Escritura sanadora





Narrar cura las heridas.

Poner por escrito una vivencia dolorosa causa alivio: ayuda a superar el sufrimiento que a uno puede haberle dejado una separación, la pérdida de un ser querido, un accidente trágico, un terremoto, un incendio devastador o un asalto violento.


Esto también se aplica a crisis personales que actúan como verdaderos cataclismos internos. La escritura ayuda a reorganizarse mentalmente, a repensar esos momentos críticos. Cuando uno escribe está solo, sin testigos ni apuros, uno puede tomarse el tiempo para elaborar los peores recuerdos y a medida que surgen las palabras para nombrarlos, es posible darles un significado distinto.


El relato escrito moviliza las emociones y la reinterpreta. Escribir lo que a uno le pasa promueve un diálogo interno que queda registrado. Se puede recurrir a él y cambiarlo cuántas veces uno quiera; actúa como una autoterapia reorganizando pensamientos y emociones.

El pensamiento es más lento que la emoción,
así como escribir es más lento que pensar.


En este cruce de tiempos, del sentir-pensar-escribir la razón libera las palabras necesarias. Escribir es dedicarse tiempo a sí mismo, detenerse sobre la existencia dolorosa y dejar que salga el miedo, el rencor, lo que fuera, sin temor al juicio de nadie.

Cristina Noble


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