La vida invisible

20
viernes,
de

 


Desde el extremo izquierdo del patio, la bordadora incansable las miraba, parecía estar demasiado ocupada en su labor. Apenas levantaba la vista. Se acercó la niña mulata y trajo unas galletas. Tenía los ojos azules como el cielo.
--La quietud se agranda en las casas vacías --dijo Felicitas al oír el rumor de las hojas que traía el viento de ese caluroso verano.
--La quietud es una penumbra dentro del alma --agregó Albina y miró ese hueco, igual que si estuviera rezándole a las nostalgias de un pasado escondido e injusto.
--¿Quién es la mujer que está sentada en el fondo?
--¿Doña Finita?
--Bueno... No sé su nombre, por eso se lo pregunto. La veo rara, dice cosas incoherentes. El otro día me confundió con Coco Chanel. ¿Se da cuenta?
--¿Y quién es esa tal Coco?
--Una modista famosa que vive en Francia.
Albina, ignorando el tema, no le dio importancia.
--No sé --respondió.
--¡Se lo estoy contando! --agregó Felicitas, y levantó la voz.
Es que Albina la sacaba de su eje al no darle importancia a sus conversaciones. La hacía sentir invisible.
(fragmento)