La nodriza esclava
Aquella ausencia de carruajes, de risas infantiles, de copos de nieve y querubines, del rey y sus borlas doradas, de los escribientes y las gitanas… la dejó inerme, contra una pared de formas inquietantes pero sin voces.
El mutismo lleno de memoria le recordaba la soledad y la quietud era una mortaja de condenado. Nunca creyó que iba a tener que vivir sin ellos.
In Pace.
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---------------Pasión por la Historia: Inglaterra en el reinado de EnriqueVIII, Ana Bolena, Isabel I, Catalina de Aragón, Juana Seymour, Ana de Cléves, Catalina Howard y Catalina Parr---- Antonia Fraser.
El país de mi infancia, de Jorge Isaías
"Escribo desde el recuerdo.
Escribo desde un dolor antiguo. Desde mi pena sola dando vueltas como un temeroso ardor que me espera en cuclillas, siempre.
Muchas veces me he preguntado por qué escribo.
No hay respuestas, no hay en ese sinsabor y en este júbilo un mínimo de odio, un dolor, ni siquiera un poco de piedad.
Escribo porque en la sangre voy dando vueltas aterido, solo, inquieto, tratando de unirme a este universo que me expulsa, diariamente".
Fragmento de "El país de mi infancia"
de Jorge Isaías
David Copperfield, de Charles Dickens
DAVID COPPERFIELD fue una novela publicada en partes entre 1849 y 1850, basada en sucesos de la propia vida de CHARLES DICKENS.
La historia se inicia con el nacimiento de Charles y narra las experiencias que vivió en la escuela y cuando se vio obligado a trabajar siendo muy joven.
Gradualmente D. Copperfield llega a la madurez, alcanza la fama como autor y se casa con Dora; después que ella muere lo hace con Inés.
Parte del propósito de Dickens al escribir su triste relato sobre la infancia fue denunciar las condiciones de trabajo infantil que él había conocido en Gran Bretaña.
Gracias Kemy Perez Brito
Buenas noches habitantes de la Madre Tierra.
Tiene ese arte de hilar las palabras y contarnos historias cargadas de mucha ternura y amor.
Me encanta leerla y es que ella posee ese don de llegarte al alma.
Tan lejos y tan cerca y aunque no, nos conocemos, tenemos o poseemos eso que solían decir nuestras abuelas: almas gemelas.
Porque muchos seres aunque estén en el otro hemiferio y gracias a estos Lares, podemos sentir esas almas bellas, que poseen un ser, que te hacen soñar, reír, llorar y te emociona con su gran creatividad.
Luján es una buena contadora. Una buena escritora.
Gracias por estar aquí en estos Lares...
A soñar bonito y a ser felices.
Y pongan un libro en su vida.
Aquí les dejo algo bonitoooo.
Besos de aroma a canela en rama.
Kemycuentacuentos
QUERIDA ROSAURA
¿Cuánto dura el amor?
La eternidad
El hombre del espejo
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Molinos de viento---Luján Fraix
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Luján Fraix
Luján Fraix
a la/s
febrero 11, 2020
Trataba
de salvar lo poco que quedaba de su castigada vida. Versado, independiente,
hombre con fuerza de gran varón..., quería legitimar el hecho completamente
irreversible: ver el avión quemado en aquel sitio ceniciento.
Su
esposa Yolanda del Valle Rojas y su hija de cinco años dejaron la existencia
entre los hierros y el fuego abrasador.
Maximiliano
Rojas viajó a Brasil; debía recoger escombros, saldos y ese catálogo de nombres
desconocidos para no caer con la levedad de un pájaro por un barranco envuelto
en redes, licuado, en contienda con ese destino que lo obligaba a la soledad.
Caminó
por las calles; se veía raro, en pugna y utilizado, tal vez no era el mismo.
Pronto encontró un hotel, antiguo y deslucido, similar a una pensión de
estudiantes. El posadero lo miró con los ojos y el alma anciana.
Había
gentes que dormitaban en hamacas bajo los árboles y murmullos que trituraban el
silencio. El anatema era: “Morirán antes del alba…”
Yolanda
del Valle Rojas no quería viajar en el avión que el 10 de enero de 1969, poco
antes del mediodía, despegó de Lima rumbo a una población peruana que se
hallaba en la selva a setecientos kilómetros al nordeste, al otro lado de la
Cordillera de los Andes.
Iban
a bordo noventa pasajeros. Media hora después de haber despegado, el capitán
Mauricio Madrás avisó por radio a la torre de mando que esperaba aterrizar
dentro de cincuenta minutos. Al poco tiempo se perdió contacto, no contestaba a
ninguna señal transmitida. Los aviones que partieron en su busca no hallaron
restos.
Después
de la explosión y las cenizas todo quedó maduro y manchado, con ese mutismo de
capilla que perturba a los mortales hasta enloquecerlos de impotencia.
Yolanda
iba en la primera fila de asientos, junto a la ventana, la niña se encontraba a
su lado y un médico ocupaba el asiento contiguo al pasillo. Todo era normal: el
despegue, el vuelo sobre los Andes, el ambiente apacible, el trato con las
azafatas… y luego la selva que se extendía por el este hacia el horizonte.
A
los cuarenta minutos de haber partido, disminuyó la visibilidad; la lluvia
comenzó a azotar la parte frontal del avión y el viento a soplar con energía.
La nave se agitó en bruscos ascensos y caídas violentas. Un relámpago rasgó el
cielo y el aparato se sacudió. Las valijas cayeron y la gente comenzó a gritar,
mientras desde el ala izquierda se empezó a levantar una llama de vivo color
naranja…
Un
instante después se produjo un golpe terrible.
La
ventana daba a un parque y el reloj marcaba las once y media. El aire soplaba,
árido, tan caliente como el fuego mientras Maximiliano Rojas se debatía entre
el embrujo de las sábanas. Denigraba la vida en el sueño alterado por los
pensamientos; se agitaban sus piernas sin gobierno… Hubiera querido fugarse de
la maleza y retroceder el tiempo.
Al
despertarse por la mañana, la primera sensación de la que tuvo conciencia fue
que debía ir al lugar del siniestro pero sintió un profundo dolor en todo el
cuerpo y la piel áspera y seca. Se puso de pie como pudo, se vistió y se fue a
la calle. En medio de la batahola de miradas parecía un longevo que volvía de
la tumba pero era sólo un mendigo que disfrazaba las lágrimas. No entendía el
idioma y se debilitaban sus energías. Las opulentas avenidas lo confundían,
quería ver una selva devastada y reducida a polvo. ¿Nadie sentía piedad por
él?. ¿Es que no lo veían sufrir?
Preguntó
dónde quedaba el sitio. Debía alquilar un auto especial pues se encontraba a
varios kilómetros de la capital. De repente, una especie de compasión hacia sí
mismo lo obligó a retardar su porfía. Era loable el esfuerzo que mantenía para
poder reconocer la muerte que siempre le pareció ajena, palparla en la sangre y
en la de sus seres queridos.
“Nuestras muertes
no son iguales a las otras”.
Cuando
llegó al paraje se escuchaba el croar de las ranas y había butacas vueltas
patas arriba. Abundaban las víboras y los insectos pero también el ocelote, el
jaguar y algún tapir. En la selva del Perú muchos ríos corrían en círculos y
estaban repletos de mosquitos, de caimanes y de pirañas. De lejos se oía el
graznido de los buitres, seguramente rodeaban el fuselaje.
Maximiliano
estaba a punto de desmoronarse. ¿Qué hacía él solo en ese campo de batalla
rodeado de papagayos, monos y colibríes?. Era enfermizo que intentara mitigar
la angustia porque era tan punzante que lo absorbía y lo convertía en un inerte
individuo sin identidad.
El
calor era húmedo y la temperatura de 45º.
En
una barca amarrada a la orilla del río Shebonya que se unía al cauce del Pachitea
se encontraba un sacerdote que venía del caserío de Tournavista. El hombre se
acercó a él y lo miró fijo, tan vez horrorizado, al ver su cara desprovista de
moralidad. Maximiliano Rojas quería golpear a alguien pero su incapacidad lo
mutilaba; veía rostros desfigurados y cuerpos descompuestos entre las piezas
del avión.
Aquel
religioso fantasma había desaparecido…
Dio
un puntapié letal a los asientos esparcidos y huyó entre las lianas, las pacas
y los sapos negros. Ahora era él el que quería quemarse frente a algún
camposanto.
Caminó
como un neurótico que buscaba un instante de cordura para poder aliviar su mal
cuando por una arteria, de espaldas, creyó ver a Yolanda del Valle y a su hija
Sofia; iban acompañadas por un caballero que se parecía mucho a él.
¡Aquella
camisa de cuadros azules era igual a la que llevaba puesta!
La
bruma lo cegó, se frotó los ojos y corrió detrás de ellos pero no pudo
alcanzarlos. ¿Se estaba volviendo loco?
Maximiliano
Rojas, un inocente perdido frente a pasos arteros, se quedó parado en el
espacio. Debía recomponer su existencia. ¡Para qué servirían las misas en
homenaje a los caídos!. ¿Para qué pedir justicia y descifrar los mensajes de
las cajas negras?
Noctámbulo
por los caminos en la infinitud de los laberintos, sin paz y sin cuerpo, sólo
un alma, se fue hacia la posada.
El
cielo encapotado iba a borrar las huellas de la masacre en media hora más.
Entró
a la habitación y prendió un velador de luz rojiza y apagada. Un espejo con
marco de bronce estaba colgado frente a la cama. Aromas de formol y de pino
invadieron el aposento.
De
pie, delante del espejo no pudo ver su imagen; lo limpió, lo colocó de costado,
para arriba y para abajo. El terror se apoderó de él y retrocedió con paso
débil y vacilante, se desmayó.
En
el cristal su cuerpo destruido y sobre una silla la chaqueta de médico del
Hospital Español “Roberto Rojas”.
¿Acaso
hubiera sido mejor no tener que viajar en el avión junto a su esposa y vivir el
horror de padecer su muerte?
L.Fraix- 1998
* Mención de Honor a la originalidad y creatividad literaria. Centro Internacional de escritores noveles. Buenos Aires-2000.
De----Molinos de Viento (Antología de cuentos premiados)
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Se va el verano...
Severin Kroyer
Se va el verano y como siempre nos queda un vacío
de risas, de ilusiones, de aire libre...
pero nos espera el sosiego del otoño
con su gris-oro
en cada latido de su hojas
y en el ronroneo de los diálogos.
L.Fraix
Misstigri
Misstigri es pintora, ilustradora y diseñadora francesa
con gran talento que nos deja
unas acuarelas con claras referencias orientales
y un estilo muy Art Noveau.
Lánguidas y sexys mujeres de belleza delicada
son lo más representativo de esta artista.
Su nombre es Valerie Moigne.
Sus pinturas son claros exponentes de la feminidad
en estado puro.
La sensualidad de sus imágenes, la calidez de sus colores
y la suavidad del trazo
se combinan para dar lugar
a unas ilustraciones únicas e inolvidables.
A Misstigri
Danza,
ríe,
baila
ama...
Enamórate de tu vida,
desborda tu magia.
Brilla,
suelta...
y de una vez por todas
sé lo que sueñas ser.
Anónimo
Microrrelatos
LA TRAMPA
Siempre vivió al pie de la letra, maniático y exacto, en ese claustro que, por ser tan sagrado, jamás lo instigó al desorden.
Un día apareció un revólver en su mano junto a su cuerpo helado. Tal vez, alguien se burló de él...
El gran pintor se paseaba entre sus alumnos que dibujaban casas, árboles y paisajes. Cuando él se acercaba, ellos escondían sus obras por vergüenza.
Al otro día, el artista copiaba las imágenes en su lienzo.
Evidentemente, lo hacía mucho mejor.
ECOS
Lejos, blanquea el pueblo...
Las puertas están selladas, bloqueadas por el yeso de las piedras; el aire es caliente y el reducto brilla por la luz del oro que quema; allí, entre el polvo y el escalón, está el sarcófago dorado. Trae consigo el destierro de los antecesores, el galope de los caballos y el rechinar de las armas.
El sarcófago está abierto. Alguien camina por los pasillos oscuros.
La tapa del ataúd se cierra con violencia. El paseo terminó.
LA VIDA DEL SILENCIO
La araña trepa por la pared de la antigua casa.
Ella entra despacio al cuarto vacío de su hijo. De pronto, escucha un llanto. Desesperada, abre un ropero. En el fondo, hay una caja con un muñeco roto en mil pedazos. Mira a un lado y al otro...
En la puerta, parada, la soledad.
Lujan Fraix
❤
El columpio
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Luján Fraix
Luján Fraix
a la/s
febrero 07, 2020
El columpio miraba de lejos en los jardines de la casa de piedra. No podía convocar a su paraíso a la niñez blanca que le hablaba desde algún cuento de tilos y moluscos. Componía su madrigal con magnificencia frente al madroño sembrado de matices y suspiraba tras la gracia de soñar un día más con el adagio del destino.
Balanceaba su rosario de eslabones grises en la soledad, como fantasma que cuidaba la llanura o centinela de milenios que movía sus cadenas y ahuecaba el silencio. Jamás dejó que lo tocaran porque él era dueño de sí mismo y, cual sabio monacal, permanecía inmaculado. Era un maestro de ciencias y cabalgaba sin instrumentos ópticos por las sombras de los Jueves Santo, en el canto de los mirlos o en el aura que dejó la nostalgia cuando la fiesta de la infancia se fue del escenario.
Un día, interrumpió el susurro porque escuchó la voz de nácar de una niña vestida de mujer...
Luján Fraix
❤❤❤------De Los duendes de la casa dulce.
La novia. ¿Ella regresó por amor? y Enrique Laso
Acabo de encontrar mi libro LA NOVIA. ¿Ella regresó por amor?
Amazon Brasil.
Allí está mi libro junto a los de Enrique Laso, gran autor, inolvidable... que ya no está entre nosotros.
Es un honor.
Recuerdo que solía conversar con él sobre su abuelo a quien amaba y admiraba muchísimo. Se notaba que lo extrañaba y eso era sumamente conmovedor para mí.
He querido inmortalizar este momento.
Gracias.
Las baldosas rojas
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Molinos de viento---Luján Fraix
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Luján Fraix
Luján Fraix
a la/s
febrero 02, 2020
Cuando era chica iba a la casa de mis abuelos: Juana y Eduardo.
Recorría el jardín poblado de jazmines y de rosales... El chalet era como sacado de los cuentos porque tenía la magia de los enanos de Blanca Nieves, de Hansel y Gretel...
Parecía un reino de hadas y la gracia flotaba en el ambiente con efluvios singulares de mermeladas y flores donde los personajes se mezclaban y aparecían en lo tapices de las paredes.
Yo estaba en el portarretratos..., tenía cinco años en aquella fotografía.
La abuela Juana era indiferente y siempre estaba en la cocina. Hacía dulces y tejía pañoletas.
-Voy a "escuchar" la novela.-decía mientras prendía el televisor.
Yo contaba las baldosas rojas y comía las uvas de la parra a escondidas del abuelo Eduardo que siempre estaba en el terreno de los árboles frutales; allí tomaba mates sentado sobre tres ladrillos; yo lo acompañaba y juntos dibujábamos letras con un palito en la tierra. El abuelo murmuraba igual que un viejo sin remedio y luego me narraba cosas que ya ni recuerdo. Pasaba el día en aquel hogar fascinante sin voces ni risas.
La abuela me daba alguna masita y yo hubiera querido llevarme los jazmines pero ni me atrevía a tocárselos. Iba al comedor y miraba la vitrina con las tacitas de porcelana y las copitas de licor, que parecían diminutos utensilios de duendes. Todo limpio, tan impecable como los espejos y los dormitorios de camas separadas con dos cuadros de vírgenes. Ese universo vacío era demasiado perfecto si no fuera porque el silencio obligaba a sublevarse.
En el pequeño palacio soñaba historias sin tener noción de la verdad, de la crueldad del mundo y de lo dolorosa que podría llegar a ser la vida. Frecuentaba aquel lugar rodeada de personas monótonas que no peleaban pero que tampoco estaban contentas.
No creí nunca que el futuro pudiera ser tan diferente y que los seres se fueran despacio sin darse cuenta, cuando todavía no les había hecho la mayoría de las preguntas.
La casita de chocolate era real pero mi corazón de fantasía se agrandaba sin darse cuenta que pronto podría romperse en pedazos.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Hoy llevo la melancolía de mi infancia y el recuerdo de unos abuelos tristes que vivían con resignación y apatía. Me queda la imagen, casi sagrada, de ese sitio parecido a un templo.
Dejé todas mis ilusiones guardadas allí, en los jazmines y sus flores, las uvas, los rosales, el aroma a dulce de ciruelas... y en las baldosas rojas.
Luján Fraix
(CLICK EN EL ENLACE)
Publicado en mi antología "Molinos de Viento" cuentos (Buenos Aires-2000)
------------------Pasión por Los hermanos Grimm, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, Han Christian Andersen, Mark Twain, Perrault.
Febrero
Comienza FeBrero, el mes de los enamorados...
Febrero llega con el verano a pleno como escapando ya... llevándose su juventud, su expresivo aire de seducción que se percibe en el entorno de sus brillos, en el color de su ocaso, en los perfumes...
Es el mes de los enamorados (14) cuando se trata de llegar a los abrazos sin mirar el calendario pero con la convicción de que el amor no tiene números ni estaciones. Es libre.
Mi gata Milagros llegó en un 2001 para llenar los vacíos de mi alma: recuerdo que fui a buscarla a un bosquecito de duendes donde habitaban muchos gatos. Yo tenía que elegir uno y en una caja me dieron uno blanco y negro. Ya me iba para el auto cuando siento que algo salta sobre mi pie, era ella. La miro y me mira como diciendo "quiero ir contigo". Fue muy emotivo para mí y allí la levanté, la deposité en su caja y regresamos... Por eso le puse Milagros. Fue mi ángel.
FeBrero camina rápido para llevarnos hasta un otoño que me fascina...Quiero celebrar este tiempo de realidades aunque yo viva en las estrellas tratando de alcanzar, a veces, el alma de mi madre.
Feliz tiempo de desafíos para mí... con amor para ustedes.
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