Los gatos del campanario (El tema)

 


Realismo Mágico de la Literatura Hispanoamericana (Maite Lorenzo)


"Hay dolores que se expresan callando"
E.Galeano


Salvador Ferrer se sentía agobiado por una familia demandante que reclamaba a toda hora dinero, salidas, viajes. Se había casado con una mujer que no amaba.
Él era un hombre que le gustaba vivir bien pero creía que en su alma se libraban demasiadas batallas. Se llevaba mal con toda su familia: Dolores, su esposa, era fría y calculadora; su hijo mayor Roberto tenía problemas con las adicciones, Mía era rebelde. El único que calmaba sus ansiedades y temores era Guillermo, el más pequeño.

Un día, Salvador Ferrer apareció muerto.
Dicen... que se quiso suicidar.
Su esposa y su hijo mayor trataron de ocultar el hecho y entonces comenzó para ellos la verdadera tortura existencial. Un camino impredecible de misterios, reproches, intrigas y reclamos, como si alguien quisiera cobrar alguna deuda antigua.

Todos, de a poco, fueron pagando por esa muerte injusta.

¿Quién mató a Salvador Ferrer? ¿Su esposa, su hijo...?


La ausencia tenía efectos indelebles. Los rostros se desdibujaban en la lejanía gris de los recuerdos. A veces, ella se preguntaba si esa persona había existido en su vida. La nostalgia la envolvía con sus ropajes místicos mientras el tiempo ocultaba tras las sombras el pasado en una batalla constante por volver.

Quería prescindir del amor para poder vivir, desterrar su compleja melodía, pero aquellas noches la humillaban con su polvo, sueño y agonías.
Necesitaba volver a ese juego infinito.

Estaba sola en ese refugio de cuatro paredes donde podía volar hasta él, pero prefería caminar las veredas, las plazas, las iglesias... Subir al campanario e imaginar abrazos eternos. Salvador la había abandonado, pero ella no. Se quedó cuidando a sus padres toda una vida para finalmente encontrarse con el amor. 

Clara tenía demasiado para dar y no fue valorada lo suficiente; eso le dolía, le llegaba al fondo de las heridas que todos los días le marcaban a fuego su destino. Ella sabía que podría superar la angustia de los días intentando dejar atrás sus primeros propósitos para obedecer a las metas nuevas. El camino la llevaba sola... y su figura parecía niebla gris entre las nubes.