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El campo como sepulcro de pájaros

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De chica, no me gustaba el campo de mis antecesores porque decía que se parecía a un sepulcro por el sonido de los pájaros; es que muchos de mis familiares estaban muertos, pero se los seguía nombrando como si estuvieran presentes.

Un día, tuve que quedarme a dormir en la chacra de Betty (mi prima) porque había llovido y no podía volver. ¡Cómo sufrí! El mugido de las vacas me torturaba y el silencio, luego, me irritaba tanto que no lograba descansar.


Esa planicie me recordaba al cementerio donde dormía el alma de mi abuela Rosa y la de sus hijos, la del abuelo de bigotes blancos..., acurrucados en ese asilo tan necesitado de afecto. Sin embargo, esos acontecimientos quedaron marcados en mi vida con la bondad y la transparencia de mi tío Rubén.

Recuerdo su sonrisa, su generosidad, su corazón niño... y aquella casita blanca en medio de la llanura con su molino, sus malvones, el burro, los perritos y ese viento que acariciaba la cara.

Luján Fraix

Hija única.  Libro de los Recuerdos.



Pinturas de Robert Duncan


Hoy publico otra vez esta entrada
en homenaje a mi padre
que falleció hace diez años,
que amaba el campo y que vivió para él
añorando sus días de juventud.

Gracias papá,
te cuento que estoy cuidando tus cosas
como si tú estuvieras aquí
aunque no con el mismo amor porque tu sentimiento


era tan enorme, tan irremplazable...


Pasión por
Los hermanos Grimm, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, Han Christian Andersen.



Hija única. Libro de Recuerdos

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HIJA ÚNICA
Libro de Recuerdos

❤❤❤

Surcos en los senderos, bóveda de estrellas, la gata Lola de mi abuela Juana y el espejo que me mostraba los años.

‒Niña, no tienes que tener vergüenza. Eres buena, inteligente, linda… ¡Vamos!

Gracias madre por enseñarme a ser valiente, por dejarme crecer sola como yo quería, por darme todo y más para ser feliz. No necesitaba mucho, sólo lápiz y papel. Siempre valoré los afectos porque eran pocos y había que cuidarlos porque sabía que alguna vez ya no los iba a tener. Quería guardarlos en un arcón dorado para después, para que la soledad no me dejara su frío, su madurez de escarcha, pero no era posible porque el reloj detenido empezó a marchar y ya no quería oírlo. Me daba miedo.

Me colocaba el antifaz para no ver la vastedad del territorio porque era vulnerable. Jugaba y reía para ocultar siempre mis dolores, las carencias, el temor… que no era tanto pero que parecía irreal a esa edad.

Salía al mundo a recorrer el paraíso de mi abuelo Eduardo después de acompañarlo entre las sombras cuando él me venía a visitar.

‒Parece que hay gatos ‒decía entre risas al escuchar las peleas de las mascotas nocturnas. Él era un gaucho de las pampas, un caudillo disconforme que arremetía por los llanos y le hacía frente a las tormentas pero ahora, después de varias décadas, se había escondido entre los duendes de su casa dulce a meditar...


Aquel beso de la abuela Juana...





La abuela Juana solía esperarme todos los días,
yo la veía haciendo su acostumbrado dulce de ciruelas,
estaba triste,
decía mi padre que lloraba...



Yo soy igual, muy sensible.
Ella siempre me regalaba algo:
jazmines, rosas, uvas de la parra...
me tomaba el rostro entre sus manos
y me decía:

-Preciosa...
y me daba un beso.


Luján Fraix


"Quien no cree en milagros no es realista" David Ben Gurion

 

Mujeres… las de mi familia: bendecidas, santas, libres, buenas… Las que abren senderos en la oscuridad y sienten alegría, impotencia y pesar frente al maltrato, la injusticia y la desvalorización.

Mujeres… de noches serenas que arrullan ilusiones y que duermen a su niño, que piensan, opinan, escriben, cuidan cada detalle, sienten esperanza en la derrota.

Mujeres… que luchan día a día frente a los vacíos, al maltrato, a los encuentros furtivos y a la falta de caricias.

Mujeres… como tantas, como todas… Llenas de miedo pero valientes, románticas pero terrenales, seductoras, inteligentes: la casada, la soltera, la niña, la grande…

Mujeres… con virtudes hoy y siempre. De cofia antigua que cuidan sus malvones, que viven de recuerdos cuando los minutos caminan de prisa mientras otras incansables habitan en la penumbra y en los soles de un presente complicado y realista

Mujeres… con convicciones que saben dónde van, de raíz y de cielo, de cumbres por escalar. ¡Maestras!

A ellas: Francisca, Melanie, Juana y Nydia.

💜💖💕💖

------------Fragmento de "Hija única. Libro de recuerdos"

Hija Única. Libro de Recuerdos

 


Hay pianos que arrancan lágrimas.

                         M. Benedetti

 

 

Así era el de mi amiga Alicia. Juntas tocábamos Para Elisa de Beethoven. Digo… tocábamos… Yo apenas el comienzo, la que sabía hacerlo era ella. Disfrutábamos mucho de aquellas veladas casi mágicas, nos reíamos… ¡Éramos tan jóvenes! Nos asomábamos a la adolescencia y todo resultaba nuevo y sorprendente. Amábamos los animales; ella tenía felinos y conejos. Íbamos al río a juntar hinojos para su mascota blanca y nos perdíamos entre las barrancas y las vías del ferrocarril. Era tanta la libertad que no aceptábamos retos porque la pureza estaba intacta. Las diversiones eran tan distintas a las de ahora. Nos faltaba remontar barriletes en ese cielo perfecto. No sabíamos de arrogancias ni de egoísmos. Teníamos una niñez natural y sana pero comprendíamos que ya había niños que caían en el purgatorio del hambre y de la sed, que los pobres eran más pobres y que la humanidad se encongía de hombros. Éramos chicas pero solidarias desde nuestro humilde lugar. Cada una restauraba como podía su desesperación, el propio naufragio, sin esperar nada porque el mundo seguía andando y cada uno respiraba su propio oxígeno.

 

Nos inquietaban también las casas abandonadas, como a todos los niños y adolescentes, solíamos ir a una que quedaba cerca del río. Nos acercábamos con miedo y curiosidad y mirábamos por las ventanas grises para observar...

¿Qué? ¿A quién?

Queríamos ver fantasmas blancos, mujeres vestidas con trajes de novia caminando dispersas rumbo a un punto fijo, muchos ojos y miradas. A menudo, alguien del lugar nos invitaba a irnos, por decirlo de una manera más delicada, pero siempre antes de marcharnos bajábamos hasta el río por una escalinata de la casona donde había una piscina sin terminar con huellas...

No eran espejismos.

_____Hija Única. Libro de recuerdos.

https://a.co/d/bpbrc8s


¡Feliz día del Niño!

 


¡Feliz día del niño!


No suelo publicar imágenes personales, pero esta vez pensé que mostrar una foto mía de cuando era niña, de seis años, en un desfile patrio, era bonito y me traía tiernos recuerdos.


Iba acompañada por mi colegio "Niño Jesús de Praga", de escolta, desfilando por las calles de mi pueblo (ahora ciudad)

Me gustaban las días patrios, muy raro porque a la mayoría de mis compañeros no. A mí me encantaba vestirme de gala con el uniforme azul, la corbata roja, los guates blancos, y los zapatos de charol. Llevaba una boina azul arriba de un moño blanco. Mi madre decía: ¿para qué te vas a colocar el moño si llevas la boina encima? Pero yo, caprichosa y perfeccionista, pensaba que en algún momento me podría quitar la boina y no tenía el dicho moño debajo. Era  todo un tema, una falta imperdonable... 

Me veo mayor que seis años en esta foto, es que yo me sentía así.

¡Feliz día del niño!

Si caminas solo irás más rápido. Si caminas acompañado llegarás más lejos.

 


Se abre el libro mayor…
Y allí figuran los primeros miedos y los insomnios que hablan. Veinte años sobresaltada por los temores. Dos ojos severamente recorriendo los rincones que suenan a cristales rotos, y la manta de lana juega en mis hombros como los cien folios en sus gotas de miel.
¡Todo se registra en las páginas de la vida!
Mis padres
y la ausencia de ellos,
la casa rural,
la gata Milagros,
el dolor,
la página en blanco…

---------------------Imagen "Luna mi ángel"

El auto viejo

 



A mi padre le gustaban los autos antiguos.
Había adquirido un Ford T modelo 1935.

De alguna manera, me obligaba a partir hacia aquel campo
desierto, donde habitaban
los enigmas de la vida.


Antes de doblar, en una esquina,
había una estancia.
Dicen que allí peleaban los propietarios de la antigua casona
con los indios del lugar
en el siglo XIX.
La vivienda encerraba misterios
que yo imaginaba:
gritos en los sótanos;
en los torreones estaban los cañones
mirando al Este.


Mis padres estaban felices
recorriendo aquellas hectáreas que eran su sustento.
Viajaban con la alegría a flor de piel
y ese amor por la tierra
que tuvieron siempre.




Mi padre tenía un auto viejo que adoraba...
De niña,
me llevaba con mi mamá
a un campo de su propiedad que quedaba a unos 40 km
del pueblo.
Yo veía las tierras aradas,
las lechuzas sobre los postes de alambrados,
las bandadas de pájaros...
Cantaba mucho cuando regresábamos
por aquellos caminos
poblados de trinos, de polvo de estrellas,
de almas...

Más adelante,
ya no quise subir a ese aparato grotesco,
me daba sueño.


Hija Única
Libro de recuerdos.





Hija de los recuerdos

 






La plancha de mi abuela Rosa




Yo escribo desde los 8 años,
estudié Letras y soy Preceptora del Conservatorio Lírico.
He publicado libros por editorial y por Amazon.
Muchos de ellos ustedes los ven en el lateral derecho.

HIJA ÚNICA.
 LIBRO DE LOS RECUERDOS
tiene mucho de mí,
de la infancia, la adolescencia, mis alegrías y miedos...
la vocación de artista
y la lucha...

Este blog es una una manera de comunicarme,
de crear puentes y lazos.







El sauce criollo

 


De niña,
mi padre me llevaba al campo,
a recorrer sus tierras...
Yo me aburría
y mientras iba en el auto,
con una muñeca en brazos,
me dormía.

Es que la campiña me daba tristeza,
soledad,
me parecía que estaba poblada de almas
que buscaban sus rincones amados.

Cuando llegaba lo primero que hacía
era correr debajo del sauce
a jugar con mi muñeca
como si fuera una casita.
Recuerdo aquel árbol centenario
como refugio
a mi rebeldía contra los espíritus
que me miraban
deseando mi piedad.



HIJA ÚNICA
Libro de Recuerdos



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