Homenaje al Taller de escritura "Encuentros"



En esta preciosa ciudad de Rosario
que queda a 50 kilómetros de la mía,
viví los momentos más felices de mi vida,
al asistir durante 15 años
al taller de literatura "Ecuentros",
coordinado por mi profesora y amiga
Susana a quien quiero y recuerdo
con todo mi cariño.


Tardes de té...
lecturas, opiniones, amistad,
consejos, aprendizaje, risas, sinceridad...cariño.


Yo ya había publicado un poema en un diario de esa ciudad,
pero con el taller editamos "Re-Visiones 92/93",
"Encuentros con poemas"
e "Imágenes y poemas".

Para mí fue como tocar el cielo con las manos,
el sueño alcanzado, 
el que nació con mis 8 años.


Lo que me motivó a asistir a aquel maravilloso taller
fue conocer a la bisnieta de Rubén Darío,
quien estudiaba allí desde hacía un año.
Ella, Martha Eloísa Darío y Lacayo
es una mujer maravillosa
que lleva todo el carisma
y el talento de los grandes.
Un ser humilde.


Junto con mis amigas tomábamos el té o el café,
leíamos a Borges, a Cortázar, a García Márquez
y entre páginas 
y licores,
"Cien años de soledad"
fue el inicio de mi pasión
por la escritura
que si bien ya había nacido en mi infancia,
en ese momento fue como tomar el verdadero impulso.


Aprendí gramática, 
me enseñaron las técnicas de la escritura,
pero también pude compartir
vivencias, salidas, encuentros,
afecto, amistad desinteresada.


Susana quien está en esta fotografía del año 1994
junto a Mariel, mi mejor amiga, y yo,
fue mi maestra de arte
pero también mi maestra de vida.


De esas personas que yo llamo "ángeles"
porque son sanadoras,
desde una mirada, una palabra,
un gesto,
un regalito para el día de la mujer...
pueden llegar a hacernos sonreír,
a indicarnos un camino.


En aquel maravilloso taller publiqué mis libros propios,
tuve premios y medallas,
diplomas...


Recibí uno de mis más queridos galardones
el "Onda de Plata 1997"
que se otorgaba por la trayectoria 
no solamente a los escritores...


sino a los músicos, actores, personalidades
destacadas, intendentes de ciudades
( el intendente de mi ciudad también lo recibió
en años posteriores).


Yo no podía creer recibir este premio
y compartirlo con tanta gente importante.
Hoy en día todavía no lo creo...
Es que estuvo allí la mano 
de Susana
que lo hizo todo por mí,
para que levantara la autestima,
para que pudiera valorarme...


A ella le debo todo...
igual que a mi madre.


Este té me recuerda a aquellos
que tomábamos en las tacitas de porcelana,
el licor de chocolate,
los caramelitos, las flores que nos regalaba
cuando nos íbamos,
los mensajitos...


Tantas cosas imposibles de olvidar!!!

***

La imagen de mi gata Milagros (Millie)
regresa con el tiempo
para recordarme que ella me había elegido
para compartir la vida.

Ya no está conmigo,
pero jamás la olvidaré.



***

Este poema quiero dedicárselo a una amiga que partió hace mucho tiempo.
Ella era actriz y había elegido un cuento mío
para representarlo en su obra de teatro
"Cuento con vos para contarte".




Para Marta



Amiga...
Las letras te dibujan
en una suave pincelada viajera.
Estás presente
porque un viento huracanado
de estrellas,
trae tus palabras
junto a nosotros
en los versos,
en los relatos,
bajo ese cielo,
en las tardes compartidas
y en el infinito,
dando vida a tus personajes de cuentos.
Incansable, generosa, sincera.
apasionada por el "Romancero gitano",
valiente y creativa...

Gracias
por enseñarme a caminar sola,
por elegir mi obra
junto a la de Borges y Cortázar...
Gracias 
por el ejemplo de amor 
vestido de niño...
Tu "adiós" me dejó mensajes
y la tristeza llegó muy hondo
aquel día de verano.
Jamás podré olvidar tu voz
que se torna perpetua
como un eco
y los martes
en el Taller "Encuentros"
cura las heridas,
palpita,
revive
y abraza...


Luján Fraix

Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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