jueves, 19 de julio de 2018

Buenas y Santas... en J.M.Angora-blog literario





Buenas y Santas...-Los hijos olvidados
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miércoles, 18 de julio de 2018

Buenas y Santas... -Los hijos olvidados (Cap I Madre Tierra, 3era parte)




‒Sí… eso comparto‒contestó doña Emma mientras seguía ocupada con el tejido.
‒¿Usted cree que la niña Felicitas está perturbada por ese recuerdo?
‒No sé, porque también hablamos del hijo de los Neder.
‒Tal vez, la niña piensa que quieren que se case con él obligada.
‒¡Qué ignorante eres! Obligada no es la palabra sino enamorada.
‒No. El amor es otra cosa. Se siente muy dentro cuando el corazón se acelera, la respiración se corta y…
‒¡Eso es como la muerte, mujer!
‒No, patrona‒dijo Remedios suspirando‒. Cuando uno se enamora no puede vivir sin él, quiere desvanecerse en sus brazos, necesita sentir el calor de su cuerpo y el latir de su pecho y…
‒¡Ya! Deja de hablar bobadas.

En ese tiempo, el amor y el sexo ocupaban gran parte de los pensamientos de Remedios. Solía perseguir a Antonio, el capataz, por las caballerizas.
‒Tú cuídate, yo sé por qué te lo digo‒dijo doña Emma mirando a Remedios por encima de las gafas‒. Los hombres solamente quieren pasar el rato.
El deseo que sentía la criada por el capataz era tan ciego que no veía a su alrededor, ni entendía razones. Eso la volvió imprudente. Olvidó los modales y el decoro de una señorita. Remedios tenía veintidós años y la pasión se le escapaba por el brillo de la mirada.

‒Mucha mujer para el Antonio‒decían los peones con cierta envidia, sin advertir que el destinatario de ese cariño ni la miraba. Para él Remedios no existía porque amaba, en silencio, a otra mujer.
La criada se deslizó por el pasillo que llevaba a los cuartos en la planta alta y escuchó un llanto.
‒Niña, no llore. ¿Por qué no me cuenta qué le pasa? Yo, tal vez, la puedo ayudar.
Felicitas abrió la puerta despacio y dejó ver su rostro bañado de lágrimas.
‒Pasa rápido antes de que mamá nos descubra hablando tonterías a sus espaldas.
‒¿Qué ocurre?
‒No quiero ir a la cena porque mi madre y don Simón se han puesto de acuerdo para que nos casemos.
‒¿Casarse? ¿Quiénes?
‒Nosotros. El hijo de don Simón se llama Raúl. Yo no lo conozco, no lo vi en mi vida. ¿Te das cuenta? Estoy desesperada, no me quiero casar con nadie. ¡No! ¡Si me obligan me voy de monja!
‒Niña, qué dice…
‒Bueno, entonces que no me arrastren a tomar decisiones drásticas. Ve y convence a mamá. Dile que estoy enferma, que me duele todo‒dijo Felicitas y se tiró sobre la cama envuelta en un cobertor con flores púrpuras.
‒Y si es lindo muchacho: atractivo, rubio, de barba de tres días y conversación vehemente.
‒¡No se puede hablar contigo, Remedios! Te dispersas todo el tiempo, te da lo mismo una cosa que otra. Eres cabeza hueca, mujer.

Felicitas era bonita, de pelo oscuro con grandes ondulaciones y unas pestañas largas que destacaban sus ojos tímidos. No aceptaba órdenes, tenía su carácter. Se parecía a su madre. Por eso siempre discutían porque doña Emma se sentía dueña y señora de la voluntad de sus hijos. Quería dominar el destino de cada uno tratándolos como si fueran niños. Es que su temple la dejaba, en ocasiones, sin gobierno. Debía ser más diplomática, pero ésa no era una de sus cualidades.
‒Remedios. Ven acá. ¿Por dónde andas? Te necesito para que me aconsejes.
‒¿Yo a usted?
‒Qué vestido te parece mejor para la cena de mañana. El azul con doble falda de satén bordado o el color uva con encajes en las mangas y broche de perlas.
‒Oh… no sé. Los dos son hermosos. Los trajo de Francia, ¿verdad?
‒Sí, en un viaje.
‒También tienes que orientar a Felicitas, aunque ella tiene un montón de trajes para la ocasión.
‒Creo que la niña no va a ir a esa tertulia.
‒¡Tertulia no, cena!
‒Bueno, como se llame…‒dijo Remedios pensando en qué excusa inventar para ayudar a Felicitas.
‒Dice que no se siente bien. Mire, con todo respeto, no la obligue. Es tan triste ver sufrir a un hijo.

‒Y tú qué sabes si no te has casado y no tienes hijos que yo sepa… Mira, mejor no opines de algo que no entiendes y que nadie te ha preguntado. La vida no es fácil para una mujer sola, soltera y con dinero. Ella necesita protección como la tuve yo. Lástima que la perdí tan pronto cuando mis dos maridos fallecieron de manera súbita.
‒Ella puede encontrar el amor verdadero sin necesidad de apurarse así. Es tan bonita y dulce.
‒Felicitas sueña con las pepas de oro; acá somos todos campesinos y nos conocemos demasiado. Eso es una ventaja.
‒Ella sufre, doñita.
‒Sal de mi vista y ve a amasar el pan. No te quiero cerca con tus chismes.



💗💗💗


martes, 17 de julio de 2018

Secretos de familia


🌹LA MIRADA OBLICUA

Te reconoceré cuando llegues.
Sólo alguien con las heridas cerradas,
sólo alguien
que ha aullado de dolor mientras las curaba
podrá mirar sin miedo
mis cicatrices
y caminar conmigo en paz.
Berna Wang



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lunes, 16 de julio de 2018

Buenas y Santas...-Los hijos olvidados (Cap I Madre Tierra, 2da parte)




La conversación se interrumpió porque Jeremías, el criado negro, llegó con la vajilla para el té.
‒¿Lo sirvo acá o en el comedor?‒preguntó.
‒Déjelo en la mesita, debajo de la parra; el aire fresco de la tarde me renueva las energías‒dijo doña Emma.
El negro se perdió entre los maceteros de jazmines y hortensias. Atrás, el aljibe con su brocal de piedra labrada le daba un marco de color a la estancia que doña Emma cuidaba tanto. Tuvo que pasar muchas tristezas y amarguras bajo ese suelo, pero todo aquello lo enfrentó con coraje y dignidad.

Escuchaba, a menudo, en las penumbras de su alma, la voz de su padre. Cerraba los postigones y le rezaba una plegaria hasta que llegaba alguna tropa. Los peones obedecían sus órdenes como siervos y las criadas iban y venían con prisa pues en el campo siempre había demasiadas tareas por hacer.
Doña Emma y Felicitas tomaban el té solitarias todos los días. Esperaban que llegara Remedios, la criada de confianza, con algún chisme del pueblo.

‒Mañana tenemos que ir a la cena que organiza don Simón Neder en la estancia vecina. Quiere hacer algunos negocios con Bernardino y nos ha invitado a todos.
‒No me gustan esas reuniones‒dijo Felicitas disconforme.
‒A mí sí… y vamos a ir quieras o no. Además tiene un hijo muy buen mozo que podría llegar a interesarte. Digo…
‒Yo no quiero tener novio‒contestó Felicitas y se levantó bruscamente de la silla. Se llevó por delante a Remedios que traía la ropa recién lavada y planchada para guardarla en los armarios.
‒¡Niña!

Felicitas, en su cuarto, se llevó la mano al escapulario y le pidió protección a su abuela Josefina quien, desde el cielo, la cuidaba de todo mal. Ella no creía mucho en Dios; decía que nunca le había dado señales y eso ya era suficiente.
‒¿Qué le pasa a la niña Felicitas?
‒No sé‒dijo doña Emma desconcertada‒. Me estuvo preguntando por los indios. Ella es sensible, tú lo sabes. Piensa que su padre mató a alguno o a varios de ellos. Es que si lo hizo fue porque se sintió acorralado. ¿Cómo les decía que los blancos eran gente de paz?

‒Hace muchísimos años, una mujer que vio venir a los nativos a atacarla le entregó en brazos su propia hija a una india y desde ese día reinó la tranquilidad‒contó Remedios‒Luego ellos mismos les enseñaron a los blancos a cazar, a domesticar caballos y a usar boleadoras. Eran buenos los nativos patagónicos porque algunos todavía eran dueños y señores de la tierra como Saihueke, el cacique de las manzanas, pensaba que la coexistencia entre indios y blancos era posible.
‒Parece un tanto inverosímil tu relato‒dijo Emma sonriendo.
‒Es cierto, doñita.
‒¡No me digas doña!
‒Bueno… patrona. Disculpe…
‒No creo ese relato tuyo.
‒También cuentan que la Patagonia tuvo un rey. Orélie Antoine de Tounens, un francés que dejó los papeles a los que se dedicaba en su patria para desembarcar en 1859 en las costas de Chile. Venía con la intención de hablar con los nativos para convertirse en su monarca. Cierto fue que lo logró y se convirtió en Orélie Antoine I Rey de Araucania y Patagonia, pero alguien lo traicionó y terminó en una cárcel chilena. Varias mujeres recibieron en sucesión esa corona, ya como esposas o herederas directas, como lo fue la hija de Antoine II, la princesa Laura Thérese I. Ninguna pisó nunca su reino.

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domingo, 15 de julio de 2018

Buenas y Santas..., por Gemma García Veiga.


💗
"Secretos de familia...
Es una historia llena de secretos para proteger una honra y mantener una posición social. El secreto de Felicitas primero, después el de Emma, y por último conocer como una familia cimentada en la mentira saldrá adelante. Por mucho que cavilé no resolví el enigma y el final me sorprendió, nunca imaginé que fuera él."

✮✮✮✮

Gracias Gemma por darme esta alegría. Eres una gran amiga. Un abrazo.


El perdón



Tuscany, Italy
"El perdón es una carretera de doble sentido: siempre que perdonamos a alguien, nos estamos perdonando a nosotros mismos".

P. Coelho



Es difícil perdonar cuando nos han herido tanto, cuando hemos confiado y entregado todo. Nos sentimos defraudados, tristes y vacíos.

Buscamos respuestas en lugares inaccesibles y en rostros que miran para otro lado. Todos somos y sentimos de manera diferente, pensamos e imaginamos, despertamos o permanecemos en las sombras, pero siempre nos defendemos, aún con los silencios, con la indiferencia...

Yo soy una persona que perdona pero que no olvida, muy memoriosa, que sé que el secreto de la felicidad está en nuestro interior y que se aleja de quienes, por incapacidad o por otras causas, no aceptan al otro tal como es.

Igual, a veces, como no vuelo alto, quedo atrapada en alguna red.

Dicen... que aquel que perdona pero que no olvida realmente no perdona.

💕


sábado, 14 de julio de 2018

Buenas y Santas...-Los hijos olvidados. (Cap I Madre Tierra-1era parte)


Imagen sujeta a libre interpretación


1-MADRE TIERRA


“Patria, mi patria, vuelvo hacia ti la sangre.
Pero te pido como a la madre del niño, lleno de llanto.
 Acoge esta guitarra ciega
y esta frente perdida.”

Pablo Neruda






ARGENTINA, 1910

SANTA FE DE LA VERA CRUZ
ESTANCIA LA CANDELARIA


Doña Emma terminó de rezar el rosario. Se sentía un poco sola en la estancia La Candelaria sin su amado esposo Emilio. Ella sabía que tenía que permanecer a la penumbra de las horas porque le faltaba demasiado camino por recorrer en esas tierras de lánguidos sauces y de ranchos perdidos bajo la maleza.
“Ya se viene la inauguración del colegio católico”, pensó.
Ella formaba parte de su organización junto con las damas de sociedad del pueblo. Había mucho por hacer en esas propiedades que su esposo Emilio tuvo que abandonar, a destiempo, por un capricho del destino, cuando el reloj era solamente una brújula desarticulada y añosa.

Atilio y Bernardino, sus hijos mayores, se habían ido a otro campo, ubicado cerca de la estancia, a cultivar noventa hectáreas. Se instalaron con sus tentaciones y sus remiendos de caballeros andantes y rastreadores innatos.
            La casona tenía un gallinero al fondo sobre el que se recortaban dos miradores blancos. El ambiente era un compendio de motivos: el camino de carretas, la familia rural, el galanteo amoroso, el gaucho en traje de pueblo, la ranchería con ombú, la cebada de mates, el encuentro de paisanos a caballo…

           Atilio y Bernardino eran muy amigos y se complementaban en las labores rurales. Se llevaban muchos años de diferencia pero no había nada que entorpeciera el horizonte que, como un mapa, les enseñaba el camino exacto. Sabían que la naturaleza orientaba la fortuna por todas las regiones en busca de un lugar; podían tener épocas de sequía o de lluvias interminables porque se hallaban librados al azar. Todo estaba dicho… Había que seguir en la lucha frente al hechizo de la tierra.

El campesino esperaba con ansiedad las cosechas para saldar sus deudas y comprar herramientas nuevas, entonces podían arrendar más campos y continuar con el ejercicio acostumbrado de la siembra y la cosecha: un ritual ardiente de soldado.

En realidad, Atilio no se parecía a nadie de la familia por su tranquilidad; era un joven despreocupado y demasiado alegre. A veces, ciclotímico.
­­­­­­­‒Me reclama el servicio militar‒le dijo un día a Bernardino bajo el molino de agua‒Voy a tener que cumplir con la patria.
‒Bueno, así es la vida. Yo ya pasé por eso‒dijo Bernardino apesadumbrado pues se habían hecho muy compañeros.
‒Yo soy hijo de la tierra y volveré porque me lo dice la sangre.
‒Claro, a todos nos pasa lo mismo. Nuestros padres dieron el alma por este suelo y nosotros debemos seguir su ejemplo. Además, no nos cuesta nada porque amamos cada rincón de este territorio. Es la herencia que nos dejaron los antepasados.



          El servicio militar obligatorio fue instituido en Argentina en el año 1901 por el entonces ministro de guerra Pablo Riccheri, mediante el Estatuto Militar Orgánico de 1901 (ley nº 4301), durante la segunda y última presidencia de Julio A. Roca.
      Se reclutaba a ciudadanos entre 20 y 21 años y la duración era de 18 a 24 meses. La familia Sagnier, lejos de las frivolidades, siguió adelante con los ojos cerrados, debatiéndose entre la prosperidad y los elementos primitivos de un trabajo muchas veces ingrato. Pero siempre hubo espacio y voluntad para recobrar la energía ante un drama o una desilusión que les quebró la sonrisa, en ese círculo tan rutinario que los obligaba a innovar constantemente aunque esa rutina era ley, gloria y honor.

‒¿Es verdad que papá llegó a matar algún indio cuando era joven?‒le preguntó la niña Felicitas a doña Emma que estaba tejiendo en la galería que daba a la calleja de tierra.
‒Nunca lo dijo pero creo que sí porque desde el día que regresó del campo, después del enfrentamiento, se quedó mudo varias semanas.

‒Algo recuerdo‒contestó Felicitas con melancolía‒. Me da lástima esa pobre gente. Siempre odiaron a los blancos porque les quitaron el territorio. Para ellos fueron intrusos y abusadores.
‒Así era… por aquellos años. Los inmigrantes qué culpa tenían si ellos también tuvieron que pagar con la vida. Los indígenas eran bravos y arremetían contra las familias. Se llevaban los hijos, las mujeres y mataban los animales.
‒Sí, pero no deja de conmoverme. Ellos no entendían… (Fragmento)

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Buenas y Santas..., por Marta Abelló




Gracias mi querida amiga Marta Abelló por este detalle tan bonito. 

En el enlace de abajo comparto su novela que participa en el Premio Literario de Amazon 2018.



❤❤❤





UNA HISTORIA DE VENGANZA, MAGIA Y LIBERTAD



Louisiana, año 1830. 

Harriet, esclava de la plantación Beaumont de Saint Francisville, 

acude a Marie Laveau, la Reina del Vudú de Nueva Orleans, 
para vengarse de su amo, hombre tiránico y cruel 
atormentado por la muerte de su esposa.

En una casa maldita de la Louisiana del Viejo Sur 
Harriet vivirá una historia de venganza, magia y libertad.
¿Qué secretos esconde la mansión Beaumont? 
¿Qué hay bajo las oscuras aguas del bayou?

Viaja a la Nueva Orleans del siglo XIX, 
a las plantaciones de algodón y el vudú. 
Adéntrate en el misterio de los pantanos y en el alma herida
de una mujer esclava.

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viernes, 13 de julio de 2018

La chica del tren, de Paula Hawkins



Hola a todos.

Hace unos meses terminé de leer el libro "La chica del tren", de Paula Hawkins.

Debo decir que me ha desilusionado. Después de leer tantos buenos comentarios esperaba otra cosa. 
Es un Best Sellers (libro entretenido que vende) y como tal hay que aceptarlo. El comienzo, en mi opinión,  es totalmente confuso, carece de recursos literarios*, es como estar leyendo la página policial del periódico.

Por momentos me dispersaba y no podía enganchar la trama. Está escrito en primera persona, eso limita mucho al escritor. 

Siempre digo que algo hay que rescatar de los libros que no nos convencen demasiado. De la mitad para atrás cambia y logra un buen ritmo y se torna un poco más atractivo. La historia es original pero no me gusta como está escrita.

De todas maneras, el arte es subjetivo y a muchos les ha encantado el libro. De hecho, se filmó una película. 



* Los recursos literarios son el conjunto de técnicas, figuras retóricas y planteamientos estilísticos que un escritor utiliza para crear una obra literaria. Hay que tener en cuenta que todo autor busca comunicar y al mismo tiempo hacerlo de una forma bella y creativa.

💙💙💙



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Buenas y Santas...-Los hijos olvidados (Prólogo)





Regreso siempre a la inquietante paciencia de verme reflejada sosteniendo la mano de alguna protagonista que camina por los ojos del sauce en la pampa argentina. Y es por eso que vuelvo, para quedarme… Así lo quisieron mis antepasados que dejaron su vida en el surco como huella de una memoria que crece con los años.

Puedo ver a doña Emma con su traje de invierno, descubriendo infinitos en la inocencia de una mirada e intentando reprimir el vuelo de su hija Felicitas que ama y sueña junto al fogoncito para el mate de Antonio, el capataz.

En esa quietud se desata la batalla y cada uno es artífice y víctima de los prejuicios sociales de un pueblo que todo lo mira porque vive y delira, señala y absorbe… Doña Emma escribe el último libro con pluma de adolescente que busca la oscuridad porque la abriga, pero sabe, en el fondo, que no merece el perdón.
La dirección del viento es el mejor camino pero todos van en sentido contrario porque prefieren enredarse con las raíces de un suelo que los empuja hacia los aciertos y errores, con idilios inconclusos, ausencias y preguntas retóricas.

La niña Felicitas, tímida y osada, es una discípula que se enamora, pero no sabe si puede o debe porque existe alguien que ordena su vida desde los umbrales de la estancia La Candelaria.
La Madre Tierra se encarga de elevar muros pero Felicitas siempre encuentra atajos para huir en busca del amor.
Son los hijos de la criada los que tienen la última palabra.
                                                          Luján Fraix



💚💛💚💛💜







Gracias Gemma García Veiga por tu generosidad.


Llevo el 70% de tu novela y me intriga. Primero fue descubrir el secreto de Felicitas, ahora quiero averiguar por qué Emma está tan amargada, seguirá Remedios dejándose llevar por los intereses de otros...







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😀LA NOCHE SIN HIJOS
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jueves, 12 de julio de 2018

Buenas y Santas...-Los hijos olvidados




FRANCIA, 1911
PARÍS
CATEDRAL DE NOTRE DAME


Un mes y veinte días duró el viaje en barco.
París brillaba entre sus encendidos fulgores ante la vista de Emma, Felicitas y Remedios. La populosa vida de aquel país se agitaba dentro del alma de las recién llegadas que se sentían insignificantes. Era el inmenso mundo de la felicidad y de las grandes pasiones. Doña Emma se confundía entre la sensualidad del lujo y su alegría interior, la elegancia de las costumbres con las sutilezas del amor. Felicitas pensaba en los suspiros a la luz de la luna, en los interminables abrazos y en las lágrimas que bañaban las manos de aquel hombre que había abandonado.📚💞

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