Inmortalidad





En la pared la imagen de Jesucristo con un ropón morado y una naveta en sus manos.
Baldomero Josuán permanecía postrado hacía dos meses en su cama de hospital. Su figura se debatía con rudeza y movilizaba sus coyunturas de una manera desleal y autárquica. La parálisis que afectaba a un lado de su cuerpo era casi total y la falta de sensibilidad (hemianestesia) lo transformaba en un moribundo. Además sufría anemia falciforme por lo que no tenía fuerzas para combatir el mal. Era demasiado evidente la presencia de ese destino que podía determinar su partida ante la acechanza de una enfermedad sin precio.

Matizaba las horas con plegarias eternas frente a la majestuosidad de un rey que lo observaba desde su cuevecilla celeste.
La manta de pelo le tapaba la punta de la nariz y los ojos ya no tenían conexión con los gestos. Baldomero Josuán estaba muy grave.
En su memoria aparecían secuencias pasadas: la escuela de niñas, el pastor José, el cangrejo azul de su colección de crustáceos, la malva para su medicina diaria… Su cerebro se esforzaba por recrear la estampa de alguien que amaba pero al segundo de lograr el rumbo todo se malograba. Necesitaba la custodia de aquel maestro, su doctrina de coloso caballero vencedor de dictaduras y mensajero de profecías.

Su cabeza llena de espejismos recorría murallas de una Babilonia perdida por los siglos; sabía de sepulcros y de templos; conocía a príncipes sarracenos pero la visión del magistrado de la vida se esfumaba en una calesa oscura que arrastraba un caballo blanco.
Una tarde ya no pudo recorrer el inventario: estaba a punto de morir. Su porte de milord, castigado por la metralla de una afección mezquina, lo arrastraba al milenario mundo de las sombras y lo abandonaba en su criadero de insectos, caimanes, erizos, niguas y mamíferos rumiantes  camélidos de ojos grandes y de cuello largo.

Las artimañas de la medicina resultaban inútiles para los facultativos que, ante el pesimismo reinante, lo dejaron solo.
Baldomero Josuán sintió una puntada que penetró en su esqueleto y levantó los párpados: sufría hemianopsia; apenas podía ver el sacrificio incruento de un sacerdote que ofrecía al Altísimo el pan ázimo que los curas consagraban en la misa. Recitó el salmo cincuenta y, bajo la comunicación directa del alma con el éxtasis, lo miró fijo.

Era el apóstol Pedro quien, desde una ojiva morisca, extendió las manos heridas por las puntas que hincaban sus huesos y derramaban la sangre en una dinastía de seres ávidos de poder. Había sido sometido al suplicio en el circo de Nerón en el año 67, ejecutado cabeza abajo ya que no se sentía digno de morir en la posición del Señor.
Baldomero sonrió; por fin había logrado el propósito de ver y despedirse del misionero del altar pero la clemencia sobrepasaba los límites y la hermandad afloraba en lazos de visible ingenuidad.

El hombre movió las cuerdas de su reloj de gatillo antiguo y se refugió en la solemnidad de las capillas de los llanos pobres; en las catedrales, como mozo que servía de criado; en los escenarios de las aldeas pobladas de indios libres en busca de legados. Prelado en Galilea, vistió su túnica morada y fue penitente en las procesiones de Semana Santa.
“Anima me illi vivet: quaerite dominum, et vivet anima vestra.”*
Baldomero Josuán, al día siguiente, subió la colina de los espejos dorados con ciento cincuenta años sobre sus espaldas; allí, Matusalén-patriarca antediluviano del génesis-lo esperaba con el bisabuelo Adán, el abuelo Set y su padre Henoch…



                                                                          Luján Fraix




*Mi alma vivirá en Él; amad al Señor, y vuestra alma vivirá.



Publicado en el libro------------Molinos de Viento (cuentos, 2002)


GRACIAS VIVIANA RIVERO (escritora)

GRACIAS VIVIANA RIVERO (escritora)

No lo puedo creer. La prestigiosa escritora argentina VIVIANA RIVERO me ha dejado este mensaje. Un verdadero regalo de Navidad. Gracias Viviana.





Hola Lujan! Querida colega! Que lindo es escribir pero que difícil es este camino en sus comienzos. Yo golpee muchas puertas al comienzo de las editoriales grandes. Jamás me recibieron los libros nunca me los leyeron. Entonces decidí publicar con una editorial chiquita ( que me cobro muy caro!! Ya debes saber cono es esto) y esa ediciòn se vendió mucho, se agotó en pocos dias. Hicimos seis ediciones más y entonces recién allí las editoriales grandes que me habían dicho que no, me escribieron para que vaya con ellas.


Lujan sigue adelante lo que dicta tu corazón que nada detenga tus sueños. Y estate atenta a las oportunidades ...Dios siempre abre puertas.

Te mando un beso grande



Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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Que su autora este orgullosa de su obra. Todo llega, muy lento pero llega y cuando eso pasa, debería ser el día mas feliz de nuestras vidas pero: los celos, la envidia, el dinero, acomodos y tantas cosas muchas veces, opacan las obras y a los artistas. Es una lucha permanente, quijotesca, todos los días. Como entiendo esto! Abrazo y fuerza!...

GRACIAS!!!

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Siempre le angustió crecer, el tic tac del tiempo...

"El secreto de la serenidad es aceptar lo inevitable y aprender a caminar en medio de la tormenta."

Ella hablaba sentada a la orilla del crepúsculo sobre el amor de su vida, el hombre que la sostenía... mientras seguían pasando cosas.

La casa como un barco a la deriva era su refugio. El sol dibujaba las horas en el silencio de la calle y escribía un libro cuyas páginas eran bellos tulipanes. Parada en medio de la vida, una mujer que lo tenía todo para ser feliz, se quedó como una niña huérfana esperando la ternura, el abrigo, con un reloj detenido en las manos.

---De El silencioso grito de Manuela.

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