuando querían doblegarla.

Era mujer, mi bisabuela Melanie.

Una mujer auténtica que sabía lo que quería y que no necesitaba pedirle permiso a nadie para viajar a Francia, para casarse de nuevo, para amar a un francés que no hablaba castellano.

Y...

Valoraba lo simple de la existencia; era humilde y querida por todo su pueblo, rezaba, y en esas oraciones iban las tantas preguntas sin respuestas, los caprichos de los otros, el llorar a gritos para decir lo que sentía...

Inmensa como pocas, hacedora de esperanzas en medio de la oscuridad. Te quedaste para siempre en el alma de quienes te amaron para hablar de ti.

Por eso y por muchas cosas más, viajas a través del tiempo en este libro:

La abuela francesa
De Suiza a América
-1865-
https://a.co/d/gzpLaFq
--------------------Si desean seguir leyendo sobre Melanie y su vida en América seguir el enlace:

Los siete dones. Ella eligió perdonar...

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Julián se encontraba comiendo algo sentado en la escalinata del orfanato; se oía el repiqueteo de las campanas de la iglesia. La gente pasaba sin reparar en él y en su triste aspecto. Estaban acostumbrados a verlo ir y venir, no le tenían miedo porque no sabían en el ambiente donde había crecido.

−Oye… ¿Qué te dije yo el otro día?

Cuando Julián vio que Milagros se acercaba, se puso de pie igual que un caballero, pero se mantuvo con el sombrero en la mano y la vista baja, en el suelo, ése mismo que pisaba a diario y que lo conocía tanto.

−Buenos días, señorita.

−No te hagas el educado conmigo que te falta mucho. ¿Todavía por la calle? ¿Qué te aconsejé?

−Que busque trabajo. No lo voy a hacer. Mire lo que soy. ¿Usted cree que con esta ropa alguien me va a respetar?

−Bueno, tienes razón. Tampoco te pido que vayas a servir copas a una confitería. Ven conmigo –dijo Milagros y lo arrastró por el brazo.

−¡No! ¡Qué se piensa!

−¡Necio! Ven…

Julián se debatía entre la vergüenza y el miedo. No quería ir con esa señorita fina. ¿Qué buscaba? ¿Por qué lo molestaba tanto? ¿A ella qué le importaba de él?

−Tonto y más tonto. Te quiero ayudar.

−¡Déjeme en paz, quiere!

Milagros se fue con Timoteo en la calesa y Julián se quedó mirando hasta que se perdieron en el horizonte. Le dolía ser pobre, un indigente. Imaginaba poder llegar a ser su amigo. ¡Qué linda que era! ¿Por qué el destino se empeñaba en abandonarlo a su suerte! ¿Por qué no le daba una oportunidad?

−¡Hay que buscarla! –seguro le gritaría Milagros y con razón. Él no quería moverse de ese sitio de confort porque así estaba bien.

“Ser pobre molesta. Lo sé. Quizá, ella piensa que soy peligroso. Crecí a fuerza de golpes y eso me hizo débil y miedoso. Ni la voz me sale. Cuando oigo un ruido tiemblo y me doy vuelta despacio para ver de dónde viene: de un puño cerrado, de un trozo de madera, de un tacho viejo… La violencia no tiene nombre y aparece para castigar al más débil, a la víctima, al que no tiene defensa. Yo podría ser como ellos, mi familia, qué más da… pero no quiero. Aunque indirectamente han sido y son una rara influencia en mi carácter y en mis impulsos. ¿Cómo pueden pensar que alguien me dará trabajo? Ni para barrer un sótano. La sociedad no para de cargar injusticias contra aquellos solitarios que si murieran tirados en un lodazal nadie los vería por meses. Total, no han perdido nada. El mundo seguirá andando con indiferencia y cada uno sabrá dónde estará el oxígeno para vivir un día más”, pensó Julián mientras se iba caminando despacio rumbo a la Sociedad Rural, donde se juntaban los productores agropecuarios. Quizá, alguno de ellos reparara en su presencia y le hiciera algún hueco en su estancia, pero eran tan copetudos; de esos que jamás miran para arriba porque creen que son el punto más alto.


LOS SIETE DONES
--------------Felicitas Guerrero, Iglesia de Santa Felicitas, Estancia "La Raquel", Carlos Guerrero, Martín de Álzaga, María Caminos (Referencias-Daniel Balmaceda-escritor)

La Liberación. Hermanas Brontë

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1-SALLIE DEAM

Enero de 1855

 

Firmar con otro nombre…

 

La tarde fría dejaba su enigma de lágrimas en el verde inexistente de los días.

La bruma se extendía por aquellos páramos y barrizales.

El suelo se hallaba cubierto de nieve y el viento estremecía las grietas de la antigua casona.

“Podría perderme por estos pantanos”, pensó, pero su deseo de llegar era más fuerte que las inclemencias del tiempo. La vida y la pasión por los libros la habían llevado a tomar la decisión y no podía volverse atrás.

¿Quién no lloró con el amor obsesivo de Heathcliff en “Cumbres Borrascosas”?

¿Quién no sufrió con la terrible infancia de Jane Eyre?

“Sé que iré y volveré mil veces hasta que me atienda porque aunque no quiera terminará por aceptarlo. Ella y sus hermanas sintieron lo mismo: la vehemencia, el fuego, la idea fija, el hecho de no claudicar, aunque el mundo parecía derrumbarse. ¡Qué lugares oscuros y que apasionantes! Me envuelve esa magia cargada de sueños por volar, de rotundos pensamientos por decir…”, reflexionó  la joven delgada y morena, de ojos grises pensativos.

La criada la miró por la ventana. Primero le pasó un lienzo a los vidrios empañados.

Enero de 1855.

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LA LIBERACIÓN
Hermanas Brontë
----------------------EMILY, ANNE Y CHARLOTTE BRONTË-Biografía novelada.


Perder el Alma. Me deben una vida...

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¿Cuál era la verdad? ¿Y Alma?


Tuvo que caminar pasos medidos porque tantos eran los problemas que se le escapaban de las manos; dejó una tristeza vagabunda que lo perseguía igual que una sombra.
Miró a su gato rojo; lo escuchó comer "las estrellitas" en su plato colocado en la cocina. Sólo él regresaba, también lo hacía el zorzal a toda hora. Eso le daba una pequeña dicha, aunque sostenida por una sola cuerda de guitarra.
A veces, se sentía solo, pero lo animaban los salmos, las melodías religiosas, el recuerdo de su padre y, sin quererlo, casi sin permitírselo, la caricia de Clara Franch: la mujer fantasma, la mujer cielo, buena y cruel, que llevaba un pájaro en la punta de su dedo y tenía perfume a azahar. Se confundía.
El pentagrama sobre el órgano era azul, el color preferido de Rubén Darío y de la abuela Úrsula, y sus lágrimas de niño también eran azules porque se parecían a la lluvia.
Hablaba la gran madre y se desordenaban los silencios.
--Todo esto tendrá la importancia que tú le vas a dar.
--Sí, abuela.
PERDER EL ALMA.
Me deben una vida.

Café de Hansen. Buenos Aires y sus tiempos viejos

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Frente al mutismo del ambiente donde sólo se oía el ritmo del reloj, Tomasa soñó con un patio interminable rodeado de nieblas como si fuera el paraíso y una puerta al final donde ella quería llegar para salir a la luz porque las cenizas la cubrían y le nublaban los ojos hasta que quedó ciega. Cuando ya no vio nada, se sentó en el piso. Pensó que allí, detrás de esa puerta, se hallaba el sol, pero sólo encontró una noche cerrada.

Se despertó angustiada de ese sueño raro.

Miró el reloj: las tres de la mañana. Era temprano para levantarse. Julia no la obligaba a madrugar.

“¿Habrá vuelto?”, pensó.

El silencio era contudente.

 

“Las grandes elevaciones del alma no son posibles sino en la soledad y en el silencio”.

                                Arturo Graf

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CAFÉ DE HANSEN
Buenos Aires y sus tiempos viejos.
------------------------------Las calles de Buenos Aires, los suburbios, La mujer de la noche, El tango, lo de Hansen.

Licia. Hermana mía.

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Gracias Estados Unidos por comprar mi libro "Licia" en tapa dura.
¡Qué honor!
Es asombroso pensar que alguien se gaste un dinero para tener un libro en su biblioteca o para hacer un regalo. Es permanencia, sin duda. 
No se imaginan la dicha que siento.

Investigar aún más la vida de María Antonieta fue un placer enorme, yo no lo llamo trabajo, yo no cobro por mis libros. Es demasiado el placer de escribir que me parece raro cobrar. El dinero queda en la plataforma de Amazon, igual si quisiera cobrar es muy complicado desde Argentina. 
Todo absolutamente todo es más de lo que soñé cuando era niña. Bienvenido sea...

Gracias por acompañarme en esta aventura apasionante y en esta recorrida por la historia de todos los tiempos, tomada siempre con objetividad, como realmente fueron los hechos, y con mi ficción que suma a toda esa verdad que es parte de nosotros.
❤❤

SINOPSIS

EN EL MARCO DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA, LA LEYENDA DE LOS OJOS AZULES.


Rosalie y Antoine Florent se casaron en la iglesia de San Eustaquio construida entre 1532 y 1632 en el barrio de Les Halles. Al año siguiente nació Alexandre, el primer hijo de la pareja. El niño, con el paso del tiempo, se transformó en un joven tímido y caviloso. Daba sus lecciones recitando como si fueran sermones.

Cuando llegó al mundo Celine, él ya tenía catorce años y empezó a comportarse de manera extraña. Alexandre hablaba sobre leyendas, demonios, brujos y le atraía mucho todo lo que estuviera relacionado con la monarquía. Decía que Celine, su hermana, de enormes ojos azules, tenía poderes sobrenaturales y que podía percibir la muerte cercana. No precisamente para que la alcanzara sino para demostrarle su existencia.

Lejos, en el otro extremo de la ciudad, la señorita Louise Héland, quien solía recoger los residuos de las Tullerías para comer, encontró un día un bebé abandonado en una plaza. Inmediatamente se lo llevó y lo ocultó en la casa de huéspedes de Madame Delfine Blanduriet, situada en la parte baja de la calle de Santa Genoveva, donde ella vivía de prestado.

Dos familias, una historia. La infancia, la figura materna agigantada como símbolo, las supersticiones arcaicas, el abandono y la Revolución francesa.

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LICIA. HERMANA MÍA.
La Revolución francesa
-1790-
-------------------María Antonieta, Las Tullerías, Celine y Alizee, La muerte y las leyendas, los ojos azules, La Revolución y el sacrificio.

Perder el Alma. Me deben una vida...

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EL GATO ROJO


Se oían a lo lejos las palomas y las tórtolas.

A Guillermo esos sonidos le traían recuerdos del cementerio donde iba, de niño, a visitar a Salvador. Mía lo llevaba. Le hacían creer que su padre descansaba en aquella tumba marmolada, pero allí no había nadie. Las cenizas de Salvador permanecían en el patio de la iglesia. Él era muy chico para saberlo; le hubiera destrozado el corazón. Prefería creer que su papá se hallaba guardado en un cofre con encajes blancos, bien cuidado, durmiendo para siempre en ese refugio inmaculado. Pero llegó el momento que sintió que allí no había nadie, no porque no estuviera el cuerpo sino porque el silencio, como una palabra, le decía: ve tranquilo, yo estoy bien, vive tu vida y no te preocupes por mí. Y así fue que dejó de ir, aunque le agradaba ver los cientos de gatos que lo perseguían o los ángeles escribiendo sentencias con las alas desplegadas e infinitas. Él les miraba los ojos a aquellas estatuas, pensando que en cualquier momento iban a mover los párpados. Estaba todo tan inhóspito, pero había magia, algo celestial, como si le lloviera paz sobre los hombros.

Y así se fue despidiendo de ese jardín, donde el corazón se abrigaba buscando huecos para llenar, cuando la vida le decía que no se desplomara porque aún los días amanecían…

*

PERDER EL ALMA
Me deben una vida...

Hija única. Libro de Recuerdos

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HIJA ÚNICA
Libro de Recuerdos

❤❤❤

Surcos en los senderos, bóveda de estrellas, la gata Lola de mi abuela Juana y el espejo que me mostraba los años.

‒Niña, no tienes que tener vergüenza. Eres buena, inteligente, linda… ¡Vamos!

Gracias madre por enseñarme a ser valiente, por dejarme crecer sola como yo quería, por darme todo y más para ser feliz. No necesitaba mucho, sólo lápiz y papel. Siempre valoré los afectos porque eran pocos y había que cuidarlos porque sabía que alguna vez ya no los iba a tener. Quería guardarlos en un arcón dorado para después, para que la soledad no me dejara su frío, su madurez de escarcha, pero no era posible porque el reloj detenido empezó a marchar y ya no quería oírlo. Me daba miedo.

Me colocaba el antifaz para no ver la vastedad del territorio porque era vulnerable. Jugaba y reía para ocultar siempre mis dolores, las carencias, el temor… que no era tanto pero que parecía irreal a esa edad.

Salía al mundo a recorrer el paraíso de mi abuelo Eduardo después de acompañarlo entre las sombras cuando él me venía a visitar.

‒Parece que hay gatos ‒decía entre risas al escuchar las peleas de las mascotas nocturnas. Él era un gaucho de las pampas, un caudillo disconforme que arremetía por los llanos y le hacía frente a las tormentas pero ahora, después de varias décadas, se había escondido entre los duendes de su casa dulce a meditar...


"La libertad está en ser audaz" Robert Frost

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Felicitas se escapó, como lo hacía desde tiempos pretéritos, por la puerta trasera que daba a un patio con una huerta y un molinillo desvencijado para espantar gorriones.

Veinte pasos más adelante, en la entrada de una plaza, había una iglesia. Un cementerio la rodeaba cercado por una reja; Estaba lleno de sepulturas con sus lápidas a ras del suelo. El templo se había construido en los últimos años del reinado de Carlos X. La luz solar, al penetrar por los vitraux, iluminaba la ringlera de los bancos acoplados a la pared frente al confesionario con la imagen de la Virgen vestida de blanco, cubierta por un velo de tul pálido. Los sillas del coro eran de madera de abeto.

Felicitas entró a la habitación buscando algún sacerdote. Se sintió amnésica y desorientada.

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Buenas y Santas...
Los hijos olvidados

Los días semejantes. Por los caminos de agua...

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Jardines eternos

 

Debía buscar un camión de ruedas grandes y para eso se acercó a un depósito de alquiler. Ya sabía con quién hablar del tema. El hombre, aburrido y con un vaso de vino en las manos, le dio su aprobación y en un rato estaban camino a Panguana en la jungla amazónica.

Otra vez el mismo ambiente, la historia mil veces repetida, la tumba que lo esperaba. Lo sabía y se entregaba a ese deseo como única posibilidad.

El agua que empujaba una rama, una piña, arrastrando restos en estrechos riachuelos que nacían y morían en algún momento igual que los seres humanos. Rápidamente desaparecían en el tiempo que tardaba una gota en formarse en la punta de una brizna de hierba y caer al suelo.

Elías Fischer se dirigió otra vez a su antigua cabaña, la que había destruido en un momento de ira. Lo atravesó el río, el Pachitea. Se hallaba crecido. Era imponente y se abría paso rugiendo entre el bosque y estallando contra el lomo de las rocas. Se veían troncos sumergidos después de alguna tormenta.

−No hay tiempo para detenerse –dijo por lo bajo.

De cara al viento, comenzó a temblar. Evocó su casa abrigada y una taza de café; escuchó las voces cariñosas de Sophia y de Hanna.

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LOS DÍAS SEMEJANTES
Por los caminos de agua...

La nodriza esclava. Dinastía Tudor -1510-

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Palacio del rey Enrique VIII




LA NODRIZA ESCLAVA
Dinastía Tudor
-1510-

El funeral de Enrique VIII se realizó en St George, Windsor y luego fue llevado por grandes hombres, por lo pesado del ataúd, a descansar en la tumba de su amada reina Juana Seymour.

En el meandro de Hampton Court el monarca dejó sus trampas, el crujir de los muebles, el exquisito refinamiento y la paz de su ausencia. Los ciudadanos eran libres para proclamar a Eduardo VI con el son de las trompetas y ver a una reina emancipada, digna e inteligente.

Enrique ya desde el comienzo rechazó el amor de Dios. No tuvo interés por la comunión con él. Quiso construir un reino en este mundo y prescindir del Hacedor. En vez de querer al Altísimo, adoró ídolos, las obras de sus manos, se amó a sí mismo. Por eso el hombre se desgarró interiormente. Entraron en el planeta el mal, la muerte y la violencia, el odio y el miedo. Se destruyó la convivencia paterna. Roto así por el pecado del eje primordial que sujetó a los humanos al dominio amoroso del Padre, brotaron todas las esclavitudes.

Cada uno pensó mucho y quiso poner fin a tanto silencio porque todavía se podían liberar las ideas. Catalina Parr pudo sobrevivir. De no haber muerto el rey, ella hubiera sido la próxima víctima.

En los jardines, Isabel Law pudo ver que por la puerta de los escribientes salían los ancianos vaciados del Viernes Santo, los herejes que iban a ser crucificados; escuchó ruidos de cadenas y de hierros, los heridos cruzaban la aldea, el encapuchado del corcel y el del hacha manchada con sangre… Todos se retiraban como si hubiera terminado la ceremonia para siempre. Muy atrás, casi oculto entre las sombras de la noche, Auguste Deux agitaba su mano que se soltaba de su cuerpo igual que un eslabón.

Las esposas de Enrique VIII no estaban allí para vilipendiar sus leyes antinaturales porque no querían enlodar sus imágenes de cautivas y sacrificadas.

La ausencia dignificaba el paso por los claustros sombríos y enmudecía al más sabio adivino.

______Enrique VIII, Ana Bolena, Catalina de Aragón, las ejecuciones por presunto adulterio, Isabel I.