miércoles, 22 de septiembre de 2021

Tertulias de la abuela: Hans Christian Andersen

Primavera en el hemisferio sur


Hoy voy a compartir con ustedes la magia de  un gran autor
de cuentos infantiles
que me acompañó en mi niñez junto a Charles Perrault
autor de: "Caperucita Roja", "El gato con botas"...entre otros
y a los hermanos Grimm
creadores de:
"Blanca Nieves", "La Cenicienta"...


Hans Christian Andersen
brilló con sus cuentos:
"El ruiseñor", "La princesa y el guisante", "El patito feo"...
Aunque el tiempo haya pasado
sus relatos siguen presentes en niños y grandes
porque son clásicos.


Andersen fue una persona muy tímida;
en su juventud se enamoró de la soprano Jenny Lind.
Su amor le inspiró el cuento "El ruiseñor"
y contribuyó a que la apodaran la "ruiseñor sueca".


Andersen solía mostrarse retraído con las mujeres y tuvo serias
dificultades para declararse a Jenny.
Lo hizo en una carta cuando ella tomaba un tren para realizar un concierto.
Sus sentimientos no eran correspondidos,
ya que ella lo veía como un hermano.
Lo expresó por escrito en 1844
"Adiós, que Dios proteja a mi hermano,
es el sincero deseo de su afectuosa hermana Jenny."


Otro amor no correspondido de la juventud de este autor
fue con una chica llamada Riborg Voigt.


Se encontró una bolsita que contenía una larga misiva de Riborg
junto al pecho de Andersen cuando murió.

El autor en su diario habría escrito esta súplica:
"Todopoderoso Dios, tú que eres lo único que tengo,
tú que gobiernas mi sino,
¡Debo rendirme a ti! ¡Dame una forma de vida!¡Dame una novia!
¡Mi sangre quiere amor, como lo quiere mi corazón!


Evidentemente, este gran escritor, de inmensa sensibilidad,
sufrió muchas decepciones amorosas
que lo llevaron a  la soledad.


Llegó a decir:
"No puedo vivir en mi soledad, estoy cansado de la vida,
me siento viejo y cuesta abajo".

***

Falleció en 1875.


Hans Christian Andersen
recibió en vida varios honores.
En 1875,
el rey de Dinamarca le concedió el título honorífico de Consejero de Estado
y en 1867 fue declarado ciudadano ilustre 
de su ciudad natal.
Desde 1956 se concede, cada dos años,
el premio Hans C. Andersen de la literatura infantil
y desde 1966 también el de ilustración.

Estatua con el Patito feo en Central Park 
de NuevaYork

***

"El mejor autor
será el que sepa leer el mundo y los hombres,
las creaciones de la naturaleza
y de la cultura,
el espacio y el tiempo.
Sólo puede escribir
quien sabe leer la vida."

Ernesto Sábato




Las ilustraciones son de Arthur Rackham

lunes, 20 de septiembre de 2021

Tu sillón vacío (Cap 1-Las seis hermanas 2da parte)

 


      La familia constituía el centro de la vida de la colonia y los padres, a los que no sólo los hijos sino también los servidores y los esclavos profesaban respeto profundo y absoluta obediencia, determinaban y juzgaban las acciones de sus hijos y también la de todos aquellos que congregaban la institución patriarcal.

Pedro era un hombre de mucho carácter, de allí venía el genio de sus hijas. El gesto adusto lo convertía en un caballero de temer, muy inteligente para los negocios pero demasiado altanero con las personas del lugar. Con su esposa Asunción hablaban todo el tiempo de negocios, se enojaban mucho y entonces nadie entendía nada.

‒¡Piedad!‒gritaba Asunción cansada de los autoritarios modales de su esposo.

Ella tenía sesenta años pero parecía de noventa; su rostro se hallaba delineado por surcos y contornos áridos. Los vestidos largos armados con miriñaques y llenos de volados le daban un aspecto de anciana dormida entre el sopor del estío y sin retorno. Llevaba una capota roja coronada por un moño atado en el cuello que la sepultaba bajo la ceniza de los años. Ya no tenía esperanzas ni metas, como si todo lo que hubiera deseado en la vida lo hubiera alcanzado. Comía y dormía igual que los animales felices.

Es que como el jefe de la familia era don Pedro, ella se limitaba a mantener las costumbres y la armonía del hogar. Allí adquiría prestigio y respeto. Lo sabía. Sus hijas le prestaban total obediencia y reconocimiento a ambos porque sabían que no se podía discutir o violar los mandatos.

La vida era ordenada y sencilla, religiosa y hogareña. Pedro presidía los actos habituales como los rezos, las comidas y las reuniones. Después de la cena, que se servía temprano, jugaban a los naipes y a la lotería. A veces, había música y bailaban… Esas tertulias no se prolongaban más allá de la medianoche.

Las diversiones públicas, además del teatro, que funcionaba en Buenos Aires y Montevideo consistían en corridas de toros, doma de potros y los festejos de carnaval.

Cobraban gran solemnidad las festividades religiosas, los actos de homenaje a los reyes y la celebración de algunos acontecimientos oficiales, como la llegada del virrey o de funcionarios importantes.

 

Consolación veía cómo vivían sus hermanas en La Escalada. A la residencia llegaba el señor Asencio Ugarte, una especie de sanador que había estudiado algo de medicina en Europa, a atender a la madre que siempre alguna dolencia la aquejaba porque era muy frágil de salud. Ellas se peleaban por recibirlo y lo acosaban de manera sutil y diplomática con el anhelo de lograr su cariño. Él era demasiado inteligente y suponía, de antemano, esos argumentos que le causaban gracia. No imaginaba rendirse ante los requerimientos amorosos de esas mujeres un tanto absurdas en el manejo de los sentimientos.


¿Por qué ellas se confundían tanto? Es que no sabían amar de verdad. Esa conducta las precipitaba a un retiro obligado. Es que resultaban ser tan especiales: sagaces, calculadoras, ambiciosas y bonitas, pero nada de eso alcanzaba para lograr la felicidad que las hermanas no tenían a pesar de los esfuerzos y el dinero.

La gente del pueblo las conocía y ningún hombre se atrevía a acercarse a hablarles porque seguramente sería desestimado con un epíteto grotesco. Sólo tenían que ser caballeros de alto rango.

‒¿Qué tiene nuestra madre? ‒le preguntó Gertrudis que era la más sensata de todas.

‒Es que su señora madre es una persona débil, de riesgo. Tiene que cuidarse la presión arterial porque un disgusto puede ocasionarle un infarto o cualquier otra enfermedad grave.

‒Bueno… Asencio. Usted puede venir todos los días ‒agregó Dolores quien era  a la más provocativa y bella con sus rulos como el sol y una sonrisa cargada de sueños casi pueriles.

‒Es mi deber ‒respondió Asencio Ugarte quien tomó su maletín y rápidamente salió de la casa como escapando del asedio descontrolado de esas mujeres que hilaban la trama de una novela inverosímil todos los días.

Más tarde, se reunían a tejer o a bordar en el amplio comedor donde reinaba el mutismo de capilla. Casi no transitaban las veredas, solamente cuando acompañaban a su madre a misa en la iglesia del Pilar. La Escalada  tenía una calle principal con arboledas de lapacho rosado, tilos y ceibos. La mayoría de los habitantes eran campesinos que vivían entre la llanura y la población; necesitaban tener un lugar donde permanecer los últimos años o cuando la lluvia les cerraba arteramente los caminos rurales y no podían regresar a sus ranchos o estancias.



Tu sillón vacío
La Revolución de Mayo-1810

domingo, 19 de septiembre de 2021

La novia (personajes)



SALVADOR FERRER
:

Un hombre fiel a sus convicciones, educado, amable, de excelente familia que descubre, después de veinte años, que se ha casado con la persona equivocada y que ello le está ocasionando situaciones irrevocables.

DOLORES (esposa de Salvador)

Una mujer fría y calculadora, sin moral ni ética, que atormenta hasta el hartazgo a un marido que ya no tiene fuerzas ni para imponer el orden como jefe de familia.

ROBERTO FERRER (hijo mayor de ambos)

Un joven adicto que  no estudia ni trabaja. Su madre lo apoya y no permite que Salvador le ponga límites a su vertiginosa vida. Él se rebela contra todos tratando de subestimar la figura seria y formal de su progenitor.

MÍA FERRER (la hija mujer)

Una joven parecida a su madre, algo frívola y despreocupada que no sabe qué camino tomar.
La típica niña rica que todo lo tiene y que hace ostentación de su bienes materiales pensando en la codicia de los otros.

GUILLERMO FERRER (el hijo menor)

El niño es espejo de su padre: bondadoso, sensible, humano, noble. Tiene claras sus ideas a pesar de su corta edad. 
Más adelante, tomará una gran decisión para el descontento de muchos.

ÚRSULA LÓPEZ GIL DE FERRER (madre de Salvador)

Una mujer demasiado sobreprotectora que depositó, desde que quedó viuda, su confianza en el hijo mayor a quien amaba. Necesitaba de él para vivir pero, según ella, Dolores se lo arrebató. Odiaba a su nuera a quien consideraba una persona inescrupulosa y cruel.

PILAR FERRER (hermana de Salvador)
Una joven callada y sin ambiciones. Sufre el acoso de su madre que la quiere tener amarrada a ella por sus inseguridades. Pilar no tiene vida propia. Cuando intenta buscar su destino queda atrapada en él.

SUSAN ALINA AVELLANEDA (la mucama)

Una colaboradora humilde y servicial, humillada por Dolores y sus hijos, que trabaja en la casa desde joven. Ella parece ser fiel y compasiva pero un día se cansó...
Finalmente, se enfrenta a todos por los agravios recibidos y decide pensar en sí misma.
Deja una huella marcada para siempre.

CLARA FRANCH (La Novia)

Una mujer bella y sensible que es abandonada por Salvador Ferrer a días de su casamiento.
Ella, después de aquel terrible y doloroso episodio del que no ha podido recuperarse, se queda en su casa cuidando a sus padres toda una vida. Cuando ellos mueren, siente que su existencia de soledad se transforma  en estéril y entonces resuelve volver para encontrarse con aquel hombre que le hizo tanto daño pero que sigue amando.

No sabe qué camino tomar pero conserva la firme convicción de que algo tiene que hacer para tratar de acallar sus demonios internos. Va en busca de Salvador dispuesta a todo.

"Amor sin fin,
nos vemos en el camino"

LA NOVIA

¿Ella regresó por amor?




sábado, 18 de septiembre de 2021

PUERTO soledad. La guerra de Malvinas -1982

 


Gracias México por otra valoración de cinco estrellas.
Jamás pensé que esta novela, la primera que escribí en 1993, tuviera un apoyo especial. Debe ser por el tema de la guerra y sus consecuencias.
De todas maneras, yo siempre digo que es una ficción, sólo una huella de las tantas batallas.
Sobre todo las internas, las que no se ven... las del alma.

PUERTO soledad
La guerra de Malvinas
-1982-

viernes, 17 de septiembre de 2021

El Libro de los Recuerdos

 


SER GRANDE... ¿PARA QUÉ?

Cuando era niña,
a los cinco años,
me iba sola a la escuela.
No quería que mi mamá,
que era muy sobreprotectora,
me llevara...
Como ella tenía miedo porque yo era muy pequeña,
me seguía a media cuadra de distancia.
Yo me daba vueltas lentamente,
de trecho en trecho...
Ella, entonces, se ocultaba detrás de un árbol.
Yo la tenía amenazada...
Siempre fui rebelde
porque me sentía adulta.
Nadie tenía que dar órdenes
porque para mí sobraban...

Quería ser grande.
¿Para qué?




jueves, 16 de septiembre de 2021

La cocinera de Castamar, de Fernando J. Múñez

 

Clara, una joven caída en desgracia, sufre de agorafobia desde que perdió a su padre de forma repentina. Gracias a su prodigiosa cocina logra acceder al ducado de Castamar como oficial, trastocando con su llegada el apático mundo de don Diego, el duque. Este, desde que perdió a su esposa en un accidente, vive aislado en su gran mansión rodeado del servicio. Clara descubrirá pronto que la calma que rodea la hacienda es el preludio de una tormenta devastadora cuyo centro será Castamar, su señor y ella misma.


Fernando J. Múñez teje para el lector, con una prosa detallista y delicada, una urdimbre de personajes, intrigas, amores, envidias, secretos y mentiras que se entrecruzan en una impecable recreación de la España de 1720.

La cocinera de Castamar, de Fernando J. Múñez


lunes, 13 de septiembre de 2021

Tu sillón vacío (Cap 1-Las seis hermanas primera parte)

 



1-SEIS HERMANAS 

LA ESCALADA-1806

 


Durante el lapso de setenta y ocho años en el caserío que constituyó la primitiva Santa Fe subsistió su fundación en pleno dominio de los indios calchaquíes, mocoretás y quiloazas; los esforzados pobladores no hicieron otra cosa que defenderse, unas veces de los ataques de los aborígenes y otras de los avances del desbordado río Paraná. Dado lo inapropiado de su emplazamiento, el Cabildo dispuso su traslado y en el año 1651 se instaló con el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz, en el rincón de Lencinas, junto a la desembocadura del río Salado. Allí, sobre la ruta obligada de tránsito hacia el norte y el oeste, comenzó a progresar con más firmeza.

Las construcciones eran de cañas y de barro, encaladas y con amplios aleros y las calles de tierra se hallaban a menudo convertidas en lodazales. Sólo un siglo y medio después de su fundación, se levantaron en Santa Fe los primeros edificios de material. Para esa época, la población inicial de setenta y cinco mancebos de tierra y cinco españoles, se había convertido en un millar de habitantes y en 1795, según datos del naturalista español don Félix de Azara, pasaba de cuatro mil almas.

El gobierno de la ciudad, en manos del Cabildo, era una corporación elegida popularmente que estaba presidida por dos alcaldes y se integraba por cierto número de vocales y corregidores.

Estos funcionarios, vecinos calificados de la población, conocían bien sus necesidades y trataban de resolverlas en la medida de sus recursos, habitualmente bastante reducidos.

La vida social, las costumbres y las ocupaciones de los habitantes eran en las ciudades del interior del país muy semejantes a las existentes en Buenos Aires, la Gran Aldea.

Las habituales reuniones familiares y las tertulias y saraos festejando acontecimientos tales como los días del rey o el santo del gobernador, eran motivos para hacer sociabilidad y practicar danza y música.

Aparte de esta clase de distracciones, la población ocupaba su tiempo en cumplir sus deberes religiosos que respetaban fielmente. Las tareas domésticas en su mayor parte atendidas por negros y mulatos esclavos, ellos servían en los trabajos de mostrador y de oficina desempeñados por jóvenes de clase acomodada.

 

Lujos de pobres, miserias ricas…

 

‒¡Qué bonita!‒decían las tías tan frías y ausentes que la maternidad les resultaba algo molesto y lejano, con demasiadas responsabilidades y poca libertad.

En la modesta casa, donde nació aquella niña en medio de la llanura, recibían a todos los familiares. Consolación y Celestino Peña eran sociables y repartían sus horas entre la cocina, las festividades religiosas y los reclamos de trabajo. Pasaban noches con velas encendidas esperando el ataque de los indios frente al campo inhóspito.


El tiempo solía ser exiguo frente a las necesidades porque nadie les regalaba nada; luchaban frente a los enemigos antagónicos: la sequía, la ignorancia y el menosprecio.

Consolación tenía varias hermanas que vivían en un pueblo pequeño y cercano llamado La Escalada. Ellas eran de elevada clase social. Habitaban la residencia con los padres Asunción y Pedro Aguirre; ellos eran descendientes de labradores quienes habían llegado de España con la finalidad de encontrar un porvenir en estas tierras de gauchos. En realidad, habían logrado más de lo que esperaban: una fortuna digna, un apellido ilustre, la manera de ocupar un sitio en ese círculo caótico con oportunidades y demasiados obstáculos.

Tu sillón vacío

Los hijos de la patria ya son libres...