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sábado, 19 de febrero de 2022

Grito de mujer, locura de amor


 Aquella Manuela que conocí no me miraba, no se daba cuenta de que yo la observaba como quien ve un lienzo empolvado por los años. Ella era distante, inalterable, sosegada... Llevaba sus angelicales procesiones dentro del alma como un nudo de llanto. Era la madre que sabía hablarle a los muros, a la sombra asilada en su piel, a los retratos. 

Eternamente Manuela.

 Yo era una más que llegaba para irme rápido detrás del anochecer.


🌷EL SILENCIOSO GRITO DE MANUELA
Manuela, una mujer real.

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Escribí esta novela entre 2006 y 2008 y me inspiré en una mujer real como casi todos los personajes de mis historias.

Recuerdo que solía, como ahora, escribir capítulos en el blog y la gente entraba a comentar. Se enojaban con el personaje de MANUELA, opinaban que necesitaba ayuda, la asistencia médica de un psicólogo, etc. Yo me reía y les decía que si bien era una persona real, yo misma le había agregado cierto dramatismo a la novela.

Fue una etapa muy enriquecedora que me llenó el alma de diversas opiniones y de intercambio, algo fundamental para quien escribe: la opinión del lector, que no suelo encontrar en algunos medios demasiados fríos.

Sueño con llegar a ese sitial; sin embargo, me conformo con escribir porque para mí es una necesidad vital.

Me gusta ahondar en la parte interna de esas personas que nos acompañan día a día con sus alegrías, fracasos, dudas, sueños y también miedos. Esos temores que a veces ahogan, que no dejan vivir en paz, que es mejor silenciar... Y es allí cuando terminamos enfermándonos... Nos enojamos con la vida y el destino, nos encasillamos, para no ver aquello que nos atormenta.

Manuela no supo o no pudo llevar a sus hijas por un camino feliz porque ella no tenía claro cuál era el sendero apropiado; se equivocaba en todo porque el miedo la paralizaba, no le permitía crecer ni tomar decisiones, dejaba en manos de otros sus propios compromisos y obligaciones. Así era, así la recuerdo...

La quiero porque demostraba su orfandad, su dulzura de niña, sus pasos silenciosos... Nunca levantaba la voz, nunca un reto... solamente rezaba.

Su grito de mujer era una muerte súbita, una locura de amor.