La novia--¿Ella regresó por amor?


¿Quién no ha vivido o soñado con un gran amor en su vida?

Cerrando los ojos, ella, La Novia, deja que los viejos perfumes la abriguen en su recorrido. Imagina que es posible recrear esos tiempos en los que un cruce de miradas, un roce de manos, un deseo... era todo y alcanzaba...

La Novia piensa...¿es el fin de la vida o el principio?
¿Puede una mujer esperar un mañana que puede llegar a ser incierto.?

Caminar calles empedradas, dibujar sombras en las paredes blancas, tratando de soñar cómo hubiera sido la vida si aquella boda se hubiera realizado.

Escribir el diario de un destino es poco.

Tal vez, el amor no es el producto de los encuentros, sino que los encuentros se producen porque el amor los va trazando con paso libre y suspendido.

Ella debía consolarse con el abrazo eterno.
No sabía de tiempos porque el fuego de la espera le había desordenado los relojes que, como retazos, se burlaban de su realidad sombría, pueril, inalterable.

¿En qué se transforma el abandono cuando la realidad se altera?

En perfume, en albor permanente, en futuro esperado y no vivido... o en ceniza que hay que ocultar.

El amor queda como una marca, un mapa, alguna felicidad que se esfuma por una ventana y besa el rostro, otro...

Las palabras escriben sus cartas amarillas que se leen solas frente al desasosiego del alma que no sabe cuál es el camino.

"En lo profundo del parque verde-lila, Clara se aferró a una cruz y caminó arrodillada a través de la oscuridad en busca de aquel hombre que, a última hora, dejó de latir".

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Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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