Retratos literarios: Manolo

     

    MANOLO FUENTES (Segundo esposo de Letizia, hija de Manuela)

Lejos, se escuchaba el llanto de un niño. Manolo sintió un latido punzante en el corazón porque no se trataba de una criatura sino de un gato. Era un gemido de desconfianza y de abandono. Así aullaba la gata Máxima cuando alguien fallecía en la casa vieja.

Letizia se asomó por la puerta del cuarto vestida de oscuro como siempre, con los hombros vencidos y la aspereza en su mirada. Manolo, al verla, se impresionó mucho porque no quedaba nada de la mujer seductora que él había conocido. Paseó la vista por los inquilinos que, inmóviles, lo observaban con temor a mostrar el aturdimiento.

Ella se veía maternal a pesar de su aspecto pero tremendamente distante; por momentos, parecía una religiosa abandonada al silencio de las abadías y por otros una hechicera, tal vez, un ser aberrante que oficiaba misas negras en una ermita o bajo los montes. 

-Que el señor os guarde-dijo y Manolo dio un paso atrás con deseos de escapar de ese lugar centenario para morir en algún lodazal.
Socorro ya restablecida salió a su encuentro.
-Llévesela, está loca, no la queremos acá…


Manolo no respondía; la noche se acercaba… Sonrió dejando de lado todo formalismo. Avanzó sin hacer ruido entre las plantas cactáceas hacia Letizia. Ella lo miraba pero no lo conocía; a la luz de la vela de cebo, bajo el alero, sintió su perfume. Era incapaz de hablar porque no se acordaba de él y Manolo, con las manos temblorosas, sólo le tenía miedo a esa mujer diferente que lo inquietaba; parecía pérfida pero tranquila.

-¿Cómo está mi madre?-le preguntó.
            (fragmento)

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Manolo Fuentes era un ser ambiguo que se había casado con Letizia para heredar su fortuna; lo cierto, era que para que ocurriese tenía que morir Manuela y Julián y para eso faltaba ... aunque nunca  se sabe. Él, después de un breve tiempo, abandonó a Letizia por otra pareja, pero tenían un hijo: ese niño los unía a pesar de la locura de ella y de la frivolidad de él.

Manuela no lo quería, lo repudiaba por su conducta pueril, pero lo necesitaba porque debía ayudar a encontrar a su hija, insana, que se hallaba perdida. Manolo ya no le importaba nada de esa familia pero lo hacía por su pequeño Antonio que merecía estar cerca de su madre. Letizia ya no era libre.



------------------------------De El silencioso GRITO de MANUELA.


Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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