El campo como sepulcro de pájaros
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Hija única. Libro de Recuerdos
❤❤❤
Surcos
en los senderos, bóveda de estrellas, la gata Lola de mi abuela Juana y el
espejo que me mostraba los años.
‒Niña,
no tienes que tener vergüenza. Eres buena, inteligente, linda… ¡Vamos!
Gracias
madre por enseñarme a ser valiente, por dejarme crecer sola como yo quería, por
darme todo y más para ser feliz. No necesitaba mucho, sólo lápiz y papel.
Siempre valoré los afectos porque eran pocos y había que cuidarlos porque sabía
que alguna vez ya no los iba a tener. Quería guardarlos en un arcón dorado para
después, para que la soledad no me dejara su frío, su madurez de escarcha, pero
no era posible porque el reloj detenido empezó a marchar y ya no quería oírlo.
Me daba miedo.
Me
colocaba el antifaz para no ver la vastedad del territorio porque era
vulnerable. Jugaba y reía para ocultar siempre mis dolores, las carencias, el
temor… que no era tanto pero que parecía irreal a esa edad.
Salía
al mundo a recorrer el paraíso de mi abuelo Eduardo después de acompañarlo
entre las sombras cuando él me venía a visitar.
‒Parece
que hay gatos ‒decía entre risas al escuchar las peleas de las mascotas nocturnas.
Él era un gaucho de las pampas, un caudillo disconforme que arremetía por los
llanos y le hacía frente a las tormentas pero ahora, después de varias décadas,
se había escondido entre los duendes de su casa dulce a meditar...
Aquel beso de la abuela Juana...
"Quien no cree en milagros no es realista" David Ben Gurion
Mujeres… las
de mi familia: bendecidas, santas, libres, buenas… Las que abren senderos en la
oscuridad y sienten alegría, impotencia y pesar frente al maltrato, la
injusticia y la desvalorización.
Mujeres… de noches
serenas que arrullan ilusiones y que duermen a su niño, que piensan, opinan,
escriben, cuidan cada detalle, sienten esperanza en la derrota.
Mujeres… que
luchan día a día frente a los vacíos, al maltrato, a los encuentros furtivos y
a la falta de caricias.
Mujeres… como
tantas, como todas… Llenas de miedo pero valientes, románticas pero terrenales,
seductoras, inteligentes: la casada, la soltera, la niña, la grande…
Mujeres… con
virtudes hoy y siempre. De cofia antigua que cuidan sus malvones, que viven de
recuerdos cuando los minutos caminan de prisa mientras otras incansables
habitan en la penumbra y en los soles de un presente complicado y realista
Mujeres… con
convicciones que saben dónde van, de raíz y de cielo, de cumbres por escalar.
¡Maestras!
A ellas: Francisca, Melanie, Juana y Nydia.
💜💖💕💖
------------Fragmento de "Hija única. Libro de recuerdos"
Hija Única. Libro de Recuerdos
Hay pianos que arrancan
lágrimas.
M. Benedetti
Así era el de mi amiga Alicia. Juntas tocábamos
Para Elisa de Beethoven. Digo…
tocábamos… Yo apenas el comienzo, la que sabía hacerlo era ella. Disfrutábamos
mucho de aquellas veladas casi mágicas, nos reíamos… ¡Éramos tan jóvenes! Nos
asomábamos a la adolescencia y todo resultaba nuevo y sorprendente. Amábamos los
animales; ella tenía felinos y conejos. Íbamos al río a juntar hinojos para su
mascota blanca y nos perdíamos entre las barrancas y las vías del ferrocarril.
Era tanta la libertad que no aceptábamos retos porque la pureza estaba intacta.
Las diversiones eran tan distintas a las de ahora. Nos faltaba remontar
barriletes en ese cielo perfecto. No sabíamos de arrogancias ni de egoísmos.
Teníamos una niñez natural y sana pero comprendíamos que ya había niños que
caían en el purgatorio del hambre y de la sed, que los pobres eran más pobres y
que la humanidad se encongía de hombros. Éramos chicas pero solidarias desde
nuestro humilde lugar. Cada una restauraba como podía su desesperación, el
propio naufragio, sin esperar nada porque el mundo seguía andando y cada uno
respiraba su propio oxígeno.
Nos inquietaban también las casas
abandonadas, como a todos los niños y adolescentes, solíamos ir a una que
quedaba cerca del río. Nos acercábamos con miedo y curiosidad y mirábamos por
las ventanas grises para observar...
¿Qué? ¿A quién?
Queríamos ver fantasmas blancos, mujeres vestidas con trajes de novia
caminando dispersas rumbo a un punto fijo, muchos ojos y miradas. A menudo,
alguien del lugar nos invitaba a irnos, por decirlo de una manera más delicada,
pero siempre antes de marcharnos bajábamos hasta el río por una escalinata de
la casona donde había una piscina sin terminar con huellas...
No eran espejismos.
_____Hija Única. Libro de recuerdos.
¡Feliz día del Niño!
¡Feliz día del niño!
No suelo publicar imágenes personales, pero esta vez pensé que mostrar una foto mía de cuando era niña, de seis años, en un desfile patrio, era bonito y me traía tiernos recuerdos.
Iba acompañada por mi colegio "Niño Jesús de Praga", de escolta, desfilando por las calles de mi pueblo (ahora ciudad)
Me gustaban las días patrios, muy raro porque a la mayoría de mis compañeros no. A mí me encantaba vestirme de gala con el uniforme azul, la corbata roja, los guates blancos, y los zapatos de charol. Llevaba una boina azul arriba de un moño blanco. Mi madre decía: ¿para qué te vas a colocar el moño si llevas la boina encima? Pero yo, caprichosa y perfeccionista, pensaba que en algún momento me podría quitar la boina y no tenía el dicho moño debajo. Era todo un tema, una falta imperdonable...
Me veo mayor que seis años en esta foto, es que yo me sentía así.
¡Feliz día del niño!
Si caminas solo irás más rápido. Si caminas acompañado llegarás más lejos.
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