La soledad interior


La soledad interior puede despertar paulatinamente con los años y llegar cargada de cadenas, creando su propia identidad a través de nuestras vivencias para atraparnos con su fuego y con su aire. Es una rival astuta, sumisa y bravía, que tiene, en su paradigma, la última palabra. Intenta escuchar gritos frente a un huracán de silencios, temblores de pasos en cuartos desiertos, cuerdas rotas de violines…, pero jamás se inmuta. Es el choque inesperado entre dos fuerzas combatientes que se esfuma por los recodos áridos y por la endeblez de las sílabas: la soledad y la búsqueda del equilibrio frente al hueco existencial que parece eterno, poblado de fantasmas, pretérito y detenido.

Entre los espacios vedados, habita su miseria presa por el hálito que envuelve la libertad en sus propias redes. Vuelve la insidia de los minutos a caminar los pasos de las ausencias, entregados a ecos difusos que buscan la resurrección de la alegría.

La soledad no entiende de la fugacidad del tiempo y de nuestra lacerante sensación de desconsuelo frente a la intemperie peligrosa e irreverente. Podemos mendigar cariño con la rebelión de un ciego, pero también sabemos que no existen trampas para atrapar el afecto.

El vacío contundente y arbitrario, ése que llevamos como una sombra en el latir de nuestro cuerpo frente al espejo de un presente ilusorio, nos transporta en sus rieles infinitos a esperar las risas que se pierden detrás del frío de las miradas, de la vigilia y del vuelo de las lágrimas, nos lleva a ver pasar la vida en los demás y el vértigo en otros ojos, a ser niños nuevamente.

Ella, la moradora sediciosa, se inventa día a día para permanecer, vive con nuestros secretos, no sabe de palabras religiosas y de ruegos porque no posee historia ni aprendizaje; se nutre de nuestra savia e invade los contornos con la frivolidad de su sosiego. No conoce la batalla del alma.
La soledad interior nos adopta para siempre…

ENSAYO--------------Luján Fraix-2010

                                                                                                                                                "Es excelente su microensayo, pletórico de ideas y de lujoso vocabulario; tiene, además, una alta cuota de lo que debe abundar en el ensayo: belleza y poesía.

Prof. Raúl Rossi

Conservatorio-Literario de Rosario. "Fieles custodios del idioma". (Rosario-Santa Fe-Argentina.

Vestida de terciopelos, con mangas amplias, doña Emma se sintió envuelta como en una brisa, por un murmullo de palabras. Dejó en el armario sus papeles de dibujo y bordado y revivió un poco el fuego antes de partir hacia la iglesia.

‒El auto está listo‒dijo Jeremías.

Cuánta era su tristeza los domingos por la tarde. Hundida en un extraño sopor, escuchaba el revuelo de las hojas. Por los tejados se deslizaban los gatos que buscaban el último rayo de sol. El viento, en la carretera, arrastraba nubes de polvo. En la llanura ladraba a veces algún perro vagabundo y las campanadas proseguían con su repique que se perdía en la soledad del campo.

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