Nadie le hace sombra a quien tiene talento




El otro día en facebook leí ciertos comentarios que de alguna forma me dolieron. Existen personas, escritoras sobre todo, que les molesta o lo toman como soberbio el hecho de que alguien publique con una Editorial.

Se sienten mal porque lo ven como una especie de demostración innecesaria. Entonces empiezan a dar explicaciones de una u otra cosa tratando de justificar el éxito de Amazon como si se sintieran menos escritores que otros.

Ellas son Best Sellers, venden muchas copias, qué importa si otro va por un camino diferente. Hace un tiempo una escritora exitosa de Amazon, salió a quitarle méritos a las personas que habían hecho carreras terciarias diciendo que para ser un buen autor no se necesita estudiar. Es cierto.

Yo pienso que todos tenemos el sueño de ser leídos de alguna o de otra manera. No se puede cuestionar el camino elegido. El destino no es el mismo para nadie y la suerte tampoco. Yo por ejemplo que tengo vocación innata, siempre traté de estudiar porque no había otra cosa. Ser escritor no era una carrera. Tuve que seguir el profesorado, luego me fui al Taller porque me gustaba aprender, leer a grandes autores, compartir textos, asistir a reuniones literarias, conocer escritores... Después de siete años de publicar en diarios y revistas y de lograr algunos galardones casi me obligaron a que editara mi primer libro de poemas. Yo no quería. Pensaba que no era nadie para escribir un libro. Los verdaderos autores eran personas que estaban, para mí, a un nivel muy superior. Eran otros tiempos. 

Ahora existe rivalidad, competencia, celos... Qué tendría que decir yo que no vendo casi nada en Amazon. Cada uno tiene que ir por el camino que lo hace feliz, por donde puede y quiere, haciendo las cosas bien. A mí no me preocupan los demás autores porque seguro tienen su lugar ganado. Me emocionan mucho las escritoras que tienen humildad y solas van buscando su lugar.

No me gusta escribir esto pero me duele leer a cierta gente que yo admiro porque han llegado lejos. Eso es un gran mérito, sólo me parece que hay que dejar al otro respirar... Nadie le hace sombra a quien es valorado por su talento.

Luján Fraix

Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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Buenas y Santas...-Los hijos olvidados.
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